Familia, pueblos originarios, y el Padre Hurtado

Octubre es un mes que nos pone frente a diversas realidades, todas muy importantes para nosotros. La familia, que nos marca para bien o para mal…, nuestros pueblos originarios con los que tenemos una deuda pendiente y un nuevo aniversario de la canonización del Padre Hurtado que nos invita a recordar su mensaje.

Durante los primeros días del mes, la Iglesia nos está invitando a considerar nuestra vida familiar, y reconocer lo esencial que es para cada uno de nosotros. Todos nacimos en el seno de una familia. Mucho de lo que somos hoy es herencia, es recibido de ese núcleo que nos acogió. Puede que para algunos o algunas, los recuerdos no sean del todo buenos y carguen con heridas de diversa índole, pero eso, solo confirma la centralidad de ese espacio, pues marca para bien o para mal. Y como decía, no seríamos lo que somos sin esa historia concreta que vivimos al interior de nuestras familias. Entonces, más debemos atenderla, mirarla, valorar o enmendar, dependiendo de lo que estemos viviendo.

Hablar de familia nos hace pensar en los matrimonios, en los que han sido capaces de vivir en fidelidad la promesa empeñada, y en los que, por diversos motivos, han sufrido el dolor de la fractura, del quiebre y la separación. También nos trae a la mente, aquellas uniones de hecho, las que no están refrendadas ni por la ley civil ni eclesial. Aquellas de los separados vueltos a casar o de los que se mantienen separados. Nos hace pensar en aquellos que buscan que su unión sea reconocida no solo por lo civil, sino también por la Iglesia, las uniones de personas homosexuales. Pensamos en los adultos, niños, jóvenes y ancianos que son parte de cada una de ellas. Pensamos en las familias con hijos, sin hijos y con hijos adoptados.

Esta diversidad que debemos tener en cuenta al hablar de familia, nos hace desear que como Iglesia seamos capaces de una verdadera misericordia con cada una de estas realidades. Misericordia para afianzar, acompañar, acoger, reconocer y valorar. Afianzar a quienes caminan en fidelidad a pesar de todas las dificultades. Acompañar a quienes pasan por el dolor del quiebre y de la separación. Acoger a quienes se han vuelto a unir. Abrazar a quienes Dios ya abraza como hijos e hijas, y que sin importar cuál sea su condición, quieren que su amor sea bendecido formalmente. Valorar cada realidad familiar como tal.

Octubre también nos trae a la mente, y ojalá al corazón, la situación de los pueblos originarios. Más allá de quién descubrió a quién, está el reconocer la verdad y valor de cada cultura, de cada pueblo, de cada nación. En Chile tenemos una inmensa deuda. Tenemos un conflicto vivo y en desarrollo con el pueblo mapuche. Es una historia de años, y será de muchos años el camino que nos lleve a un verdadero diálogo y paz. Lo esencial para que ello se produzca es la capacidad de escucharnos, pues no es algo sencillo de entender y no es algo sencillo de solucionar. Pequeños pasos y grandes gestos son parte de este camino. Pido que como país tengamos la voluntad de interesarnos, de no mirar de lejos. Que seamos capaces de enfrentar y corregir las conclusiones fáciles que hacemos, que encasillan, que caricaturizan y que no reflejan la dignidad que cada uno y todos se merecen. Esto no se trata solo de quema de camiones, de iglesias o de casas, se trata de dar a cada uno el respeto que merece, se trata de pedir perdón, se trata de reconocer al otro como igual.

Y octubre nos vuelve a poner delante de un gran momento para el país y para la Iglesia: la canonización del Padre Alberto Hurtado cuya “vida, fue un regalo divino, una historia que hizo de este Chile un hogar”. En este mes se cumplen 12 años de este bello acontecimiento. Bello, pues nos hizo encontrarnos con la hondura de una vida entregada, ofrecida por el bien de tantos, y bello, pues nos hizo sentirnos hermanos y hermanas, en comunión con un hermoso sueño: que Chile fuera un hogar para todos y todas. Ojalá, nunca renunciemos a este sueño y sigamos trabajando por alcanzarlo. Será la mejor ofrenda a quien, como bien dice Gabriela Mistral, “será un desvelado y un afligido mientras nosotros no paguemos las deudas contraídas con el pueblo chileno, viejo acreedor silencioso y paciente”.

No nos perdamos nada de la riqueza de este mes.

Jorge Muñoz A., SJ

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