Apostolado

1. El apostolado laico es una verdadera vocación. Es una vocación de sacrificio de sí mismo para extender el Reino de Cristo. Quienes deben ir adelante son los jefes.

2. El apostolado se hace en un abrazo; no a la distancia. Apostolado sin bondad no es apostolado. Hacerlo con misericordia y ternura. La bondad es comprensión del problema interno de cada alma.

3. El hombre que conserva la virtud del entusiasmo, despierta a su alrededor la simpatía; incita a los que dudan y hace caer las barreras; nada le resiste y su valor se acrecienta con las repetidas victorias. Si se marcha más despacio que los acontecimientos, si se ven las cosas más chicas de lo que son; si se prescinde de los medios indispensables, se fracasa. … No puede sernos indiferente fracasar, porque mi fracaso lo es para la Iglesia y para la humanidad.

4. Ser testigo de Cristo significa respetar la persona y las intenciones de mi prójimo. Jamás poner mi lengua en su fama. No gozarme en comentar sus defectos, ni menos en sospechar sus intenciones. Ser testigo de Cristo significa tratar con inmenso respeto a cada hombre en quien veo mi igual, mi hermano, otro Cristo.

5. (A los apóstoles) nada los detiene: ni el menosprecio de los grandes, ni la oposición sistemática de los poderosos, ni la pobreza, ni la enfermedad, ni las burlas. ¡Aman y eso les basta! Tienen fe, esperan. En medio de sus dolores, son los felices del mundo. Su corazón dilatado hasta el infinito se alimenta de Dios. Son la Iglesia naciente entre nosotros.

6. ¡No con discursos que no cuesta nada pronunciarlos, ni con reuniones que no cambian nada nuestras vidas, sino con la demostración palmaria del amor! La Iglesia necesita, no demostradores, sino testigos… testigos de su amor.

7. El testigo de la fe estará arraigado en Dios y dirigido hacia Dios. Podrán venir fuertes vendavales que sacudirán el tronco, harán gemir sus ramas, pero, pasada la tormenta, sus raíces se habrán arraigado más en la tierra, su copa se dirigirá más atrevida al cielo, sus hojas estarán más limpias y brillantes. En cambio, esos árboles que no están firmemente arraigados en la fe, al primer ventarrón son derribados y sólo sirven para el fuego.

8. Testigos. Esos son los que el hombre acepta. Hoy sólo se cree al testimonio vivo de la vida. Al testimonio amoroso del amor. Al testimonio de la fortaleza. Al testimonio lleno de optimismo de la esperanza. Un triple testimonio se nos pide de lo que constituye la esencia del cristianismo: testimonio de fe, de caridad, de esperanza.

9. De los apóstoles depende que la guerra al pecado sea dirigida con intensidad y que si hoy hay vicio, mañana reine la virtud. Que los jóvenes que hoy se agotan en la impureza, renazcan a una vida digna. Que los hogares desunidos vuelvan a unirse, que los ricos traten con justicia y caridad a los pobres.

10. Lo que no sepa Juanito no lo sabrá nunca Juan… por eso desde pequeños: darles catequesis.

11. Quiere tener acciones en su Cuerpo Místico que no tuvo en su cuerpo mortal. Quiere ser soldado, aviador, madre, universitario, envejecer, enfermar de cáncer, ser andinista, enseñar un hijo… ¿Cómo? En nosotros y por nosotros, que vivimos su vida obrando bajo un impulso: Haciendo nuestra obra como suya, como Él la habría hecho en nuestro lugar.

12. Gracias, Señor, tú has querido callar para que yo hablara por ti, o mejor tú en mí y para mí ¡Si Tú sólo hubieras hablado, qué pobre habría sido mi papel! En todos los fieles hablas tú… y no quiero negarme a ser tu voz, tanto cuanto la quieras emplear y por más dificultades que se presenten. Toma, Señor, mi garganta, mi vida. ¡Habla Señor!

13.  ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ante cada problema, ante los grandes de la tierra, ante los problemas políticos de nuestro tiempo, ante los pobres, ante sus dolores y miserias, ante la defección de colaboradores, ante la escasez de operarios, ante la insuficiencia de nuestras obras ¿Qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?

14. Ningún problema humano en el fondo me puede ser extraño. Que nuestra fe no nos adormezca.

15. La intensidad de la vida interior, lejos de excluir la actividad social la hace más urgente…. La meditación, la oración, la educación deberían mantenernos con los ojos siempre abiertos al dolor humano, con el corazón adolorido por sus sufrimientos.

16. Los jóvenes tienen la misión de transformar el mundo entero y hacer presente el Reino de Cristo. Penetrar en las oficinas donde trabajan muchos empleados, en las fábricas donde trabajan obreros, en los liceos fiscales, en las universidades, para organizar allí grupos de intensa vida cristiana que sean el fermento sobrenatural de toda esa masa.

17. Trabajo de evangelización de los conventillos, las misiones populares en barrios abandonados, la predicación del catecismo al aire libre, la colaboración con el párroco en la extensión del culto a los rincones más alejados de su parroquia. Una obra que reclama especialmente a los jóvenes católicos es la formación de la juventud obrera dentro de los principios de la vida cristiana.

18. La Acción Católica persigue nada menos que una transformación completa de los individuos y del ambiente inspirándose en el Espíritu de Jesucristo.

19. Podemos multiplicarnos cuanto queramos, pero no podemos dar abasto a tanta obra de caridad. No tenemos bastante pan para todos los pobres, ni bastantes vestidos para los cesantes, ni bastante tiempo para todas las diligencias que hay que hacer. Nuestra misericordia no basta, porque este mundo está basado sobre la injusticia. Nos damos cuenta, poco a poco, que nuestro mundo necesita ser rehecho, que nuestra sociedad materialista no tiene vigor bastante para levantarse, que las conciencias han perdido el sentido del deber.

20. ¿Quiénes van a llevar esa luz (del evangelio)? Ustedes, luz del mundo, sal de la tierra, levadura de la masa. No dejen la responsabilidad solamente a los sacerdotes, idea terriblemente errónea en nuestra mente cristiana. No es cierto que la Iglesia son sólo los obispos y sacerdotes; ¿quién es más cuerpo, la cabeza o el pie? Ambos igualmente, y tienen solidaridad. La Iglesia somos todos, ustedes tanto como el Cardenal de Santiago y el Papa Pío XII, ustedes tienen tanto la responsabilidad.

21. Ha llegado la hora en que nuestra acción económica-social debe cesar de contentarse con repetir consignas generales sacadas de las encíclicas de los Pontífices y proponer soluciones bien estudiadas de aplicación inmediata en el campo económico-social.

22. Hay que tener enorme obstinación. Y no menos adaptabilidad. Hacer una obra grande con medios pequeños, con piedras desiguales, con piedras vivas, redondas, duras, blandas, con los hombres que están cerca de mí, con los genios, que cada día hacen problemas a propósito de todo, los hombres de rutina, que quisieran que todo fuera sobre rieles, los activos, que cada día quieren una obra más, los cansados, que encuentran que se hace demasiado, los salvajes, a quienes no interesa el trabajo en equipo.

23. No basta declamar contra los malos espectáculos, contra los cantos lascivos, contra las lecturas pornográficas sino que hay que ofrecer más bellos espectáculos, cantos más hermosos, lecturas más interesantes.

24. Transformar nuestra vida diaria en apostolado; que nuestro día sea una misa prolongada.

25. Y, no lo olvidemos, queramos o no… Tenemos un destino eterno, y de mí depende que muchos vayan o no vayan. Un alma de apóstol que quiera tener la inmensa labor de transformar espiritualmente esa ciudad en que vivimos.

26. La misión del apóstol se puede comparar a la de aquel hombre que en una ciudad sitiada por el enemigo, y a punto de perecer de sed sus habitantes, se encuentra dueño de la vida o de la muerte de sus habitantes. Él conoce una corriente de aguas subterráneas que puede salvar sus hermanos; es necesario un esfuerzo para ponerla a descubierto. Si él se rehúsa a ese esfuerzo perecerán sus compañeros ¿Se negará al sacrificio?

27. Todos: transformar nuestra vida diaria en apostolado; que nuestro día sea una misa prolongada.

 

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