Comprometerse en lo temporal

Carta del Padre Hurtado a Rebeca de Franke, una colaboradora, desde París, 9 de diciembre de 1947.

Gracias a Dios que termina un año más de vida bien empleada, puede usted decirle al Señor con toda sinceridad y humildad. Ha sido gracia de Él llamarla a su servicio, como la llamó a la vida, pero no sería honrado si no reconociera esta gracia. Al mirar para atrás el camino recorrido, no sólo insista en las deficiencias e imperfecciones, sino también en lo que Él le ha permitido hacer, y en el motivo al cual ha consagrado su vida: buscarlo a Él en sus prójimos, servirlo y amarlo en los demás comenzando por su hijita, el recuerdo siempre querido de su esposo, su familia, y luego sus pobres, aquellos en los cuales la fe nos lo muestra siempre presente.

Mientras más pienso en esta pobre Europa después de la guerra, amargada, empobreci­da, desalentada para el trabajo, al menos en algunos países, más claramente veo nuestra misión de católicos: Dar testimonio de Cristo en este mundo triste, testimonio de nuestra alegría que se funda en nuestra fe en Él, en la bondad del Padre de los cielos; testimonio de una inquebrantable esperanza y de una honda caridad. Esto y nada más: pero es bastante para salvar el mundo. Estoy leyendo una hermosa Carta pastoral del Cardenal de París: Auge o caída de la Iglesia, y su lección, repetida hasta el cansancio, es que el católico tiene la misión de “encarnarse, comprometerse en lo temporal para dar testimonio de Cristo”. Estas palabras uno las oye ahora repetidas hasta el cansancio: son el programa para los tiempos actuales.

Felizmente, la obra en que usted está empeñada, a eso tiende. Le digo esto para invitarla a mirar aun desde un punto de vista no sólo inmediatamente humanitario, sino bajo el punto de vista del sentir íntimo de la Iglesia, esta obra que responde tanto a lo que el mundo necesita. Por eso, a pesar de las dificultades, cansancios, repugnancias, pequeñez propia, ¡adelante, con la gracia de Dios!

Me parece muy bien lo que están haciendo para hacer agradable el Hogar: mientras más atrayente, mejor. Ojalá que todo esto lleve a los obreros a un sentimiento cada vez más hondo del respeto que se deben a sí mismos, al ver el respeto con que se les trata.

Saludos a su familia.

Alberto Hurtado C. S.J.

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