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Peligros del apego a la riqueza

1. Jesús fue el gran predicador de los abusos de las riquezas y nadie como Él nos ha puesto en guardia contra los peligros del dinero. ¡Ay de vosotros ricos que ya tuvisteis vuestra recompensa!

2. ¿Por qué la riqueza no suele figurar al lado de Jesús? ¿Por qué Jesús nos pone tan en guardia contra la riqueza? Es un hecho que el dinero ejerce una extraña seducción, y ante el deseo de poseerlo, se sacrifican muchos principios.

3. La riqueza tiene el gran peligro de endurecer a quien la posee: vive rodeado de dolor y con frecuencia parece no verlo. Si lo ve, no lo comprende. Y si lo comprende, se niega a remediarlo por razones que no se comprenden o… por la sencilla razón de seguir incrementando bienes.

4. La riqueza suele traer orgullo a la vida. Cuando se tiene fortuna se recibe adulaciones… Eso engendra vanidad. El rico no está acostumbrado a ser contrariado. Todos se inclinan ante él. Sus órdenes son al punto ejecutadas y eso engendra orgullo…

5. El rico es independiente: ambas palabras han pasado a ser sinónimas; el rico no depende (depende menos) de los demás, y tiende a actuar como si no dependiera tampoco de Dios. Sus propios medios le proporcionan lo que el pobre ha de pedir a Dios en su humilde plegaria de cada día.

6. El rico tiende a hacerse sensible, demasiado sensible al dolor físico, su vida suele ser más regalada, y de ahí que la pereza, la inacción sean con frecuencia el patrimonio de los hijos de ricos que dilapidan rápidamente lo que con tanto afán reunieron sus padres.

7. El rico suele también ser más sensible al dolor moral, a la crítica, al desaire, porque se cree con mayor derecho a la estimación de todos, y tiene más tiempo para vivir dentro de sí mismo.

8. La propiedad es derecho natural, lo que quiere decir que todos están llamados a ser propietarios y que el régimen jurídico ha de ser tal que sea fácil a los hombres llegar a la propiedad.

9. El plan de Dios sobre la distribución de los bienes no es que éstos estén en manos de pocos, sino a ser posible en las manos de todos.

10. Hay dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan.

11. Riqueza y sencillez; riqueza y modestia, son el verdadero sello de las almas nobles, que no miden su grandeza por la exhibición de tesoros comprados, sino por las cualidades de su espíritu, el refinamiento de sus virtudes y su cultura.

12. Ojalá que todo el que posee fortuna se recogiera con frecuencia a hacer esta sencilla reflexión: ¿Qué pensaría yo si me encontrara un día sirviente, inquilino, trabajador, de un patrón igual a mí? ¿Qué bulliría en mi mente? ¿Qué aspiraciones querría ver satisfechas?

13. Servirse de las riquezas y no servirlas.

14. Hay delitos económicos que son más graves que los homicidios porque son más conscientes y son la causa no de una, sino de muchas muertes y de la corrupción…

 

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Evangelio

1. Al comparar el Evangelio con la vida de la mayor parte de nosotros los cristianos, se siente un malestar… La mayor parte de nosotros ha olvidado que somos la sal de la tierra, la luz sobre el candil, la levadura de la masa…

2. El soplo del Espíritu no anima a muchos cristianos; un espíritu de mediocridad nos consume.

3. Hay entre nosotros activos y más que activos, más aún, agitados, pero las causas que nos consumen no son las del cristianismo.

4. Procedamos más según el Evangelio, sin tanta complicación.

5. El Evangelio es sencillo, sustancioso, de una universalidad y flexibilidad tal, que se puede aplicar en todo momento, en todas las situaciones y con todo acierto.

6. De esta fuente primaria hemos de sacar más nuestra conciencia y nuestra convicción, no tanto de aguas filtradas sin sabor y sin fuerza.

7. Después de mirar… lo que uno encuentra en torno a sí, tomo el evangelio, voy a San Pablo y allí encuentro un cristianismo todo fuego, todo vida, conquistador.

8. Un cristianismo verdadero que toma todo el hombre, rectifica toda la vida, agota toda actividad. Es como un río de lava ardiendo, incandescente, que sale del fondo mismo de la religión.

9. Cristo, el Amigo venido de lo alto, vino a evangelizarnos un gran gozo, como lo anunció el Ángel a los pastores. Él nos prometió aliviarnos la carga y hacer brotar en nuestros corazones una fuente de aguas vivas que salta hasta la vida eterna.

10. Su mensaje comienza siempre con palabras de alegría: pax vobis, la paz a vosotros.

11. Su doctrina se resume en un código de felicidad y de alegría increíble: las bienaventuranzas…

12. Bienaventurados, felices seréis… es la frase que se repite antes de cada punto de su programa.

13. Ese programa no son palabras de candidato, sino una vida que Él vivió y que han vivido sus santos, los seres más alegres de la tierra, los únicos seres en quienes la alegría ha sido permanente y honda.

14. Muchos Apóstoles de hoy día fallan por haber partido demasiado pronto, o haberse contentado demasiado luego, con lo que tenían de ciencia, de experiencia, de virtud. Demasiado pronto se sintieron completos.

15. Sacerdotes, indefinidamente fuera de la vida, fuera de lo real, inadaptados o mal comprendidos, repitiendo los mismos clichés, ante una clientela demasiado fácil.

16. La inmensa masa sigue ignorando aún que hay Dios, y que Cristo ha venido… sin que haya quien recuerde a los poderosos, a los superiores, como a los humildes, sus deberes, ni quien señale el camino en los momentos críticos…

17. Erróneo es pensar que el cristianismo es antes que nada una fuerza moral, una filosofía de la vida, una sociología. El cristianismo es antes que todo un credo, un dogma, una aceptación de la revelación divina, aceptación, claro está, que ha de traducirse en vida.

18. Hay quienes quieren un cristianismo trunco: su moral, su concepto de la autoridad, de la propiedad, sus reformas sociales. Pero eso, sin la aceptación íntegra de la fe, de la revelación, no es catolicismo.

19. Un cristianismo sin fuego y sin amor, de gente tranquila, de personas satisfechas, de hombres temerosos, o de los que gozan con mandar y desean ser obedecidos. Un cristianismo así no hace falta: los que tienen consuelo en su interior, abundancia en su hogar, honores en la sociedad, ¿para qué necesitan a Dios?

20. Pero felizmente se encuentran en todas partes grupitos de cristianos que han comprendido el sentido del Evangelio.

21. Nos enseña nuestro dogma que Cristo amó, ama a todos, aún a los más miserables de los pobres, de los pecadores, los desamparados, los abandonados del mundo, los publicanos y salteadores, todos ellos son amados de Cristo y a semejanza de aquel buen ladrón cuando quieren oír la palabra de Cristo se transforman en Santos.

22. Hay gestos cobardes que el Evangelio condena con violencia, los cuales no nos atreveríamos a justificar. Estar de pie en la plaza ociosos, cuando hay tanto trabajo en la viña del Padre. Apartar de Cristo a los pequeñuelos, de los cuales es el Reino de los Cielos….Volver la vista atrás cuando se ha cogido ya el arado, porque denota un corazón dividido, que no quiere decidirse…al seguimiento entero de Cristo.

23. Lleno está todo el Nuevo Testamento de esta idea central: el hombre está en el mundo para reflejar las perfecciones divinas, la pureza, la justicia, la misericordia, la bondad, la fortaleza, la eternidad, la santidad de Dios.

24. La humanidad evoluciona, evoluciona, evoluciona… condiciones nuevas de vida que nos desequilibran, y parece que el mundo va a perecer. ¿Queremos una solución? Vamos al Evangelio, a las palabras de Jesús y allí está todo previsto…

25. Nuestra vida es grande a la luz del Evangelio, nada es pequeño en ella, nada insignificante, porque todo puede ser objeto de la bendición divina y nuestra pequeña limosna puede ser tan grande, con esa bendición, que sea capaz de alimentar el mundo.

 

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Dios

1. Antes del hombre existe un ser, que es por esencia la plenitud del ser, en quien hay toda la belleza que puede ser concebida.

2. En el principio de todo está Dios. Dios que es todo poder y toda bondad. Yo soy la obra de sus manos. Él es el responsable de mi vida. Cuanto hay en mí es su hechura.

3. Si miro atrás en la historia del mundo, antes que el hombre existiera, antes que los astros brillaran, está Él, principio de todo, que ha creado el mundo por amor, por deseos de comunicar al hombre su felicidad, de hacerme feliz a mí, y a mis hermanos los hombres.

4. Miro hacia el futuro y me encuentro también con Él, con Dios que me aguarda, me espera, me tiene preparada una mansión en los cielos.

5. El amor de Dios, de todo se sirve para mi bien. Dios prevalecerá y yo en Él, y esta confianza me alentará hasta la muerte.

6. ¡Todo lo que el amor tiene de bello, de tierno, de perseverante, de paciente está en Él!: el cariño entre padres e hijos, la ternura de los esposos, la intimidad de los amigos, todo está en Él: pues Él es padre, esposo, amigo. Y todo eso persevera en Él, a pesar de nuestras rebeliones y pecados, pues su Amor es infinito y no se cansa. Podrá olvidarse la madre del chiquitín pegado a sus cachetes, ¡pero Él no nos olvidará!

7. ¿Descansamos en el pecho de nuestro Padre Dios, como un hijo que sabe que su Padre lo ama, lo quiere apoyar, consolar, hacer feliz? Dulcemente repitamos esta palabra: ¡Padre nuestro! Sintámonos hijos de Dios.

8. Hombres todos de la tierra, pobres y ricos, Dios nos ama: su amor no ha perecido, pues somos sus hijos. Este grito simple, pero mensaje de esperanza, no ha de helarse jamás en nuestros labios: Dios nos ama. Somos sus hijos… ¡Somos sus hijos!

9. Yo sé que Dios es belleza. Toda la belleza del universo arranca de Él como de su fuente: las flores, los campos, los cielos son bellos porque, como decía San Juan de la Cruz, “pasó por estos sitios sus gracias derramando y con sólo mirarlos, vestidos los dejó de su hermosura”. Y los montes austeros; y el mar que rompe; y la noche estrellada…

10. Dios es belleza y también es bondad. Todos los designios de Dios son designios de bien… En la creación todo es eco de la belleza y de la ternura de Dios.

11. Quien ama la belleza y la busca, la encuentra en todas partes: la naturaleza entera canta para Él. La belleza está repartida por doquiera, pero sólo pertenece a quien sabe descubrirla. Y esa belleza la voy a poseer, no por una hora ni dos, sino por una eternidad.

12. Belleza mayor que la de los rostros más hermosos de la tierra, armonía más perfecta que la que han podido soñar los más grandes artistas, fuerza mayor que la de los momentos más apasionantes del deporte, grandeza mayor que la inmensidad de los mares, paz más intensa que la de las noches estrelladas sobre el desierto nortino.

13. Dios es amor, y esto quiere decir que los bienes y las bellezas que me encantan y me atraen, que provocan en mí ese entusiasmo y alegría al contemplarlos, Dios los ha creado sin empobrecerse.

14. Todas esas bellezas las posee Él en Él mismo: plenitud, riqueza, dulzura, alegría, océano de gozo, armonía indescriptible, suavidad penetrante. Todo lo de aquí no es más que una sombra de esa belleza sublime que está en Dios, que es Dios. ¡Dios es amor!

15. ¡Qué grande es mi vida! Qué plena de sentido. Con muchos rumbos al cielo. Darles a los hombres lo más precioso que hay: Dios. Y dar a Dios lo que más ama, aquello por lo cual dio su Hijo: los hombres.

16. Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es Él.

17. Hay un temor de Dios: el de arrojar una sombra sobre la imagen del Amado. Temor de ofrecer tan poco al que todo se le debe.

18. Dios pudo decir con absoluta verdad: tengo cuerpo, tengo alma, sufro, padezco… Y un hombre que caminaba por las calles y tenía hambre, sed, dolor, podía decir: soy Dios.

19. Aquí está la verdadera grandeza de Dios, la suprema ambición que puede tener un hombre: llegar a ser como Dios. Dios, porque la gracia diviniza, y si la gracia no encuentra obstáculos, a qué profundidad penetra, a qué altura se eleva.

20. Las prohibiciones entristecen. Dios quiere ser amado; y el amor es espontáneo: ¡es obra de la generosidad! Dios quiere un don total: y el don de la imposición (como en los impuestos) es el mínimo.

21. Dios me ha hecho participante de su naturaleza y esto es por un amor de predilección entre las infinitas criaturas posibles, por un amor eterno que no ha comenzado al darme la vida, sino que existía desde que Dios es Dios.

22. La palabra “Padre” respecto a Dios no es alegoría. Es una realidad muy superior a la paternidad humana. ¿Lo hemos pensado? ¿Agotamos esta idea? ¿Descansamos en el pecho de nuestro Padre, como un hijo a quien un padre consuela, apoya, ayuda, ama?

23. ¡Todo dependiendo de Dios! Por tanto la adoración es la consecuencia más lógica, la manifestación de mi dependencia total.

24. El fin de mi vida es Dios y nada más que Dios, y ser feliz en Dios. Para este fin me dio inteligencia y voluntad, y sobre todo libertad (la inteligencia y la voluntad sin libertad serían cosa inútil).

25. ¡Qué grande respeto de Dios conmigo! Me pide, no me obliga. Aún me admitiría en el cielo, a pesar de mi desvío.

26. Dios que ha sido la primera palabra, será la última. A quien pierde todo lo humano, Dios le queda todavía pero, ¿qué puede quedarle a quien pierde a Dios? “Perderlo es perecer… ¿Qué te puede satisfacer si no te satisface Dios?”

27. Todos los movimientos de Dios comienzan valiéndose de seres pequeños e insignificantes. Ha habido momentos formidables en la historia del mundo… sirviéndose Dios para ello de pobres instrumentos humanos: (por ejemplo) la conversión del mundo pagano por los apóstoles.

28. Dios, en la persona de su Hijo hecho hombre, nos asimila, nos transforma en Él, nos permite participar de su vida. Esta vida la recibimos en semilla, la flor vendrá el día de nuestra resurrección, participando de la resurrección de Cristo.

29. A la vista de la creación, Dios piensa siempre en su Hijo: Dios no ve al mundo sino a través de Cristo.

30. Origen del hombre: Dios. ¡Todo de Él! ¿Su fin? El mismo Dios.

31. ¿Qué ha hecho Jesús para fortalecer el corazón humano? Lo ha atado a Sí, como los antiguos galos que se ataban unos a otros para defenderse mejor, y juntos vencer al enemigo. La Comunión, íntima penetración del hombre con Dios. Nada, un poder santificador mayor que Jesús en persona; arrojar las raíces de la propia, pequeña vida humana, en la vida divina.

32. Dios ha venido a buscar no la humanidad en general, la masa humana… a mí, en particular, a mí, y si yo solo existiera en el mundo, dicen los teólogos que por mí habría bajado el Dios del cielo.

33. Él y sólo Él recibe los pecadores, el mundo los enfanga.

34. La Providencia no se ha comprometido a reparar todos los defectos del hombre: enrielar un tren que corre demasiado a prisa, sostener una escalera demasiado llena de gente… No es una compañía de seguros. La Providencia deja obrar las causas segundas. Pero eso sí, todo lo que suceda a una persona que se fía en manos de Dios contribuirá a su bien, al gran bien, al supremo bien moral de su vida.

35. ¿Estás contento de mí, Señor? ¿Qué más me pides? ¿Qué harías tú el día de hoy… en tal y cuál circunstancia?… Dame fuerzas, Señor.

 

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