Ficha del Padre Hurtado en el Colegio San Ignacio

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El Padre Hurtado:
En el Colegio San Ignacio

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01

Reseña de su vida

• Nació en Viña del Mar el 22 de enero de 1901.

• Estudió en el colegio San Ignacio. Se recibió de abogado en 1923, después de haberse formado para ello en la Universidad Católica.

• El 14 de agosto de este mismo año ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús, en Chillán. Continuó su formación de jesuita en Córdova (Argentina), Barcelona (España) y Lovaina (Bélgica). Aquí obtuvo un doctorado en Pedagogía y Psicología. Fue ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1933.

• Regresó a Chile en 1936, dedicándose al ministerio de la enseñanza en el Colegio San Ignacio, en la Universidad Católica y en el Seminario de Santiago.

• Además fue nombrado asesor nacional de la juventud de la Acción Católica, cargo que ejerció hasta 1944.

• Construyó una casa de formación para jesuitas y una casa para Ejercicios Espirituales en la localidad que hoy se llama Padre Hurtado.

• Desde 1944 se dedicó prioritariamente a servir a los más marginados de la sociedad, fundando el Hogar de Cristo (1944) y la Asociación Sindical Chilena (Asich) (1947).

• Publicó varios libros, entre los cuales destacan ¿Es Chile un país católico? (1941) y Humanismo Social (1947).

• En 1951 creó la revista “Mensaje”.

• Murió en Santiago el 18 de agosto de 1952, siendo enterrado al lado de la parroquia Jesús Obrero, donde hoy se encuentra el Santuario en el que se le venera.

• El Papa Juan Pablo II lo beatificó el 16 de octubre de 1994 y fue canonizado por el Papa Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005. El 18 de agosto se celebra el Día Nacional de la Solidaridad, en reconocimiento a su palabra y a su labor como estímulo para seguir su ejemplo.

02

San Alberto Hurtado en el Colegio San Ignacio

Alberto Hurtado ingresó en el Colegio San Ignacio en 1909, a la clase de “Elemental Inferior”. Allí estudió hasta Sexto Año de Humanidades, último curso de educación secundaria, en 1917.

Sus compañeros lo recordaban como un joven alegre, servicial, querido por todos. Entre sus amigos de entonces hay que destacar a Manuel Larrain Errázuriz, futuro obispo de Talca, con quien mantuvo mucha cercanía hasta el fin de sus
días; Luis Fernández Solar, hermano de Santa Teresa de Los Andes; y Germán Domínguez, futuro Alcalde de Santiago.

Cuando cursaba Cuarto Año de Humanidades, en 1915, conoció al P. Fernando Vives, S. J., quien desde entonces lo acompañó espiritualmente.

Dejó en él una huella imborrable, porque le ayudó a desarrollar sus talentos, a crecer espiritualmente y a encontrar entusiasmo en el servicio a los pobres. El P. Hurtado llegaría a decir que el P. Vives era la persona a quien debía su sacerdocio y su vocación social.

Su propia experiencia le sirvió para escribir varios años después: “El director espiritual ha de inculcar al joven el pensamiento de que en todos los momentos debe vivir según la voluntad de Dios, y su misión es ayudarlo a que conozca esta voluntad en las diversas circunstancias de la vida… Uno de los medios más importantes de la educación
sobrenatural, casi la base de toda la educación, es infundir en los jóvenes el amor a Jesucristo. El que ha mirado profundamente una vez siquiera los ojos de Jesús no lo olvidará jamás” (Puntos de Educación).

Como alumno del Colegio San Ignacio, Alberto Hurtado fue activo miembro del Apostolado de la Oración, de las Congregaciones Marianas, de la Academia Literaria, y de otras actividades de formación y de servicio.

Mientras era alumno comenzó a servir en el patronato de la parroquia de Andacollo. Esta atendía a unas 40 mil personas, en el barrio Mapocho, que por entonces era muy pobre. Él continuaría trabajando en este patronato durante todo el tiempo de sus estudios universitarios.

Alberto Hurtado volvió al Colegio San Ignacio como sacerdote en 1936. Ese año regresó a Chile después de mucho tiempo de formación religiosa y de haber obtenido el doctorado en educación. Trabajó en el Colegio hasta el año de su muerte, en 1952.

Su forma de enseñar impactó a los jóvenes. Un alumno suyo recordaba muchos años después: “Sobre todo me marcó su extraordinario amor a la persona de Jesucristo. Nunca olvidaré una clase que nos dio en que nos habló de este tema, en
tales términos, que al terminar lloraba no solamente él, sino la casi totalidad de los treinta y tantos muchachos que lo escuchábamos”.

El P. Hurtado pensaba que toda la educación, y en particular las clases de Religión, tenía que servir para poner en contacto personal con el Señor.

Acompañó espiritualmente a una inmensa cantidad de jóvenes. Encontraban en él a un amigo, a un confidente, que parecía tener tiempo sólo para ellos. Les pedía que se preguntaran: “¿Qué quiere el Señor de mí?”, “¿Qué haría Él si
estuviera en mi lugar?”. Los animaba a estar siempre alegremente disponibles a la voluntad de Dios, y a que le dijeran de corazón: “Contento, Señor, contento”.

Los instaba a que fueran idealistas. “Idealismo que significa desinterés, generosidad, sacrificio, amor, pero más ajeno que propio, deseo de dar más que de recibir ” (¿Es Chile un país católico?).

Promovió la integración entre la piedad y el compromiso social. Al mismo tiempo que animaba a dar a Dios un lugar de privilegio en la vida, mediante la oración y la recepción frecuente de los sacramentos, fomentó actividades solidarias en
Velásquez y Buzeta, poblaciones marginales muy pobres de Santiago.

El P. Hurtado entendía que la educación debía servir para que los jóvenes asumieran su responsabilidad en la construcción de una sociedad más justa. Tenían que llegar a sentirse partícipes de la misión de Jesucristo y a conquistar todo el mundo para Él.

Para que todo esto fuera realidad, la familia debía jugar un papel fundamental. Ella misma debía ser escuela de santidad y heroísmo cristiano. Esto suponía “un gran idealismo en el hogar. Si no hay ambiente de idealismo generoso no habrá vida
honesta, porque no habrá fuerza para aceptar los sacrificios que supone la honradez de vida” (Puntos de Educación).

Para conseguir todas estas metas pedagógicas, el P. Hurtado decía que hay que contar con formadores que El maestro “ha de tener un corazón cálido y abierto para sentir todos los pesares y necesidades de los jóvenes, aun sus penas materiales”. “El amor al alumno nos dará confianza en el mismo alumno. Nos hará suponer que siempre tendrá un poco de buena voluntad y de nobleza” (Puntos de Educación).

Por eso es que afirmaba enfáticamente que no cumplen su misión “aquellos establecimientos donde los alumnos no encuentran en el educador al amigo, sino únicamente al profesor que cree haber cumplido su misión enseñándole bien la
ciencia y preparando un examen brillante. Eso no es educar, sino instruir, y lo que valoriza la vida no es la instrucción, sino la educación. Porque después de todo, la instrucción da algo al hombre, pero no lo hace mejor y lo que importa en la vida no es tener algo, sino ser algo” (La vida afectiva en la adolescencia).

Alberto Hurtado murió santamente el 18 de agosto de 1952. Sus funerales se efectuaron en la iglesia del Colegio dos días después. La Misa fue presidida por el Obispo Manuel Larraín Errázuriz, su amigo de siempre, quien dijo que su vida había
sido “una visita de Dios para Chile”.

03

Oración Padre Hurtado

PADRE ALBERTO HURTADO
Apóstol de Jesucristo,
servidor de los pobres,
amigo de los niños
y maestro de juventudes,
bendecimos a nuestro Dios
por tu paso entre nosotros.
Tú supiste amar y servir.
Tú fuiste profeta de la justicia
y refugio de los más desamparados.
Tú construiste con amor
un hogar para acoger a Cristo.
Como un verdadero padre,
tú nos llamas a vivir la fe
comprometida, consecuente y solidaria.
Tú nos guías con entusiasmo
en el seguimiento del Maestro.
Tú nos conduces al Salvador
que nuestro mundo necesita.
Haznos vivir siempre contentos
aun en medio de las dificultades.
Haz que sepamos vencer el egoísmo
y entregar nuestra vida a los hermanos.
PADRE HURTADO,
HIJO DE MARÍA Y DE LA IGLESIA,
AMIGO DE DIOS Y DE LOS HOMBRES,
RUEGA POR TODOS NOSOTROS.
Amén.

04

La educación de la voluntad

El Padre Hurtado señala que “la Escuela Nueva no limita su aporte pedagógico al dominio de la formación intelectual. Se extiende también al dominio de la voluntad. Una idea puesta de relieve es el concepto de disciplina escolar que no es el
silencio ni la inmovilidad del alumno sino una acción ordenada a su fin”. Destacó el aporte positivo que formulaba la Escuela Nueva: el reemplazo de la imposición exterior, la coacción por la fuerza de los motivos, la motivación antes que la mera repetición de acto. Para él, el motivo claramente conocido como orientador de la acción fue uno de los primeros elementos en la formación de la voluntad.

Insiste en que “los dientes intelectuales de toda una generación van perdiendo su rigor por falta de uso, mientras los problemas políticos y sociales están pidiendo una vigorosa masticación. La moralidad también pide disciplina, la belleza moral es rara a pesar del increíble encanto que arrojan los que la poseen y para eso no hay más remedio que exigir a los niños desde la primera edad el cumplimiento de sus deberes, el secreto de la educación es ingresar en lo que tiene de mejor”.

Síntesis de la investigación realizada por Andrés Guzmán y Cecilia Ramírez: El pensamiento educacional del Padre Hurtado en el contexto de las ideas educacionales en Chile durante la primera mitad del siglo XX. Aparecido en el Boletín de Investigación Educacional, Pontificia Universidad Católica de Chile, facultad de Educación , Volumen 17, año 2002, Páginas 15-34.

05

Lo dijo el educador

“La gran escuela del sentido social, de la justicia, de la caridad, es la práctica y ninguna práctica es más provechosa que el trato social de cada día. Más que toneladas de consejos sobre la necesidad del espíritu social, vale una hora de acción social”.

“El más grave de los problemas chilenos en el orden humano es la falta de una verdadera educación. Problema éste más grave que el de la escasez de salario, la lucha de clases, el problema político y aún la misma desorganización de la familia,
porque encierra en sí todos los problemas y los acrecienta”.

“No se han dado cuenta que mientras menos disciplina haya fuera del hombre, más disciplina necesita su interior. Si nosotros no imponemos una disciplina y no la imponemos a nosotros, días llegarán en que otros más crueles lo harán”.

“Hay, pues, que crear el culto de la responsabilidad. Hacer consciente a cada joven y aún a cada niño, que es una persona, que en sus manos hay latente un inmenso poder, para el bien como para el mal… ellos son potenciales de felicidad ajena, de resurrección nacional. ¡Responsabilidad! Es una palabra que los educadores han de predicar en
todos los tonos y en todos los momentos del educando”.

“La formación espiritual en los colegios católicos es sumamente deficiente. Son pocos los colegios donde hay preocupación por dar a los alumnos una dirección espiritual: La mayor parte aspira a los resultados de los exámenes”.

“Los alumnos, al abandonar su escuela, deben ir provistos de un hondo sentido social. No se les puede pedir que sean técnicos en economía, pero sí que estén dispuestos a poner al servicio de sus hermanos y para bien de todos, los conocimientos adquiridos y la influencia que puedan ejercer”.

“Un profesor con profundo sentido social, fácilmente encontrará en su asignatura, cualquiera que ella sea, la materia a propósito para hacer ver la vinculación de unos seres con otros, sus deberes recíprocos, la necesidad de mirar al bien común”.

“De parte de los profesores se requiere un conocimiento realista de los problemas sociales. Ellos están llamados a corregir el egoísmo.”

  • cata Narvaez

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