Frases

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A ratos podemos no contar con el tiempo necesario para leer un texto completo. Pero una simple frase nos puede ayudar e inspirar en nuestra relación con Dios y con los hombres. Acá les dejamos algunas frases del Padre Hurtado, éstas se actualizarán periódicamente.

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Amor

1. Amor sin fronteras, amor que no conoce tiempo, amor que no se detiene ni siquiera ante la injuria o la maldad. Amor universal.

2. Amor real que no sea pura declaración platónica, sino que trata de encarnarse en obras, en servicio, al menos en deseos, en plegarias.

3. Hay… un ser que constituye ese ideal en la plenitud de la palabra. Un ser cuyas notas fundamentales aparecen siempre de actualidad, siempre a propósito para orientar lo que hay de mejor en el hombre, para subrayar sus más bellas cualidades. Este ser es: Jesús. Todo en Él es grande. Todo es perfecto.

4. El amor supone en primer lugar respeto, respeto profundo a la persona del prójimo. Nada despedaza tanto un corazón como la falta de respeto.

5. Que en cada hombre, por más pobre que sea, veamos la imagen de Cristo y la tratemos con ese espíritu de justicia: dándole todos los medios que necesita para una vida digna. Dándole, sobre todo, la confianza, el respeto, la estima de su persona que es lo que el hombre más aprecia.

6. Nuestro Señor Jesucristo, al darnos la señal del verdadero amor, nos dice que es desear para el otro lo que yo deseo para mí: “Ama al prójimo como a ti mismo”.

7. El que ha comprendido la razón última del mandamiento del amor lo traducirá en su vida cotidiana, lo tendrá como una inspiración para cada una de sus acciones.

8. ¿Sabes el nombre de tus alumnos, de tus clientes, de tus empleados? No hay nada que el hombre ame tanto como su nombre, la palabra más importante de la creación.

9. Una amistad se alimenta de respeto y de estima y estas cualidades se echan de ver más en lo pequeño que en lo grande.

10.  El mundo de mañana será de quien más ame.

11. La autoridad es un servicio que ama, y un amor que sirve. El primado de la autoridad es el primado del amor.

 

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Apostolado

1. El apostolado laico es una verdadera vocación. Es una vocación de sacrificio de sí mismo para extender el Reino de Cristo. Quienes deben ir adelante son los jefes.

2. El apostolado se hace en un abrazo; no a la distancia. Apostolado sin bondad no es apostolado. Hacerlo con misericordia y ternura. La bondad es comprensión del problema interno de cada alma.

3. El hombre que conserva la virtud del entusiasmo, despierta a su alrededor la simpatía; incita a los que dudan y hace caer las barreras; nada le resiste y su valor se acrecienta con las repetidas victorias. Si se marcha más despacio que los acontecimientos, si se ven las cosas más chicas de lo que son; si se prescinde de los medios indispensables, se fracasa. … No puede sernos indiferente fracasar, porque mi fracaso lo es para la Iglesia y para la humanidad.

4. Ser testigo de Cristo significa respetar la persona y las intenciones de mi prójimo. Jamás poner mi lengua en su fama. No gozarme en comentar sus defectos, ni menos en sospechar sus intenciones. Ser testigo de Cristo significa tratar con inmenso respeto a cada hombre en quien veo mi igual, mi hermano, otro Cristo.

5. (A los apóstoles) nada los detiene: ni el menosprecio de los grandes, ni la oposición sistemática de los poderosos, ni la pobreza, ni la enfermedad, ni las burlas. ¡Aman y eso les basta! Tienen fe, esperan. En medio de sus dolores, son los felices del mundo. Su corazón dilatado hasta el infinito se alimenta de Dios. Son la Iglesia naciente entre nosotros.

6. ¡No con discursos que no cuesta nada pronunciarlos, ni con reuniones que no cambian nada nuestras vidas, sino con la demostración palmaria del amor! La Iglesia necesita, no demostradores, sino testigos… testigos de su amor.

7. El testigo de la fe estará arraigado en Dios y dirigido hacia Dios. Podrán venir fuertes vendavales que sacudirán el tronco, harán gemir sus ramas, pero, pasada la tormenta, sus raíces se habrán arraigado más en la tierra, su copa se dirigirá más atrevida al cielo, sus hojas estarán más limpias y brillantes. En cambio, esos árboles que no están firmemente arraigados en la fe, al primer ventarrón son derribados y sólo sirven para el fuego.

8. Testigos. Esos son los que el hombre acepta. Hoy sólo se cree al testimonio vivo de la vida. Al testimonio amoroso del amor. Al testimonio de la fortaleza. Al testimonio lleno de optimismo de la esperanza. Un triple testimonio se nos pide de lo que constituye la esencia del cristianismo: testimonio de fe, de caridad, de esperanza.

9. De los apóstoles depende que la guerra al pecado sea dirigida con intensidad y que si hoy hay vicio, mañana reine la virtud. Que los jóvenes que hoy se agotan en la impureza, renazcan a una vida digna. Que los hogares desunidos vuelvan a unirse, que los ricos traten con justicia y caridad a los pobres.

10. Lo que no sepa Juanito no lo sabrá nunca Juan… por eso desde pequeños: darles catequesis.

11. Quiere tener acciones en su Cuerpo Místico que no tuvo en su cuerpo mortal. Quiere ser soldado, aviador, madre, universitario, envejecer, enfermar de cáncer, ser andinista, enseñar un hijo… ¿Cómo? En nosotros y por nosotros, que vivimos su vida obrando bajo un impulso: Haciendo nuestra obra como suya, como Él la habría hecho en nuestro lugar.

12. Gracias, Señor, tú has querido callar para que yo hablara por ti, o mejor tú en mí y para mí ¡Si Tú sólo hubieras hablado, qué pobre habría sido mi papel! En todos los fieles hablas tú… y no quiero negarme a ser tu voz, tanto cuanto la quieras emplear y por más dificultades que se presenten. Toma, Señor, mi garganta, mi vida. ¡Habla Señor!

13.  ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ante cada problema, ante los grandes de la tierra, ante los problemas políticos de nuestro tiempo, ante los pobres, ante sus dolores y miserias, ante la defección de colaboradores, ante la escasez de operarios, ante la insuficiencia de nuestras obras ¿Qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?

14. Ningún problema humano en el fondo me puede ser extraño. Que nuestra fe no nos adormezca.

15. La intensidad de la vida interior, lejos de excluir la actividad social la hace más urgente…. La meditación, la oración, la educación deberían mantenernos con los ojos siempre abiertos al dolor humano, con el corazón adolorido por sus sufrimientos.

16. Los jóvenes tienen la misión de transformar el mundo entero y hacer presente el Reino de Cristo. Penetrar en las oficinas donde trabajan muchos empleados, en las fábricas donde trabajan obreros, en los liceos fiscales, en las universidades, para organizar allí grupos de intensa vida cristiana que sean el fermento sobrenatural de toda esa masa.

17. Trabajo de evangelización de los conventillos, las misiones populares en barrios abandonados, la predicación del catecismo al aire libre, la colaboración con el párroco en la extensión del culto a los rincones más alejados de su parroquia. Una obra que reclama especialmente a los jóvenes católicos es la formación de la juventud obrera dentro de los principios de la vida cristiana.

18. La Acción Católica persigue nada menos que una transformación completa de los individuos y del ambiente inspirándose en el Espíritu de Jesucristo.

19. Podemos multiplicarnos cuanto queramos, pero no podemos dar abasto a tanta obra de caridad. No tenemos bastante pan para todos los pobres, ni bastantes vestidos para los cesantes, ni bastante tiempo para todas las diligencias que hay que hacer. Nuestra misericordia no basta, porque este mundo está basado sobre la injusticia. Nos damos cuenta, poco a poco, que nuestro mundo necesita ser rehecho, que nuestra sociedad materialista no tiene vigor bastante para levantarse, que las conciencias han perdido el sentido del deber.

20. ¿Quiénes van a llevar esa luz (del evangelio)? Ustedes, luz del mundo, sal de la tierra, levadura de la masa. No dejen la responsabilidad solamente a los sacerdotes, idea terriblemente errónea en nuestra mente cristiana. No es cierto que la Iglesia son sólo los obispos y sacerdotes; ¿quién es más cuerpo, la cabeza o el pie? Ambos igualmente, y tienen solidaridad. La Iglesia somos todos, ustedes tanto como el Cardenal de Santiago y el Papa Pío XII, ustedes tienen tanto la responsabilidad.

21. Ha llegado la hora en que nuestra acción económica-social debe cesar de contentarse con repetir consignas generales sacadas de las encíclicas de los Pontífices y proponer soluciones bien estudiadas de aplicación inmediata en el campo económico-social.

 

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Ausencia de Dios

1. Muchas definiciones se pueden dar de nuestra época: edad del maquinismo, del relativismo, del confort. Mejor se diría una sociedad de la que Dios está ausente.

2. Esta despreocupación de Dios no está localizada en un país: es una ausencia universal. Es un hecho y una intención sistemática.

3. Dios está ausente, expulsado del corazón mismo de la vida. La sociedad se ha encerrado en este rechazo de Dios y su ausencia la hace morir.

4. El sentido del hombre ha reemplazado al sentido de Dios… Estaba reservado a nuestro siglo una negación más radical: la negación de Dios y su reemplazo por el hombre.

5. El pecado del mundo actual es, como en tiempos antiguos, la idolatría; ¡la idolatría del hombre!

6. Dios en sí mismo no parece interesarnos. La contemplación está olvidada, la adoración y la alabanza son poco comprendidas.

7. Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre.

8. Si pensamos en Dios, siempre hacemos de Él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos.

9. El criterio de la eficacia, el rendimiento, la utilidad, funda los juicios de valor.

10. No se comprende el acto gratuito, desinteresado, del que nada hay que esperar, económicamente. Mucho menos se entiende el valor del sacrificio, el profundo sentido del fracaso, como la Redención (que) fue un fracaso humano.

11. Hasta los cristianos a fuerza de respirar esta atmósfera, estamos impregnados de materialismo práctico: confesamos a Dios con los labios, pero nuestra vida está lejos de Él.

12. A veces Dios es un cómodo vecino a quien se puede pedir ayuda en apuro o en caso de necesidad. Cuando no se puede salir del paso, se reza, esto es, se pide al bondadoso vecino que lo saque del peligro, pero se volverá a olvidar de Él, cuando todo salga bien.

13. La inmensa amargura del alma contemporánea, su pesimismo, su soledad… la neurosis y hasta la locura, tan frecuentes en nuestro siglo, ¿no son el fruto de un mundo que ha perdido a Dios?

14. Los burgueses del espíritu… los que quieren gozar aquí y allá, no renuncian al cielo, pero con tal que les dejen poseer la tierra. Son los hombres que no tienen el valor de mirar la verdad y sacar sus consecuencias.

15. Se había prometido un mundo nuevo y, ¿qué tenemos? Una civilización materialista que mata el esfuerzo personal, la búsqueda artística y, por tanto, la verdadera civilización.

16. Una generación que tiene puestos los ojos en la materia, ¿cómo podrá comprender los valores del espíritu?

17. ¿Qué lugar encontrará una religión que encierra la perfección en la pobreza del espíritu, en la humanidad, en la cruz cargada tras los pasos de Jesús?

18. Si los cristianos se amarran a esta tierra y no guardan ojo sino para lo terreno, el mundo tendrá derecho a pensar que su fe es vacía.

19. …Y los que no creen, al ver cristianos tan desteñidos, de fe tan superficial, rechazarán asqueados una religión en la que no encuentren ningún valor que los entusiasme.

20. Dos grandes contradicciones sufrirá nuestra fe en la época en que vivimos: una viene del placer y otra del dolor.

21. El placer que nos lleva a encorvarnos hacia la tierra, como si fuese la patria definitiva. Cuando se cede a sus insinuaciones se muere para todo lo sobrenatural. Se pueden guardar las prácticas, pero la fe honda, profunda, la que inspira los grandes sacrificios está muerta del todo.

22. Nuestra época sufre la horrenda tentación del placer, sin tasa ni medida.

23. El choque más vehemente entre el espíritu de Cristo y el espíritu del “mundo” se realiza en el terreno de las riquezas. Sus puntos de vista son irreconciliables. La civilización ha convertido la vida moderna en un aparente paraíso, cuya llave de entrada se llama dinero.

24. Aún entre los católicos se nota cierto derrotismo. El placer y el escándalo del dolor (llega a minar) la fe de los buenos, que a veces sienten vacilar su confianza.

25. El olvido de Dios… más grave aún que el olvido de lo social.

26. Al hombre siempre le falta tiempo para pensar en Él. Todo tiene que despacharse antes que pueda pensar con reposo en Dios. Y el reposo no viene, nunca viene.

27. En nuestro siglo de agitación y de ruido, los grandes ideales no brillan; se confunden con las miles de lucecitas que se encienden artificialmente todos los días.

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Búsqueda de Dios

1. Felizmente el alma humana no puede vivir sin Dios. Espontáneamente lo busca… aún en manifestaciones desviadas.

2. Esta búsqueda de Dios sólo es posible en esta vida, y esta vida sólo toma sentido por esta misma búsqueda.

3. Dios aparece siempre y en todas partes, y en ningún lado se halla…

4. En lugar de buscar a Dios en las circunstancias en la que nos ha puesto, en las necesidades profundas de mi persona, en las circunstancias de mi ambiente temporal y local, preferimos actuar como hombres universales o abstractos.

5. El hambre y sed de justicia que devora a muchos espíritus, en el deseo de grandeza, en el espíritu de fraternidad universal, está latente el deseo de Dios.

6. Buscar a Dios es quedar unidos a Él por la fe. Es allegarse a Él como objeto de nuestro amor.

7. Y cuando hemos encontrado a Dios, podemos aún seguirlo buscando, por una fe más viva, un amor más ardiente, un cumplimiento más fiel de sus voluntades, de modo que siempre queda un campo nuevo, inexplorado ante nosotros.

8. ¡Toda obra buena es de Dios! ¡Él la hace como causa primera, yo colaboro como instrumento libre, pero instrumento! Él es la causa primera.

9. ¡Señor, haznos dignos de escuchar ese llamado y de seguirlo fielmente!

10. Al que ha encontrado a Dios acontece lo que al que ama por primera vez: corre, vuela, se siente transportado… Lo único importante es: Dios está presente.

11. Dios es Dios. Ante este hecho calla su corazón y reposa.

12. La madre con su hijo, belleza de ternura. Dos jóvenes que se aman, que se quieren… El obrero que lucha por la justicia, sufre y se santifica por ella. El minero que a riesgo de su vida se lanza a salvar a un compañero. La enfermera que vela cariñosa junto al enfermo… El patrón que levanta a su trabajador. Todo eso es bello, muy bello y hay que renovarlo en el mundo y gozar con ello y deleitarse y ensanchar el espíritu.

13. Todo esto es una huella de Dios… y se encuentra a Dios más perfecto, cabal, sin deficiencias, llevado a un grado infinito… ¡Y ese Dios, Él y no otro, será mi vida, mi alegría, mi amor!

14. En la búsqueda de Dios el camino es Cristo; iluminados con su doctrina y sus ejemplos, para obrar nosotros, como Él obraría si estuviera en nuestro lugar.

15. Nuestro trabajo avanza a un ritmo tal que no nos da tiempo para recuperar nuestras fuerzas físicas y espirituales… esto nos trae un desgarramiento interior. Aun rehusándonos a mil ofrecimientos quedamos desbordados, no nos queda el tiempo para buscar a Dios.

16. Cada una de nuestras acciones tiene un momento divino, intensidad divina, término divino. Dios comienza, Dios acompaña, Dios termina…

17. Un día cesará la búsqueda y será el definitivo encuentro… Un día en que veremos que Dios fue la canción que meció nuestras vidas.

18. Nuestro gran problema, pues, no consiste en buscar a Dios, sino en saber que hemos sido buscados y hallados por Dios…

19. Acuérdate que si tienes a Dios, aunque te falte todo lo demás, serás millonario. Si Él te falta, aun teniendo todo lo demás, serás un pordiosero.

20. No puedo mudar ninguna ley de mi vida, de mi obrar, de mi ser. Todo en mí está clamando la dependencia, ley central de mi vida. Locura sería negar la ley de la gravedad, pero más locura, negar la gravedad esencial que lleva mi vida a Dios.

21. Si alguien ha comenzado a vivir para Dios, con abnegación y amor a los demás, todas las miserias se darán cita a su puerta… Si alguien ha tenido éxito en su trabajo, los trabajos se multiplicarán… Si alguien ha podido llevar las responsabilidades ordinarias, se le ofrecerán mayores.

22. Toda religión sincera “en espíritu y en verdad” es una conversación, un comercio filial del hombre con Dios. Sin tensión de espíritu, con paz, pero con todo nuestro espíritu, con todas nuestras fuerzas busquemos conocer más y mejor a Dios.

 

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Caridad

1. La gran palanca que vais a emplear para convertir las almas es, no los discursos y polémicas, sino la caridad. El ejemplo gana más que las palabras.

2.  ¿Cuál es la señal infalible para salvarse? La de la caridad.

3. La caridad del cristiano es una necesidad del corazón que… se manifiesta por la inspiración misma de su actividad. Es lo que su fe reclama de él; es una pasión por la cual se ve obsesionado y atormentado;… un amor a sus hermanos que inunda las profundidades de su alma, ilumina todos sus pensamientos, penetra todos sus sentimientos, orienta toda su conducta y lleva al máximo su rendimiento a favor de sus prójimos.

4. Que jamás salga de nuestros labios una palabra que sea mordedura para el prójimo… Cristianismo es hermandad.

5. ¿Cómo puede pretender ser fiel a Jesús, a cuyo sacrificio ha asistido en el templo, quien al salir de él destroza la fama de Cristo encarnado en sus hermanos?

6. No somos camaradas, somos hermanos,… células de un mismo cuerpo, ramas de un mismo árbol, sarmientos de una misma vid.

7. El dogma de la comunión de los Santos, plenamente vivido, triunfará sobre la internacional materialista.

8. Lo que hayamos dado a Cristo en el pobre, estará colocado en la eternidad.

9. Está bien no hacer mal, pero está muy mal no hacer el bien.

10. La paciencia, la dulzura, la calma son cualidades morales que desarman a los hombres. A las masas inspiran respeto y admiración, aún en aquellos dispuestos a la hostilidad, la abnegación sincera, la caridad sencilla, real y verdadera.

11. ¿Qué tengo que ver con la sangre de mi hermano?, preguntaba cínicamente Caín, y algo semejante parecen pensar algunos hombre que se desentienden del inmenso dolor moderno.

12. …También son míos los dolores de esos hombres que están lejos de la verdad y sienten la nostalgia de ella, un dolor menos hiriente a nuestros sentidos, pero no menos profundo y formidable en sus consecuencias.

13. ¿Podemos seguir nuestro camino tranquilamente cada vez que encontramos agonizante en el camino al hombre, para el cual somos el “único prójimo”?

14. La misericordia dulcifica la autoridad.

15. La caridad no se contenta con la limosna: ésta para tener valor debe ser el fruto de un sentimiento interno de respeto y de amor al pobre.

16. Sólo una inmensa caridad salvará al mundo. Ojalá pudiéramos tener con las almas algo de esa inmensa comprensión, mansedumbre, ese saber esperar de Dios…

17. El católico ha de ser como nadie amigo del orden, pero éste no es la inmovilidad impuesta de fuera, sino el equilibrio interior que se realiza por el cumplimiento de la justicia y de la caridad.

18. La verdadera caridad no piensa sino en la posibilidad de hacer el servicio.

19. La cortesía es la flor y nata de la caridad. La cortesía consiste en sacrificarse por los otros, en darles honor, desaparecer ante ellos. Todo esto impone muchos sacrificios… hagámoslo por verdadera caridad y con sentimiento de verdadera humildad, paciencia, olvido de sí.

20. Menos preocupados de nuestra autoridad que de nuestra caridad. Que la autoridad en el cristiano es servir.

21. Y luego de poseer esa vida, procura actuarla continuamente en todas las circunstancias de su vida por la práctica de todas las virtudes que Cristo practicó. En particular por la caridad. La virtud más amada de Cristo.

22. La misión de este hombre es la de iluminar el mundo con la caridad de Cristo. Ofrecerse al mundo como una solución a sus problemas, ser para el mundo una luz, una gracia, una verdad que los lleve al Padre.

 

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Cómo amar en castidad

1. El primer elemento de la educación de la castidad será, pues, ofrecer al niño y al adolescente un ambiente de vida profundamente cristiana, en el sentido integral de la palabra.

2. Aunemos las fuerzas todas de la educación natural y sobrenatural para mantener una muchachada pura… convencida que le es posible guardarse casta, que es parte de su dignidad humana, de su virilidad, de su honradez el conservar la integridad de sus fuerzas corporales.

3. Por encima de todos los otros medios… contar con esta confianza optimista y alegre que da el saber que es Dios su Padre quien le pide la castidad y quien le ofrece toda la ayuda que necesite.

4. El alma, no dirigida en sus afectos, semeja a un rosal silvestre lleno de tallos generosos por todos lados, pero que da rosas raquíticas.

5. El fundamento de la simpatía es la contemplación extrema de la belleza, que llega a convertirse en una compenetración de las almas; en una comunidad de vidas que participan de los mismos valores profundos y espirituales.

6. Descubrir en los demás la parte bella. El amor jamás usa la palabra yo, sino tú. El amor verdadero viene siempre vestido de respeto. Él es la valla que defiende, la fuerza de los que se aman.

7. Si se rompe el cerco del respeto, el amor se ha convertido en egoísmo y placer.

8. El joven que no se preocupa sino de ser casto, difícilmente guardará su pureza en la época de las grandes luchas. Las malas pasiones se adueñan sin dificultad de un corazón que no está protegido por una pasión buena.

9. Pesada es una moral en que predominan las cadenas. Suave y alegre es la moral en la que predominan las alas. ¡Y el amor tiene alas!

 

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Cristo, siempre misericordioso

1. Jesús es la misma bondad y misericordia. El amor de Dios hecho carne. Toda la vida de Cristo fue amor y misericordia y bondad y para con todos…

2. El hombre necesita tanto del perdón y es duro para perdonar. Excusa la falta cuando la ve en él, pero cuando está en los demás arroja barro sobre barro. A los pecadores no los perdona sino Cristo. Porque nadie como Él sabe lo que hay en el hombre.

3. Jesús perdonó a la adúltera. Hay algunos que quisieran sacar este pasaje del Nuevo Testamento porque Cristo ni siquiera retó a la mujer. Pero para quitarlo habría que quitar a Jesús del Evangelio porque es el mismo de la Samaritana, de Magdalena, del buen ladrón. ¿Que no tomó en serio el pecado Él, a quien araron sobre sus espaldas? ‘Cuenta si puedes mis llagas’… ¡Vaya si tomó en serio el pecado! Pero sufrió Él por nosotros y cuando vio en el tono y expresión de ella su contrición, le abrió el río misericordioso de su corazón, del buen amor.

4. En su vida nada tan constante como su continuo perdonar de este “amigo de los pecadores”. Al paralítico de Cafarnaún, a la mujer pecadora, a la adúltera de Jericó; a la Samaritana, a Zaqueo, a sus enemigos tantas veces. Estas escenas parecían escandalizar a los que lo rodeaban: les parecía a ellos que sacrificaba la justicia por la misericordia; la dignidad por la mansedumbre, la fuerza por la paz, casi la verdad misma para que el pecado pueda ser perdonado y el pecador pueda ir libre.

5. Misericordia es el amor del miserable. Hay un amor que estima lo que tiene valor y de este amor no somos acreedores. Pero hay un amor que ama lo que no vale y hasta el que no tiene sino el valor negativo de su miseria, y este amor sólo Dios puede tenerlo. Es amor creador. Se siente inclinado donde hay menos, porque puede poner más. Por eso busca la miseria y es misericordioso. La Virgen Santísima nos ha enseñado el himno de la misericordia. Ha llenado de bienes a los hambrientos; ha mirado la humildad de su esclava; ha hecho en mí cosas grandes el que es poderoso y su misericordia de generación en generación. Por eso ninguno es tan apto a sentir el amor de Dios como el miserable y por eso Dios se complace en que los miserables canten su amor.

6. Con qué afición y ternura de entrañas, con qué extremos de amor, la misericordia infinita de Dios provee a nuestra miseria, conoce Él nuestra pequeñez e insuficiencia, la pobreza de nuestras ofrendas, la escasez de nuestros méritos y su corazón de Padre se conmueve. ¡Quiere perdonar nuestras culpas, quiere auxiliarnos, quiere hacernos participantes de sus largos favores!

7. Apenas apareció Jesús sobre la tierra, San Juan al verlo dijo de Él: He aquí el cordero de Dios, el que borra los pecados del mundo. Sus contemporáneos lo acusaron de ser amigo de los pecadores y de comer con ellos. Éste recibe a los pecadores. Esta era la acusación, la única fundada que se dirigió contra Jesús y esta acusación nos debe llenar de profundo consuelo. Para los pecadores fueron sus más hermosas parábolas: Él es el Buen Pastor que sale en busca de la oveja perdida y cuando la ha encontrado vuelve gozoso al redil.

8. Hermanos, si tenemos pecados y ¿quién de nosotros no los tiene? Acordémonos que Jesús es siempre el mismo: ayer, hoy y siempre. Vamos a su corazón herido por la lanza y dejemos caer en Él el fardo de nuestras culpas. Tengamos confianza, inquebrantable confianza en que su amor infinito es más fuerte que todas nuestras miserias, que todos nuestros crímenes. Pidámosle perdón y hoy como ayer su voz bendita nos dirá la dulce palabra: Hijo, vete en paz y no quieras pecar más.

9. “He venido”: he hecho un viaje… un viaje real, larguísimo. De lo finito a lo infinito, viaje tan largo que escandaliza a los sabios, que desconcierta a los filósofos, que horroriza a Kant. ¡Lo infinito a lo finito!, ¡lo eterno a lo temporal! ¿Dios a la criatura? Sí, ¡así es!…”Yo he venido” por el hombre. La única razón de ese viaje: el hombre.

10. ¿Es minúsculo y mayúsculo? Porque si bien es pequeño, es muy grande; ¿es lo más grande del universo? ¿Mayor que los astros? Por ellos nunca he viajado, ¡ni menos sufrido! Por el hombre, sí… Por el hombre… por ti negrito, por ti pobre japonés, por ti chilenito de mis amores, por ti liceano de Curicó. Yo no amo la masa. Amo la persona: un hombre, una mujer… ¡He venido por ti!

11. El Cristo histórico fue judío viviendo en Palestina en tiempo del Imperio Romano. El Cristo místico es chileno del siglo XX, alemán, francés y africano… Es profesor y comerciante, es ingeniero, abogado y obrero, preso y monarca… Es todo cristiano que vive en gracia de Dios y que aspira a integrar su vida en las normas de Cristo, en sus secretas aspiraciones y que aspira siempre a esto: a hacer lo que hace, como Cristo lo haría en su lugar.

12. Jesucristo Nuestro Señor hizo consistir gran parte de su enseñanza en hacernos comprender esta verdad: que somos sus hermanos, hijos del mismo Padre Dios, a quien nos enseña a orar diciéndole “Padre nuestro”.

13. En su vida pronunció aquellas parábolas de amor como jamás hombre alguno se había atrevido a pronunciarlas: el dueño de la viña que envía… y termina por enviar a su propio hijo.

14. Mil parábolas como la del Hijo Pródigo y Oveja Perdida, nos descubren sus sentimientos que son los sentimientos que sólo un Padre puede albergar. ¿Agotamos esta idea? ¿Descansamos en el pecho de nuestro Padre Dios, como un hijo que sabe que su Padre lo ama, lo quiere apoyar, consolar, hacer feliz?

15. Ese padre del Pródigo que lo representa a Él, para quien no hay crímenes que puedan entibiar su amor, ni las injurias a su nombre, ni las desobediencias.

16. Ese buen Pastor que abandona las 99 ovejas por buscar la ovejita descarriada, es Él… y así obró. Y ese amor cuando llega a poseer un alma, cuando logra que un alma le abra sus puertas, ¡cómo pacifica, serena, alegra!

17. Cristo, no es sólo un personaje histórico que nació, vivió y murió hace 1900 años, sino que es un ser vivo, tan vivo ahora como antes y con el cual estoy en relaciones tan reales, tan cercanas ahora como antes.

18. Él y yo formamos realmente uno, no con una unidad que destruye nuestra individualidad, ni que llegue a constituir una unión hipostática como la que existe entre las dos naturalezas de Cristo, pero sí con una unidad que los teólogos llaman mística, esto es, misteriosa, pero no menos real que las anteriores.

19. Nuestra raza está unida en principio a la divinidad y nosotros podemos, mediante nuestra unión con Cristo, recuperar nuestra unión con Dios.

20. Vivimos sobrenaturalmente por la vida de Cristo. Nuestros hermanos reciben un aumento de esa misma vida por nuestra mayor vida en Cristo.

21. El núcleo fundamental de la revelación de Jesús, “la buena nueva”, es nuestra unión, la de los hombres todos con Jesucristo.

22.  Los hombres nos damos poco, pero Cristo se dio por entero, hasta la sed de sacrificio.

23.  Todo el tiempo de su vida deseando… aquel momento en que podrá elevar los dolores a la altura de su amor.

24.  Y Cristo triunfó desde la cruz…

25. …Y el cristiano como Cristo; en éxito o derrota siembra la verdad.

26. La misión de Cristo, que es lo que más nos importa, se realizó a pesar de nuestras debilidades: esa misión que consistió en pagar la deuda del pecado, redimir al hombre, darnos la gracia santificante.

27. Vida nueva es hallar a Jesús, hacerse un nido en su corazón.

28. En el corazón de Cristo vivir, descansar, hallar sentido a mi existencia.

29. Qué dulce es vivir con una razón que me oriente, cuando sé que alguien me ama y puedo amarlo y necesita mi amor: ese es Cristo.

30. …¿Quién es esta criatura amada por Cristo? ¿Serán sólo las almas escogidas, algunos de esos héroes de la santidad?… Pase que ellos tengan derecho a pensar que Cristo los amase, pero ¿y los demás? ¿y nosotros? ¿y los pobres pecadores encenegados en el pecado? ¿les habrá amado Cristo también a ellos?… Sí, también a ellos.

31. Para Jesús no hay masas, multitud anónima, sino una y uno. Me conoce a mí y como decía San Pablo: “Me amó y se entregó a la muerte por mí”.

32. Jesús nos conoce, me conoce, no sólo de cara y nombre, sino de alma, de estado de ánimo, mis preocupaciones, deseos, proyectos. Jesús me conoce a mí perfectamente, traspasa mi alma, sabe todos mis problemas.

33. En esos momentos difíciles, ¡qué dulce saber que contamos con alguien que se llamó a sí mismo “el Buen Pastor”, que conoce a cada una de sus ovejas!

34.  A Cristo no hay que decirle muchas cosas: Él lo sabe todo.

35. Es interesante conocerse, sí, pero mucho más es sabernos conocidos de Cristo. Él me penetra, estoy patente ante Él, realmente me conoce…Conocerlo a Él, mucho más que conocerme a mí mismo…

36. Pasar las horas ante Él, como los seres que se aman, que aunque no crucen palabras, van aumentando la intimidad y dulzura.

37. El Evangelio leído con devoción, nos llevará al conocimiento de Cristo. Es un mirar las cosas de este mundo y del otro, con los ojos de Cristo.

38. Ser otro Cristo para tener la dicha de irradiar a Cristo.

39. El alma cristiana es como el corazón de Cristo, más grande que el mundo.

40. Nuestra imitación de Cristo consiste en vivir la vida de Cristo, en tener esa actitud interior y exterior, que en todo se conforma a la de Cristo, en hacer lo que haría Cristo si estuviese en mi lugar.

41. Este es Cristo: camino que andar, verdad que creer, vida que vivir.

42. El ideal cristiano por excelencia: vivir en Cristo, transformarse en Cristo.

43. ¡Qué delicadezas las de Jesús para las almas que aceptan su amistad: mora en sus almas, los visita cada día, los perdona, los alienta, los enriquece, oye sus plegarias, se hace cargo de sus intereses! ¡Qué dulce es esa hora en que Jesús está presente! ¡Todo parece suave, fácil, llevadero!

44. ¡Jesucristo! El corazón más noble, el amigo por excelencia, el que posee todos los secretos de la grandeza humana. En el cielo, junto a mí, será mi amigo, mi maestro.

45. Él ha venido a ser la cabeza de un cuerpo, el Cuerpo Místico, cuyos miembros somos o estamos llamados a serlo nosotros los hombres, sin limitación alguna de razas, cualidades naturales, fortunas, simpatías…

46. Y la razón magnífica que eleva nuestro amor al prójimo a una altura nunca sospechada por sistema humano alguno, es que nuestro prójimo es Cristo.

47. El cristianismo no es una doctrina abstracta: un conjunto de dogmas que creer, preceptos y mandamientos… ¡¡El cristianismo es Él!! Persuadámonos bien; Cristo en el cristianismo no es una devoción. No es la primera devoción, ni la más grande. Verdad básica: el cristianismo es Cristo.

48. Todos estamos llamados a estar incorporados en Él, es el grado básico de la vida cristiana… ¡¡A hacer de su vida la empresa de Cristo!! Para el marino su vida es el mar, para el soldado el ejército, para la enfermera el hospital, para el agricultor el campo, para el alma generosa, ¡¡su vida es la empresa de Cristo!!

49. Todo está en unirse a Cristo para vivir la vida de Cristo, y eso es lo que nos da la Comunión: Cristo y su vida. El que comulga se va despojando de sí mismo y llega a no tener otra vida que la de Jesús, la vida divina, y nada hay más grande que eso.

50. “¡Éste recibe a los pecadores!” es la acusación que lanzaban contra Jesucristo hipócritamente escandalizados los fariseos. “¡Éste recibe a los pecadores!” Y, ¡es verdad! Esas palabras son como la divisa exclusiva de Jesucristo. El mundo no recibe a los pecadores. A los pecadores no los recibe más que Jesucristo.

51. Jesús no viaja solo, no participa en las actividades solo. Salvo cuando ora, siempre está acompañado de sus apóstoles; con ellos va a todas partes, incluso a los banquetes.

52. No promete que no haya carga, ni cruz: al contrario, la pronostica, pero Él la hará suave y ligera.

53. La vida de Cristo se resumió en esta palabra: “Pasó por el mundo haciendo el bien”, un bien que no es una altiva caridad tirada al pobre, sino una efusión de un amor que no humilla, sino que comprende, compadece fraternalmente, eleva.

54. El gesto de Cristo es gesto de respeto, de comprensión, de compenetración afectiva con la masa doliente, de sentirse uno de ellos y de cargarse con todo su ser del lado de los que sufren, y de poner toda su palabra, su poder, su influencia del lado de ellos.

55. Jesús parece que no quiere obrar en el mundo sino mediante la colaboración de los hombres. Todos somos providenciales en la inmensa obra de Dios sobre la tierra.

56. El hijo de Dios asumió no sólo un cuerpo sino un alma. Y así como tomó un cuerpo capaz de ser herido, atormentado, de morir; así también tomó un alma que podía sufrir todos los dolores del alma humana: soledad, angustia, asco… No era el cuerpo sino el alma el asiento más hondo del dolor del Dios Eterno.

57. Con el sacrificio de Cristo nace una nueva raza, raza que será Cristo en la tierra hasta el fin del mundo. Los hombres que reciben a Cristo se transforman en Él.

58. Jesús único principio y raíz de toda la vida, de la gracia, de la luz, de la fuerza, de la fecundidad, de la felicidad, del amor. Fuera de Jesús todo es muerte, esterilidad, desolación.

59. ¡Qué bendición!, qué fuente de energías para el alma que guarda intacta su fe en Cristo, en ese Cristo de corazón infinitamente comprensivo, que lo ve todo, que lo oye todo, aún en la soledad de las noches en que las lágrimas corren silenciosas, sin testigos… ¡Sin otro testigo que Cristo! Él es el único que continúa siendo luz para los ojos, apoyo para los pies sin fuerza, y encanto para el sediento corazón humano.

60. Ama a Jesucristo. Hasta tu último suspiro ve apasionándote cada día más por su adorable persona. Estudia, escruta, indaga, expón sin descanso a ti mismo y a los demás, hasta saberlo de memoria, mejor dicho, hasta asimilarte a Él, perderte en Él. Que Él sea enteramente y cada día más el centro de tus pensamientos, el vínculo de tus conocimientos, el fin práctico de cualquiera de tus estudios. Hazlo el objeto moralmente único, el argumento soberano, el arma triunfadora de tu apostolado… como el hombre lleno y poseído de Jesucristo, como el hombre que a propósito o fuera de él, si fuera posible, hable sin cansarse de Jesucristo y hable de la abundancia de corazón.

61. Jesucristo meditado, Jesucristo conocido, Jesucristo amado con una pasión siempre creciente y consecuente consigo misma; esto será, la dignidad de tu vida religiosa, la fuerza, el consuelo, la alegría, la capacidad fructífera, esto será Jesucristo.

62. El que ha mirado profundamente una vez siquiera a los ojos de Jesús no lo olvidará jamás. El alma del joven al irse fortaleciendo ha de ir precisando también más y más la verdadera figura de Jesús. Del Jesús Niño ha de ir pasando al Jesús Adolescente, al Jesús Jefe, al Jesús Paciente. Ha de conocer un Cristo enérgico y varonil; el del sermón de la montaña, el que arroja a los mercaderes del Templo, el que calma las tempestades, el que invita a los hombres a seguirlo dejándolo todo por poseerlo a Él. Y al mismo tiempo ese Cristo es el Dios bueno que acaricia al pródigo, busca la ovejita perdida, perdona a la Magdalena, defiende a la adúltera y sale en busca de Zaqueo. ¡Qué fuerzas sentirá el joven que puede dialogar diariamente con este Cristo en la eucaristía! El director espiritual ha de procurar que los adolescentes y jóvenes conozcan la figura de Cristo no solamente de segunda mano, sino directamente por medio de la Sagrada Escritura. El fin de toda dirección espiritual ha de ser sembrar el amor a Jesucristo en el corazón de los jóvenes, hacer que traben verdadera amistad con Cristo: un contacto vivo, sincero, entre Él y ellos.

63. Aquí está la clave: creer en Cristo… Viviendo la vida de Cristo, imitando a Cristo, siendo como Cristo. Pero esta imitación de Cristo ¿qué significa? Supuesta la gracia santificante, que mi actuación externa sea la de Cristo, no la que tuvo, sino la que tendría si estuviera en mi lugar. Ante cada problema, ante los grandes de la tierra, ante los problemas políticos de nuestro tiempo, ante los pobres… ¿qué haría Cristo si estuviera en mi lugar? Aquí está toda la perfección cristiana: imitar a Cristo en su divinidad por la gracia santificante, y en su obrar humano haciendo en cada caso lo que Él haría en mi lugar.

64. Un gran amor a Cristo, autor y modelo de nuestra santificación. Contemplar con amor su vida para copiar en la mía sus rasgos, para seguir sus consejos, que son dados para el siglo XX, para mí.

65.  Mi idea central es ser otro Cristo, obrar como Él, dar a cada problema su resolución.

66. Al buscar a Cristo es menester buscarlo completo. Él ha venido a ser la Cabeza de un Cuerpo, el Cuerpo Místico, cuyos miembros somos o estamos llamados a serlo los hombres, sin limitación alguna de razas, cualidades naturales, fortuna, simpatías… Basta ser hombres para poder ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo, esto es: para poder ser Cristo. El que acepta la encarnación la ha de aceptar con todas sus consecuencias y extender su don no sólo a Jesucristo sino también a su Cuerpo Místico.

67. Y éste es uno de los puntos más importantes de la vida espiritual: desamparar al menor de nuestros hermanos es desamparar a Cristo mismo; aliviar a cualquiera de ellos es aliviar a Cristo en persona. Por esto nos dijo Cristo que todo el bien o el mal que hiciéramos al más pequeño de sus hermanos, a Él lo hacíamos. Luego no amar a los que pertenecen o pueden pertenecer a Cristo por la gracia, es no aceptar y no amar al propio Cristo… Por eso Juan nos dice: ¿Si no amamos al prójimo a quien vemos, cómo podremos amar a Dios a quien no vemos? ¿Si no amamos a Dios en su forma visible cómo podremos amarlo en sí mismo?

 

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Dar y darse

1. Darse es cumplir justicia. Darse es ofrecerse a sí mismo y todo lo que tienes. Darse es orientar todas tus capacidades de acción hacia el Señor. Darse es dilatar su corazón y dirigir firmemente su voluntad hacia el que los guarda. Darse es amar para siempre y de manera tan completa como se es capaz.

2. Cuando uno se ha dado, todo aparece simple. Se ha encontrado la libertad y se experimenta toda la verdad de la palabra de San Agustín: Ama y haz lo que quieras.

3. Antes que toda práctica, todo método, que todo ejercicio, se impone un ofrecimiento generoso y universal de todo nuestro ser, de nuestro haber y poseer…

4. En este ofrecimiento pleno, acto del espíritu y de la voluntad, que nos lleva en la fe y en el amor al contacto con Dios, reside el secreto de todo progreso.

5. Darme sin contar, sin trampear, en plenitud, a Dios y a mis hermanos. Y Dios me tomará bajo su protección. Él me tomará y pasaré indemne en medio de innumerables dificultades. Él me conducirá a su trabajo. Él se encargará de pulirme, de perfeccionarme y me pondrá en contacto con los que lo buscan y a los cuales Él mismo anima.

6. Cuando Él lo tiene a uno, no lo suelta fácilmente.

7.  Mi actitud ante Dios no es la de desaparecer, sino la de ofrecerse con plenitud para una colaboración total.

8. ¿Dónde está el valor?, ¿en arder y renunciar, o en arder y dejarse quemar? ¿En querer guardar lo que me agrada, o darlo generosamente a otro? Recórranse todas las tentaciones y se verá que el verdadero valor, la hombría, está en sobreponerse…

9. Cada vez que me doy así, recortando de mi haber, sacrificando de lo mío, olvidándome, yo adquiero más valor, un ser más pleno, me enriquezco con lo mejor que embellece al mundo. Yo lo completo y oriento hacia su destino más bello, su máximum de valor, su plenitud de ser.

10. Dar es uno de los goces más completos que Dios nos ha deparado. Dar, dar siempre, hasta que se nos caigan los brazos de cansancio.

11. El criterio de la eficacia, el rendimiento, la utilidad funda, los juicios de valor. No se comprende el acto gratuito, desinteresado, del que nada hay que esperar económicamente. Mucho menos se entiende el valor del sacrificio, el profundo sentido del fracaso, como la Redención fue un fracaso humano. La explicación es simple: en este siglo industrial todo se pesa, todo se cuenta, todo se mide.

12. Los males del espíritu… se curan saliendo de sí, para ir a los demás.

13. A todos los que sufren quisiera invitarlos a hacer una experiencia de la que nunca se arrepentirán: que olviden sus dolores y que piensen en los ajenos.

14. Debieras caer de rodillas ante el Padre y decirle: Gracias, Padre mío, porque puedo dar.

15. Necesito de ti… No te obligo, pero necesito de ti para realizar mis planes de amor. Si tú no vienes una obra quedará sin hacerse, que tú, sólo tú, puedes realizar. Nadie puede tomar esta obra, porque cada uno tiene su parte de bien que realizar.

16. Los únicos que tienen tiempo son los ocupados, ¡así que fuera excusa de falta de tiempo!

17. …En manos de Cristo mi acción puede tener alcance divino… Mi acción, y deseos pueden tener alcance divino y puedo cambiar la faz de la tierra… Puedo mucho si estoy en Cristo, si coopero con Cristo…

18. No multipliquemos las órdenes, sino que mostremos ideales que valgan bien una vida. En nuestro propio tiempo no son los generosos los que faltan, sino conocimiento interno de una causa que valga la pena para sacrificar una vida.

19. Dios conoce el corazón del hombre y le ha puesto hambre de generosidad.

20. Más allá de las obligaciones, el campo inmenso de la generosidad, en que hacemos, no lo que tenemos que hacer, sino lo que queremos hacer…

21. La generosidad es la manera de escapar a las garras de la ley, porque con generosidad esas garras se convierten en manos muy queridas. Para que la ley sea menos pesada no hay que quitarle algo, sino agregarle algo.

22. La gente que regatea con los mandamientos los hace pesados… En cambio hay muchos que encima de todos sus mandamientos han colocado sobre sus hombros toda su generosidad. El generoso, que hace más que lo obligado, quita a la obligación su carácter áspero.

23. Y hoy en el mundo hay sólo dos clases de hombres: los que se quejan siempre y los que no se quejan nunca. Y… los que no se quejan nunca son los que, por encima de los mandamientos, llevan toda la carga de la generosidad y hacen mucho más que el deber.

24. ¡El que da con prontitud da dos veces! Es el gran secreto del fervor: la prisa y el entusiasmo por hacer el bien.

25. Trabajar en equipo: el resultado enorme que podríamos sacar si nos ayudáramos en nuestros trabajos. Si hiciéramos obra de equipo… todos a la disposición de los demás.

26. El espíritu de equipo significa, en los que lo practican, un inmenso renunciamiento… pasar a hacer la obra común, que no va a ser la mía, en la que yo no figuro sino como rueda en el engranaje común… ¡Caramba que significa renunciamiento!

27. (El espíritu de equipo) significa mortificación para acomodarme a los demás, esa terrible mortificación interior de soportar caracteres lentos, egocéntricos, susceptibles, quisquillosos… y que no se suba jamás la leche, guardar la calma, sonreír cuando uno patearía…

28. Significa el cultivo de honestas amistades, un franquearse, un dar y recibir… Aprender a tratar a mis hermanos, no sólo ocasionalmente, sino en forma más estable. Una amistad… es absolutamente necesaria. No rechazar a nadie, bondadoso con todos, pero natural para ahondar aquellas relaciones que Dios pone en su camino.

29. Este espíritu de equipo es la señal de las obras llamadas a perseverar. Lo que es sólo mío, morirá conmigo y allí quedará.

30. Entrega, entrega entera y total en manos de Cristo para que Él se sirva de nosotros.

31. No sólo hay que darse, sino darse con la sonrisa, hacer la vida de los que nos rodean sabrosa y agradable.

32. Cada uno tiene posibilidad de hacer algo, cada uno siguiendo su carácter: unos alegres, otros artistas, otros tranquilos y pacíficos, otros simpáticos… Cada uno cultivando su naturaleza. La gracia supone la naturaleza.

33. Un renacimiento del idealismo es lo que más falta nos hace. Idealismo que significa desinterés, generosidad, sacrificio, amor, pero más ajeno que propio, deseo de dar más que de recibir.

 

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Dios

1. Antes del hombre existe un ser, que es por esencia la plenitud del ser, en quien hay toda la belleza que puede ser concebida.

2. En el principio de todo está Dios. Dios que es todo poder y toda bondad. Yo soy la obra de sus manos. Él es el responsable de mi vida. Cuanto hay en mí es su hechura.

3. Si miro atrás en la historia del mundo, antes que el hombre existiera, antes que los astros brillaran, está Él, principio de todo, que ha creado el mundo por amor, por deseos de comunicar al hombre su felicidad, de hacerme feliz a mí, y a mis hermanos los hombres.

4. Miro hacia el futuro y me encuentro también con Él, con Dios que me aguarda, me espera, me tiene preparada una mansión en los cielos.

5. El amor de Dios, de todo se sirve para mi bien. Dios prevalecerá y yo en Él, y esta confianza me alentará hasta la muerte.

6. ¡Todo lo que el amor tiene de bello, de tierno, de perseverante, de paciente está en Él!: el cariño entre padres e hijos, la ternura de los esposos, la intimidad de los amigos, todo está en Él: pues Él es padre, esposo, amigo. Y todo eso persevera en Él, a pesar de nuestras rebeliones y pecados, pues su Amor es infinito y no se cansa. Podrá olvidarse la madre del chiquitín pegado a sus cachetes, ¡pero Él no nos olvidará!

7. ¿Descansamos en el pecho de nuestro Padre Dios, como un hijo que sabe que su Padre lo ama, lo quiere apoyar, consolar, hacer feliz? Dulcemente repitamos esta palabra: ¡Padre nuestro! Sintámonos hijos de Dios.

8. Hombres todos de la tierra, pobres y ricos, Dios nos ama: su amor no ha perecido, pues somos sus hijos. Este grito simple, pero mensaje de esperanza, no ha de helarse jamás en nuestros labios: Dios nos ama. Somos sus hijos… ¡Somos sus hijos!

9. Yo sé que Dios es belleza. Toda la belleza del universo arranca de Él como de su fuente: las flores, los campos, los cielos son bellos porque, como decía San Juan de la Cruz, “pasó por estos sitios sus gracias derramando y con sólo mirarlos, vestidos los dejó de su hermosura”. Y los montes austeros; y el mar que rompe; y la noche estrellada…

10. Dios es belleza y también es bondad. Todos los designios de Dios son designios de bien… En la creación todo es eco de la belleza y de la ternura de Dios.

11. Quien ama la belleza y la busca, la encuentra en todas partes: la naturaleza entera canta para Él. La belleza está repartida por doquiera, pero sólo pertenece a quien sabe descubrirla. Y esa belleza la voy a poseer, no por una hora ni dos, sino por una eternidad.

12. Belleza mayor que la de los rostros más hermosos de la tierra, armonía más perfecta que la que han podido soñar los más grandes artistas, fuerza mayor que la de los momentos más apasionantes del deporte, grandeza mayor que la inmensidad de los mares, paz más intensa que la de las noches estrelladas sobre el desierto nortino.

13. Dios es amor, y esto quiere decir que los bienes y las bellezas que me encantan y me atraen, que provocan en mí ese entusiasmo y alegría al contemplarlos, Dios los ha creado sin empobrecerse.

14. Todas esas bellezas las posee Él en Él mismo: plenitud, riqueza, dulzura, alegría, océano de gozo, armonía indescriptible, suavidad penetrante. Todo lo de aquí no es más que una sombra de esa belleza sublime que está en Dios, que es Dios. ¡Dios es amor!

15. ¡Qué grande es mi vida! Qué plena de sentido. Con muchos rumbos al cielo. Darles a los hombres lo más precioso que hay: Dios. Y dar a Dios lo que más ama, aquello por lo cual dio su Hijo: los hombres.

16. Cuando Dios ha sido hallado, el espíritu comprende que lo único grande que existe es Él.

17. Hay un temor de Dios: el de arrojar una sombra sobre la imagen del Amado. Temor de ofrecer tan poco al que todo se le debe.

18. Dios pudo decir con absoluta verdad: tengo cuerpo, tengo alma, sufro, padezco… Y un hombre que caminaba por las calles y tenía hambre, sed, dolor, podía decir: soy Dios.

19. Aquí está la verdadera grandeza de Dios, la suprema ambición que puede tener un hombre: llegar a ser como Dios. Dios, porque la gracia diviniza, y si la gracia no encuentra obstáculos, a qué profundidad penetra, a qué altura se eleva.

20. Las prohibiciones entristecen. Dios quiere ser amado; y el amor es espontáneo: ¡es obra de la generosidad! Dios quiere un don total: y el don de la imposición (como en los impuestos) es el mínimo.

21. Dios me ha hecho participante de su naturaleza y esto es por un amor de predilección entre las infinitas criaturas posibles, por un amor eterno que no ha comenzado al darme la vida, sino que existía desde que Dios es Dios.

22. La palabra “Padre” respecto a Dios no es alegoría. Es una realidad muy superior a la paternidad humana. ¿Lo hemos pensado? ¿Agotamos esta idea? ¿Descansamos en el pecho de nuestro Padre, como un hijo a quien un padre consuela, apoya, ayuda, ama?

23. ¡Todo dependiendo de Dios! Por tanto la adoración es la consecuencia más lógica, la manifestación de mi dependencia total.

24. El fin de mi vida es Dios y nada más que Dios, y ser feliz en Dios. Para este fin me dio inteligencia y voluntad, y sobre todo libertad (la inteligencia y la voluntad sin libertad serían cosa inútil).

25. ¡Qué grande respeto de Dios conmigo! Me pide, no me obliga. Aún me admitiría en el cielo, a pesar de mi desvío.

26. Dios que ha sido la primera palabra, será la última. A quien pierde todo lo humano, Dios le queda todavía pero, ¿qué puede quedarle a quien pierde a Dios? “Perderlo es perecer… ¿Qué te puede satisfacer si no te satisface Dios?”

27. Todos los movimientos de Dios comienzan valiéndose de seres pequeños e insignificantes. Ha habido momentos formidables en la historia del mundo… sirviéndose Dios para ello de pobres instrumentos humanos: (por ejemplo) la conversión del mundo pagano por los apóstoles.

28. Dios, en la persona de su Hijo hecho hombre, nos asimila, nos transforma en Él, nos permite participar de su vida. Esta vida la recibimos en semilla, la flor vendrá el día de nuestra resurrección, participando de la resurrección de Cristo.

29. A la vista de la creación, Dios piensa siempre en su Hijo: Dios no ve al mundo sino a través de Cristo.

30. Origen del hombre: Dios. ¡Todo de Él! ¿Su fin? El mismo Dios.

 

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Egoísmo

1. El egoísmo: fealdad del hombre concentrado en el “yo” y muerto a los demás.

2. El pecado vuelve al hombre grosero, egoísta, vuelto sobre sí mismo.

3. Tenemos tendencia innata de referirlo todo a nosotros mismos… ¡Sal de ti mismo, por favor! Deja de seguir pensando perpetuamente en ti.

4. En las conversaciones que sostienen la palabra que sale más veces a su boca es la palabra Yo; siempre Yo, Yo.

5. Hubo hace años un juego: el Yo-Yo… y muchos parecen haber guardado el juguete intacto y lo usan en el día y en la noche, en la niñez y en la juventud, en la edad adulta y aún dicen algunos hasta un cuarto de hora después de su muerte.

6. “Yo”, es oprimir al débil, es cebarse en carne humana.

7. El desarrollo de la personalidad se realiza no buscándose a sí mismo, pues cae en la indigencia de la individualidad.

8. Interrumpir equivale a decir: su opinión no me interesa, ya ha hablado usted demasiado, escúcheme a mí que tengo algo más importante que decir.

9. El que habla sólo de sí, piensa sólo en sí y el que piensa sólo en sí es horriblemente mal educado por más instruido que sea.

10. Una mera discusión no llevará a nada. Es con frecuencia una ocasión de exhibicionismo egoísta y con frecuencia aparecen con el yo palabras irónicas o duras, demostraciones de un complejo de superioridad y aún de un instinto sádico.

11. El estímulo de ganar un sitio, de obtener un premio, el temor de una represión que lo humille, cuando no son acompañados de una educación social, hunden al individuo más y más en su visión egoísta de la vida.

 

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Enfermedad y muerte

1. ¡Cómo no voy a estar contento! ¡Cómo no estar agradecido de Dios! En lugar de una muerte violenta me manda una larga enfermedad para que pueda prepararme. No me manda dolores. Me manda el gusto de ver a tantos amigos, de verlos a todos. Verdaderamente Dios ha sido para mí un Padre cariñoso, el mejor de los padres.

2. …Al pensar que el tiempo que queda es corto apresuremos el paso, hagamos el bien con mayor brío, hagamos partícipes de nuestra alegría a nuestros hermanos, porque el tiempo está cerca (en su lecho de enfermo).

3. El sentido de la vida no es otro que buscar a Dios. La muerte el momento de hallarlo. La eternidad, la posesión dichosa de lo que tanto hemos ansiado.

4. El patrón me llama y aquí estoy listo y feliz.

5. El concepto cristiano de la muerte es inmensamente más rico y consolador: la muerte para el cristiano es el momento de hallar a Dios, a Dios que ha buscado durante toda su vida.

6. La muerte para el cristiano es el encuentro del Hijo con el Padre, es la inteligencia que halla la suprema verdad, es la inteligencia que se apodera del sumo bien. La muerte no es muerte.

7. Todo lo nuestro nos acompañará en el más allá ¿Acaso esos amores tan profundos están llamados a olvidarse o a quedar insatisfechos? No. Dios no rompe los vínculos que ha creado. Dios no se arrepiente de sus dones, antes bien es fidelísimo.

8. …El gran don del cielo es estar presentes ante Dios, ¡qué más puedo necesitar! En Él tengo para siempre un abrigo, una presencia, una proximidad, una patria, un hogar, un compañero vivo con el que he caminado en la tierra, aunque sin conocerlo, un apoyo por toda la eternidad.

9. Dios, Padre de amor, puso a los hombre para que vivan, vivan aquí, ¡inmortales continúen viviendo allá!

10. Vivir la eternidad. Mirar a la eternidad en los momentos de depresión. Esto pasa… ¡¡Eso no!! Esto es una hora. ¡¡Aquello eterno!! No dejarse pescar por ningún anzuelo temporal.

11. Alegría, ¡y qué feliz se vive cuando se piensa en lo eterno! Allí está mi morada… ¿Dolores? Pasan, pero la eternidad permanece. ¿Muerte? No, un hasta luego, sí, ¡hasta el cielo! ¡Hasta muy pronto!

12. El mensaje de la Resurrección es alentador, porque es el triunfo completo de la bondad de Cristo.

 

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Esperanza

1. Una vida arraigada en la fe, que florece en la caridad, exhala el perfume de la esperanza.

2. La misión del cristiano es ser testigo de la esperanza.

3. En Dios me siento lleno de una esperanza casi infinita. Mis preocupaciones se disipan. Se las abandono. Yo me abandono entero en sus manos. La noche de hoy es negra, pero sobre las cumbres de los montes, ya amanece.

4. …La fe dirige todavía mi mirada hacia Dios. Rodeado de tinieblas me escapo más totalmente hacia la luz.

5. Nadie conoció como Él “lo que hay en el hombre”. Y nadie se atrevió a esperar tanto de Él.

6. Cristo tuvo esperanzas y esa esperanza somos nosotros. Dios y yo ¡Siempre nosotros!

7. La esperanza mantiene las razones para vivir.

8. Se cuenta de una persona que tenía esta cualidad hasta la exageración. Un día alguien le dijo: “Yo creo que usted hasta al diablo le encuentra algo bueno”. Y él responde con una ingenuidad pasmosa: “Pues claro… si es tan constante.”

9. ¡Cuántos descubrimientos podemos hacer de personas que nos rodean desde hace años pasando inadvertidas, o aun molestándonos con sus pequeñeces sin haber reparado en sus cualidades!

10. ¡Adelante que Él comienza la obra, Él es quien la prosigue y quien la termina junto con nosotros, de manera que jamás podemos temer por el éxito de una obra que Él nos haya encomendado!

11. Dar testimonio de Cristo en este mundo triste, testimonio de nuestra alegría que se funda en nuestra fe en Él, en la bondad del Padre de los cielos, testimonio de una inquebrantable esperanza y de una honda caridad.

12. Un bribón de un santo, ¿en qué se diferencian? En el tronco en que se apoyan… Comprendamos que Jesús está a nuestro lado. ¡Apoyémonos en Él y subiremos! (“Quédate con nosotros, Señor”).

 

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Espiritualidad

1. Una espiritualidad sana es la que se acomoda a las individualidades y respeta personalidades. Se adapta a los temperamentos, a las educaciones, culturas, experiencias, medios, estados, circunstancias, generosidades… Toma a cada uno como él es; en plena vida humana, en plena tentación, en pleno trabajo, en pleno deber.

2. El Espíritu, que sopla siempre sin que se sepa de donde viene y a donde va, se sirve de cada uno para sus fines divinos, pero respetando el desarrollo personal en la construcción de la gran obra colectiva que es la Iglesia. Todos sirven en esa marcha de la humanidad hacia Dios. Todos encuentran trabajo en la construcción de la Iglesia.

3. En todo camino espiritual recto está siempre el principio del don de sí mismo. Si multiplicamos las lecturas, las oraciones, los exámenes, pero sin llegar allí, es señal que nos hemos perdido.

4.  La vida espiritual de un cristiano es su trabajo, su deber de ese día, hacerlo como expresión de la voluntad de Dios.

5. Para renovarnos en nuestro espíritu: la misa de cada día, en la que nos  ofrecemos a Cristo.

6. La intensidad de la vida interior, lejos de excluir la actividad social, la hace más urgente, como un desborde necesario de esa riqueza que, contenida, aprieta el fondo del alma.

7. Hay que vivir permanentemente en alerta para no desertar del espíritu de Cristo y no adherir a la mentalidad pagana del ambiente.

8. Hay un peligro continuo de solidarizar más íntimamente con las costumbres de la sociedad en la que vivimos temporalmente, que con las máximas de la Iglesia que es nuestra sociedad de la eternidad.

9. Un grado de progreso en esta vida (espiritual) es también más valioso que todos los progresos humanos. No quiere decir que se opongan, que se combatan, pero progresar en esta vida, es progresar en los planes de Dios, en lo eterno, en lo real, en lo verdadero.

10. Nuestro espíritu es simple, indestructible, incorruptible. Tiene, en cuanto espíritu y creado, una naturaleza semejante a la de Dios…; creado por Dios a su imagen y semejanza. Semejante en su naturaleza y semejante en sus tendencias. Con hambre irresistible de bien, de bueno, de bello, de verdadero: siempre pide más y más.

11. Harto peligro hay en nuestro tiempo de contentarse con una fidelidad de práctica exterior, aún de devoción sincera, con una separación de los impíos, pero con el alma abierta a todas las impiedades de este mundo.

12. Algunos se consideran culpables al estrechar la mano a un masón (o a un comunista), pero no tienen escrúpulo alguno de violar la caridad en sus palabras, destruyendo la fama del prójimo, o en sus obras, o en sus omisiones egoístas. Así se salva la apariencia y se vive “en regla” entre gentes honestas, sin inquietarse excesivamente de haber escandalizado a las almas rectas que juzgan por el espíritu.

13. El mundo está cansado de palabras; quiere hechos, quiere ver a los cristianos cumpliendo los dogmas que profesan.

14. La verdadera devoción no consiste solamente en buscar a Dios en el cielo o a Cristo en la Eucaristía, sino también en verlo y servirlo en la persona de cada uno de nuestros hermanos.

15. El Espíritu Santo no ha construido templos, ni hospitales, ni escuelas: no es su misión. Pero nos tiene a nosotros, y por nosotros quiere construirlos y nos pide nuestra cooperación para esta empresa.

16. Todos los grandes hombres fueron amantes del silencio. El mucho charlar es señal de pobreza interior de espíritu. Todas las grandes empresas nacieron del silencio… El silencio es siempre fecundo y no hay fecundidad espiritual sin silencio.

17. Jesús se hace presente y permanece en la Eucaristía para vivir con nosotros y que nosotros vivamos con Él… En Él hallaremos al amigo leal, al consejero fiel, al consolador amoroso, al confidente de nuestras penas y alegrías.

18. Por la Eucaristía -Sacramento, descienden sobre los fieles todas las gracias de la Encarnación redentora. Por la Eucaristía- Sacrificio, sube hasta la Santísima Trinidad todo el culto de la Iglesia militante.

19. El dogma de la comunión de los Santos, plenamente vivido, triunfará sobre la internacional materialista.

20. ¡Qué simple resulta nuestra espiritualidad! Ser Cristo. Obrar como Cristo en cada circunstancia de mi vida en lo que Cristo me ponga por delante. ¡Qué alegre! Terminará en la visión y en el amor de Dios.

 

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Eucaristía

1. Hacer de la Misa el centro de mi vida.

2. Mi Misa es mi vida, y mi vida es una Misa prolongada.

3. Qué horizontes se abren aquí a la vida cristiana. La Misa centro de todo el día y de toda la vida.

4. Por la Eucaristía, esta tierra de la encarnación se hizo el centro del mundo. Por ella, el Hijo permanecerá entre nosotros no por unos cuantos años fugitivos, sino para siempre. Mediante la Eucaristía Cristo permanece siempre presente en medio de su pueblo.

5. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. Por ella tenemos la Iglesia y por la Iglesia llegamos a Dios. Cada hombre se salvará no por sí mismo, no por sus propios méritos, sino por la sociedad en la que vive, por la Iglesia, fuente de todos sus bienes.

6. Comulgar es vivir en Jesús, y vivir de Jesús: como el sarmiento en la vid y de la vid. Jesús único principio y raíz de toda la vida: de la gracia, de la luz, de la fuerza, de la fecundidad, de la felicidad, del amor.

7.  Jesús se hace presente y permanece en la Eucaristía, para vivir con nosotros y que nosotros vivamos con Él. Jesús espera nuestras visitas. En Él hallaremos al amigo leal, al consejero fiel, al consolador amoroso, al confidente de nuestras penas y alegrías. Jesús recibe nuestras visitas como de un amigo con otro amigo querido.

8. El que comulga se va despojando de sí mismo y llega a no tener otra vida que la de Jesús, la vida divina, y nada hay más grande que eso. El que llega a vivir la vida de Jesús plenamente “dará mucho fruto” como lo decía el mismo Jesús.

9. El Cristo Eucarístico se identifica con el Cristo de la historia y de la eternidad. No hay dos Cristos sino uno solo. Nosotros poseemos en la Hostia al Cristo del sermón de la montaña, al Cristo de la Magdalena, al que descansa junto al pozo de Jacob con la samaritana, al Cristo del Tabor y de Getsemaní, al Cristo resucitado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre. No es un Cristo el que posee la Iglesia de la tierra y otro el que contemplan los bienaventurados en el cielo: ¡una sola Iglesia, un solo Cristo!

10. Esta maravillosa presencia de Cristo en medio de nosotros debería revolucionar nuestra vida. No tenemos nada que envidiar a los apóstoles y a los discípulos de Jesús que andaban con Él en Judea y en Galilea. Todavía está aquí con nosotros. En cada ciudad, en cada pueblo, en cada uno de nuestros templos; nos visita en nuestras casas, lo lleva el sacerdote sobre su pecho, lo recibimos cada vez que nos acercamos al sacramento del Altar. El Crucificado está aquí y nos espera.

11. El sacrificio eucarístico es la renovación del sacrificio de la cruz. Como en la cruz todos estábamos incorporados en Cristo; de igual manera en el sacrificio eucarístico, todos somos inmolados en Cristo y con Cristo.

12. Y la comunión, esa donación de Cristo a nosotros, que exige de nosotros gratitud profunda, traerá consigo una donación total de nosotros a Cristo, que así se dio, y a nuestros hermanos, como Cristo se nos dio a nosotros.

13. A la comunión no vamos como a un premio, no vamos a una visita de etiqueta, vamos a buscar a Cristo para “por Cristo, con Él y en Él” realizar nuestros mandamientos grandes, nuestras aspiraciones fundamentales, las grandes obras de caridad…

14. Después de la comunión quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros. Vivir nuestro día como Cristo, ser Cristo para nosotros y para los demás. ¡Eso es comulgar!

15. Con el sacrificio de Cristo nace una nueva raza, raza que será Cristo en la tierra hasta el fin del mundo. Los hombres que reciben a Cristo se transforman en Él. “Vivo yo, ya no yo, Cristo vive en mí”, decía S. Pablo, y vive en mi hermano que comulga junto a mí, y vive en todos los que participamos de Él. Todos formamos un solo Cristo. Vivimos su vida, realizamos su misión. Somos una nueva humanidad, la humanidad en Cristo. Estrechamente unidos, más que por la sangre de familia, por la sangre de Cristo, y en Cristo, por Cristo, y para Cristo vivimos en este mundo.

16. Un alma permanece superficial mientras que no ha sufrido. En el misterio de Cristo existen profundidades divinas donde no penetran por afinidad sino las almas crucificadas. La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz. Muchos cristianos se quejan de la tibieza de sus comuniones, del poco fruto que obtienen de su contacto con Cristo. Olvidan que la verdadera preparación a la Comunión no se reduce a simples actos de fervor, sino que consiste principalmente en una comunión de sufrimientos con Jesús.

17. …Si queremos realizar la vida de Cristo, no busquemos alimentos de sensibilidad, literatura, sino el gran alimento del cual no podemos prescindir: la Eucaristía.

 

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Evangelio

1. Al comparar el Evangelio con la vida de la mayor parte de nosotros los cristianos, se siente un malestar… La mayor parte de nosotros ha olvidado que somos la sal de la tierra, la luz sobre el candil, la levadura de la masa…

2. El soplo del Espíritu no anima a muchos cristianos; un espíritu de mediocridad nos consume.

3. Hay entre nosotros activos y más que activos, más aún, agitados, pero las causas que nos consumen no son las del cristianismo.

4. Procedamos más según el Evangelio, sin tanta complicación.

5. El Evangelio es sencillo, sustancioso, de una universalidad y flexibilidad tal, que se puede aplicar en todo momento, en todas las situaciones y con todo acierto.

6. De esta fuente primaria hemos de sacar más nuestra conciencia y nuestra convicción, no tanto de aguas filtradas sin sabor y sin fuerza.

7. Después de mirar… lo que uno encuentra en torno a sí, tomo el evangelio, voy a San Pablo y allí encuentro un cristianismo todo fuego, todo vida, conquistador.

8. Un cristianismo verdadero que toma todo el hombre, rectifica toda la vida, agota toda actividad. Es como un río de lava ardiendo, incandescente, que sale del fondo mismo de la religión.

9. Cristo, el Amigo venido de lo alto, vino a evangelizarnos un gran gozo, como lo anunció el Ángel a los pastores. Él nos prometió aliviarnos la carga y hacer brotar en nuestros corazones una fuente de aguas vivas que salta hasta la vida eterna.

10. Su mensaje comienza siempre con palabras de alegría: pax vobis, la paz a vosotros.

11. Su doctrina se resume en un código de felicidad y de alegría increíble: las bienaventuranzas…

12. Bienaventurados, felices seréis… es la frase que se repite antes de cada punto de su programa.

13. Ese programa no son palabras de candidato, sino una vida que Él vivió y que han vivido sus santos, los seres más alegres de la tierra, los únicos seres en quienes la alegría ha sido permanente y honda.

14. Muchos Apóstoles de hoy día fallan por haber partido demasiado pronto, o haberse contentado demasiado luego, con lo que tenían de ciencia, de experiencia, de virtud. Demasiado pronto se sintieron completos.

15. Sacerdotes, indefinidamente fuera de la vida, fuera de lo real, inadaptados o mal comprendidos, repitiendo los mismos clichés, ante una clientela demasiado fácil.

16. La inmensa masa sigue ignorando aún que hay Dios, y que Cristo ha venido… sin que haya quien recuerde a los poderosos, a los superiores, como a los humildes, sus deberes, ni quien señale el camino en los momentos críticos…

17. Erróneo es pensar que el cristianismo es antes que nada una fuerza moral, una filosofía de la vida, una sociología. El cristianismo es antes que todo un credo, un dogma, una aceptación de la revelación divina, aceptación, claro está, que ha de traducirse en vida.

18. Hay quienes quieren un cristianismo trunco: su moral, su concepto de la autoridad, de la propiedad, sus reformas sociales. Pero eso, sin la aceptación íntegra de la fe, de la revelación, no es catolicismo.

19. Un cristianismo sin fuego y sin amor, de gente tranquila, de personas satisfechas, de hombres temerosos, o de los que gozan con mandar y desean ser obedecidos. Un cristianismo así no hace falta: los que tienen consuelo en su interior, abundancia en su hogar, honores en la sociedad, ¿para qué necesitan a Dios?

20. Pero felizmente se encuentran en todas partes grupitos de cristianos que han comprendido el sentido del Evangelio.

21. Nos enseña nuestro dogma que Cristo amó, ama a todos, aún a los más miserables de los pobres, de los pecadores, los desamparados, los abandonados del mundo, los publicanos y salteadores, todos ellos son amados de Cristo y a semejanza de aquel buen ladrón cuando quieren oír la palabra de Cristo se transforman en Santos.

22. Hay gestos cobardes que el Evangelio condena con violencia, los cuales no nos atreveríamos a justificar. Estar de pie en la plaza ociosos, cuando hay tanto trabajo en la viña del Padre. Apartar de Cristo a los pequeñuelos, de los cuales es el Reino de los Cielos….Volver la vista atrás cuando se ha cogido ya el arado, porque denota un corazón dividido, que no quiere decidirse…al seguimiento entero de Cristo.

23. Lleno está todo el Nuevo Testamento de esta idea central: el hombre está en el mundo para reflejar las perfecciones divinas, la pureza, la justicia, la misericordia, la bondad, la fortaleza, la eternidad, la santidad de Dios.

24. La humanidad evoluciona, evoluciona, evoluciona… condiciones nuevas de vida que nos desequilibran, y parece que el mundo va a perecer. ¿Queremos una solución? Vamos al Evangelio, a las palabras de Jesús y allí está todo previsto…

25. Nuestra vida es grande a la luz del Evangelio, nada es pequeño en ella, nada insignificante, porque todo puede ser objeto de la bendición divina y nuestra pequeña limosna puede ser tan grande, con esa bendición, que sea capaz de alimentar el mundo.

 

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Fe

1. El hombre necesita pan, pero también necesita fe. Necesita bienes materiales, pero más aún necesita el rayo de luz que viene de arriba y alienta y orienta nuestra peregrinación terrena. Esa fe y esa luz, sólo Cristo y su Iglesia pueden darla.

2. Un cristiano verdaderamente consciente de su fe no puede menos de preguntarse cuál es la situación de sus hermanos, cuáles son sus alegrías y sus dolores, para “gozarse con los que gozan y dolerse con los que lloran”, como decía Pablo de Tarso.

3. Grandes sectores que aún son cristianos guardan su fe como una tradición de familia, como un sentimiento, no como una vida que se adueña de ellos.

4. ¡Cuántos hombres habrían sido diferentes si hubieran encontrado en su vida alguien que hubiese tenido fe en ellos, alguien que hubiese sabido penetrar la corteza de indolencia y apatía que cubre los grandes valores del alma… pero se necesita un experto y sobre todo un hombre que tenga fe en el hombre y en la gracia de Dios, siempre dispuesta a ayudar a la más noble de sus obras!

5. Aquellos que nunca han tenido alguien que se fíe de ellos, no han visto brillar la más bella estrella de su vida.

6. La gran receta para tener alegría, es vivir la fe.

7. La fe es una luz que invade. Mientras más se vive mayor es su luz. Ella todo lo penetra y hace que todo lo veamos en función de lo esencial, de lo intemporal.

8. Por más recia que sea la tormenta, el hombre de fe sabe que el Padre, a quien no falta poder, ni amor, es quien todo lo gobierna y lo encamina para el bien de sus hijos.

9. Por la fe debemos ver en los pobres a Cristo y si no lo vemos es que nuestra fe es tibia y nuestro amor imperfecto.

10. La fe suple las deficiencias de la razón.

11. El escándalo de los malos cristianos es uno de los grandes responsables de la pérdida de la fe en las masas.

12. Vivir de fe es juzgar las cosas a la luz de la eternidad. Juzgar el dinero, el tiempo, los placeres, los honores, los dolores, las humillaciones… todo a la luz de la eternidad, a la luz de Cristo, a la luz del querer divino.

13. Sólo nosotros podemos dar a los hombres, nuestros hermanos, la fe que tanto necesitan. Dárselas no con palabras, no con prácticas superficiales, sino con ese sentido de lo divino que llene nuestras vidas, con esa visión de eternidad que guíe nuestros actos, con el sentimiento de la presencia de Dios que da solemnidad a todas nuestras acciones.

 

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Felicidad

1. Feliz él si descubre sus posibilidades de dar. Aprenderá por propia experiencia, que hay más alegría en dar que en recibir.

2. Si bien esta vida es un valle de lágrimas, el cristiano no se resigna a la injusticia y a la miseria de sus hermanos, y trata de introducir aquí abajo todas las mejoras que hagan posible una felicidad terrestre de la multitud congregada; exige que ser reconozca a cada uno su derecho a vivir, al trabajo, y a su perfección de personas en cuanto personas.

3. Es necesario comenzar por salir del ambiente enfermizo de preocupaciones egoístas. Hay gente que vive triste y atormentada por recuerdos del pasado, por lo que los demás piensan de él en el presente, y por lo que podría ocurrirle en el futuro. Que se olviden pues, de sí y se preocupen de los demás, de hacerles algún bien, de servirlos y los fantasmas grises irán desapareciendo. La felicidad no depende de fuera, sino de dentro.

4. No es lo que tenemos, ni lo que tememos, lo que nos hace felices o infelices. Es lo que pensamos de la vida. Dos personas pueden estar en el mismo sitio, haciendo lo mismo, poseyendo igual, y, con todo, sus sentimientos pueden ser profundamente diferentes.

5. No basta sonreír para vivir contentos nosotros. Es necesario que creemos un clima de alegría en torno nuestro. Nuestra sonrisa franca, acogedora, será también de un inmenso valor para los demás.

6. El cristianismo se resume entero en la palabra amor: es un deseo ardiente de felicidad para nuestros hermanos, no sólo de la felicidad eterna del cielo, sino también que se preocupa de todo cuanto puede hacerle mejor, procurar al hombre esta vida, que ha de ser digna de un hijo de Dios. Todo cuanto encierran de justo los programas más avanzados, el cristianismo lo reclama como suyo, por más audaz que parezca, y si rechaza ciertos programas de reivindicaciones no es porque ofrezcan demasiado, sino porque en realidad han de dar demasiado poco a nuestros hermanos, porque ignoran la verdadera naturaleza humana, y porque sacrifican lo que el hombre necesita más aún que los bienes materiales, los del espíritu, sin los cuales no hay dicha humana par quien ha sido creado para el infinito.

7. El hombre quiere la felicidad y la felicidad es la posesión de Dios.

8. Cristo me pide vivir con alegría al saber que estoy en sus manos.

9. La vida está aquí: en Cristo. La alegría está aquí: en Él y con Él. Cristo es la fuente de nuestra alegría, en la medida que vivamos en Él viviremos felices.

10. No hay más que un camino de felicidad; servir a Dios, unirse a Él. Aquél más feliz es el que está más íntimamente unido a Dios.

11. Mi felicidad no consiste en otra cosa que hacer la voluntad de Dios, con alegría o sin ella, sea cual fuere el juicio de los hombres. Si noto faltas esté cierto que junto con pedir perdón de ellas estoy perdonado. Que nada pues, me quite la habitual alegría.

12. La felicidad y la alegría son una realidad en el cristianismo, pero esta realidad echa sus raíces hondas en el sufrimiento, en la abnegación, en el dolor. Se nutre de renunciamiento y de sacrificio: el grano de trigo, si no muere permanece solo, para que dé fruto es necesario que muera y entonces dará fruto abundante.

13. Salvar el alma es por consiguiente la felicidad. El deseo de ser felices es en nosotros tan connatural como la respiración. Aquí no encontramos sino granitos de felicidad; allá, en el cielo, la felicidad sin sombras ni atenuaciones. ¡La bienaventuranza eterna! ¡La vida eterna! ¡El cielo! Tres bellísimas expresiones del pueblo cristiano con las cuales hace profesión de su destino eterno: “Creo en la vida eterna”.

14. El dolor no es el fin de nuestra vida. Dios no nos ha creado para padecer. Nos ha creado para satisfacer las ansias infinitas de felicidad que Él mismo ha puesto dentro de nuestro corazón, para ser como Él, tanto cuanto es posible a una criatura.

15. Con frecuencia, piensan algunos, que la felicidad humana consiste en ser libres de seguir nuestro capricho. Nosotros, en realidad, somos libres de seguir a Cristo, o bien de abandonarlo, para volver a nuestra antigua esclavitud, la del mal, de la cual nos rescató. No es condición humana la de estar libre de todo servicio, la de ser autónomo.

16. Si buscamos la felicidad propia y ajena ¿dónde la encontraremos? si no es uniéndonos al que es la felicidad, al que va a constituir durante una eternidad la alegría de los escogidos, uniéndonos a Aquél cuya contemplación es tan infinitamente variada que durante una infinita duración será siempre nueva, siempre atrayente: será el cielo.

17. Un cristiano recuerda que el primer mandamiento es el mandamiento del amor… signo distintivo de sus discípulos, y por eso más allá de sus preocupaciones de salvación personal, que las toma muy en serio, piensa en la salvación de sus hermanos, en darles la alegría y la felicidad que constituyen las señales del verdadero amor.

18. Vivir en la alegría, en la paz, en la serenidad, sabiendo que Cristo y su Madre velan por nosotros, que tenemos el Padre que nos ama, y el Espíritu que mora en nuestros corazones. Y poseídos de esta felicidad hacer participantes de ella a los demás.

19. La edad madura ha aprendido a sonreír: cosa que los jóvenes aún no saben hacer. Saben reír y ríen demasiado… pero la sonrisa es un rasgo peculiar de la edad madura. Es la alegría silenciosa y algo desencantada: en el gesto de la experiencia que ya ha conocido el desengaño… La sonrisa de la edad madura es peligrosa: puede ir llena de desdén. El cinismo de la juventud está cargado de arrogancia, el de la edad madura puede ir lleno de desdén.

20. El hombre necesita pan, pero necesita también fe; necesita bienes materiales, pero más aún necesita el rayo de luz que viene de arriba y alienta y orienta nuestra peregrinación terrena: y esa fe, esa luz, sólo Cristo y su Iglesia pueden darla.

21. Es nuestro rostro siempre una sonrisa ancha y brillante como el sol. Llenar de sol la vida de los demás.

22.  Crear siempre alegría a nuestro alrededor. La vida no es triste sino alegre. El mundo no es un destierro sino un jardín. El hombre no nace para sufrir sino para gozar. El fin de nuestra vida no es la muerte, sino la vida.

23. Un hombre por más virtuoso que sea, si vive melancólico merecerá que se diga: “Un santo triste es un triste santo”.

24. Jaculatorias del fondo del alma; contento, Señor, contento. Y para estarlo decirle a Dios siempre, Sí, Padre.

25. La alegría o el dolor, es siempre la visita de Dios.

26. Hijo de Dios, heredero del cielo, que es la alegría sin la tasa ni medida… El canto está siempre en sus labios… Canta en el templo, canta en el hogar, canta cuando la pena ronda su alma. El canto que alegra y purifica como el agua, como la luz, como el sol y se traduce en risa franca y confiada.

27. Hay algo que todos queremos unánimemente en todo el mundo… Todos convenimos en una aspiración: la alegría. Todos queremos ser felices. …El corazón humano busca la alegría, lo positivo, el amor.

28. La felicidad no depende de fuera, sino de dentro.

29. ¿El pasado? Pertenece a la misericordia de Dios. ¿El presente? A su buena voluntad ayudada por la gracia abundante de Cristo. ¿El provenir? Al inmenso amor de su Padre Celestial.

30. Donde quiera que encontramos una sonrisa llena de sol, sincera, franca, calurosa, la agradecemos en este mundo en que dominan los días grises. ¡Cuántas veces tiene el poder de disipar los nublados!

31. No es lo que tenemos, ni lo que tememos, lo que nos hace felices o infelices. Es lo que pensamos de la vida. Dos personas pueden estar en el mismo sitio, haciendo lo mismo, poseyendo igual y, con todos sus sentimientos, pueden ser profundamente diferentes.

32. Quien quiera ayudarse también de medios naturales comience por no dejarse tomar por una actitud de tristeza. Sonría aunque no quiera; y si ni eso puede, tómese los cachetes y hágase el paréntesis de la sonrisa.

33. …Nosotros los cristianos que renunciamos a tantos goces, no podemos renunciar a un goce, el mayor de todos, el ser felices.

 

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Formación

1. Hay tan pocos hombres completos. Los profesores nos preocupamos tan poco de formarlos. Y pocos toman en serio el llegar a serlo.

2. La formación debe llevar a cada uno a descubrir en sí aquel núcleo creador característico suyo, y a ponerlo en contacto con la chispa eterna. Este momento será Pentecostés. El que no ha descubierto su principio creador… no podrá modelarse él mismo orgánica y armónicamente. No está formado.

3. Hay un punto fundamental para que el hogar sea realmente una escuela y es el ambiente de un gran idealismo en el hogar… Si no hay ambiente de idealismo generoso no habrá vida honesta, porque no habrá fuerza para aceptar los sacrificios que supone la honradez de vida.

4. Toda formación que no modela la personalidad propia, sino que se deja avasallar y aplastar por las cosas, es una formación deforme. La formación ha de ser “sabiduría”.

5. Toda verdadera experiencia estética es un peldaño para el mismo Dios. Esta es la actitud del humanismo cristiano, abierto a todos los valores, porque son vestigios de Dios en la creación.

6. El cultivo del arte nos llevará, pues, a Dios.

7. La formación sobrenatural cristiana no es obtener formación extraña a la realidad. La formación cristiana es la formación de este mundo al mundo del más allá, de la naturaleza a la supernaturaleza, no es el desprecio de lo visible, sino su elevación encuadrándolo en el plano de lo divino.

8. La historia comprueba que siempre que decrece la vida cristiana, baja también con ella el nivel de cultura. Cuando desaparece la cultura humanística se introduce la barbarie.

9. El hombre tiene dentro de sí su luz y su fuerza.

10. La ciencia no es para la iglesia un lujo, sino una “condición vital de la fe y del apostolado”. Lo primero que se pide a un sacerdote es la santidad de su vida, pero además se le exige ciencia divina y humana y el conocimiento de todo lo que tiene un valor espiritual.

11. El espíritu sobrenatural solo, no basta para solucionar el problema social. Aunque todos los cristianos fuesen santos, no por ese sólo hecho se solucionaría el mal social, aunque, claro está, la tarea estaría enormemente facilitada al desaparecer el principal escollo del egoísmo. Hace falta también la técnica.

12. Es necesario observar las cosas, criticar las ideas, razonar sobre los hechos, proponer planes y construir. Hay que pasar de la moral a la técnica y para ello se necesita talento, trabajo y preparación especial.

13. Es misión del educador hacer caer en la cuenta a sus alumnos de los beneficios inmensos que nos proporciona cada día el trabajo de los demás.

14. Hacer consciente a cada joven y aún a cada niño, que es una persona, que en sus manos hay latente un inmenso poder, para el bien como para el mal, que así como los átomos microscópicos son capaces de esa tremenda energía cuando se la logra desencadenar, así ellos también son potenciales de felicidad ajena, de resurrección nacional.

15. ¡Responsabilidad! ¡Responsabilidad! ¡Responsabilidad! Es una palabra que los educadores han de predicar en todos los tonos y en todos los momentos a los educandos.

16. Al preparar a los niños a la primera comunión, se insiste en prepararlos para vivir en estado de gracia, pero, ¿se insiste igualmente en “el estado de caridad”? Se dice a los niños que hay que pedir a Jesús que los mantenga puros, pero, ¿cuántos les recomiendan que pidan generosidad y sacrificio?

17. Cada mañana un examen de previsión: ¿Qué buena obra puedo hacer hoy? Y cada noche, un examen retrospectivo: ¿He procurado servir, ser amable, alegrar hoy a los demás?

18. Fiarse de los obreros, fiarse de los jóvenes, fiarse de los niños, es una virtud profundamente formadora. Aquellos que nunca han tenido alguien que se fíe de ellos, no han visto brillar la más bella estrella de su vida. Podrán decir a sus padres y educadores, con razón: “Hubiera sido diferente si alguien hubiese tenido fe en mí”.

19. Todo hombre es débil cuando sólo se defiende a sí mismo, pero su debilidad se vuelve fuerza cuando tiene la responsabilidad de otros seres más débiles que él a quienes defender.

20. El trato de preferencia que puede dar un educador a los muchachos de situación más distinguida, de presentación más acomodada, crea amargura y hasta odios profundos, cuyas consecuencias no se pueden prever.

21.  Cada profesión ofrece campo de trabajo cotidiano para una acción social profunda.

22. Un libro para muchos ha sido la ocasión de descubrir su vocación a la fe, al sacerdocio, al apostolado social… Cada uno de nosotros, ¡cuánta gratitud no debe a escritores que han ejercido poderosa influencia sobre su vida!

23. ¡Cuántos autores hay cuyas obras exhalan como perfume una sana filosofía, animadora para el bien!

24. Hay quienes tienen grandes talentos artísticos y nunca han sospechado que pueden ejercer una influencia social, si con espíritu de colaboración los ponen al servicio de una causa de bien común.

25. ¿Ha habido alguien que durante los años de colegio se haya encargado de hacer caer al niño en la cuenta de que sus actos repercuten en sus compañeros, que él está ligado a ellos por deberes y derechos recíprocos? Con frecuencia el alumno vive creyendo que su pereza o laboriosidad, son asuntos que sólo a él le interesan… ¡Profundo error!

26. Lo esencial es que el alumno comprenda que hay que reemplazar el principio de su responsabilidad individual delante del profesor por el de la solidaridad social, solidaridad de los alumnos entre sí y de los alumnos con el maestro y no contra él.

27. Los profesores que verdaderamente dominan sus materias dan margen a que en clase participen, ordenadamente, los alumnos en la discusión de un tema, de modo que la conclusión sea el esfuerzo de todos.

28. Una pedagogía social no puede contentarse con decir al niño: “Cuando tú seas grande harás esto o aquello”. La enseñanza moral, más que ninguna otra disciplina, para ser asimilada debe ser vivida.

29. Una vez puesta en claro la supremacía del bien común sobre los intereses individuales o colectivos, estarán más preparados los alumnos para profundizar el valor del patriotismo y el sentido de la comunidad internacional.

30. Disciplina y libertad, respeto y confianza, iniciativa y obediencia son términos a primera vista antagónicos, y que, sin embargo, una pedagogía social no debe oponer, sino por el contrario combinar.

31. La idea de asociar a los alumnos en una cierta medida al ejercicio de la autoridad debe ser mirado como un principio de formación social que hace desaparecer la idea individualista del alumno frente al maestro, para dar lugar a la concepción de solidaridad de los alumnos entre sí y con sus educadores.

32. La mayor parte de los juegos tienen un elemento de formación social, por cuanto al jugar se observan determinadas reglas que todos deben cumplir como en la vida real. La formación de orquestas y coros y las representaciones teatrales, tienen un valor de educación social bien efectivo, por la coordinación de fuerzas que supone la producción de un todo armónico.

33. La formación profunda de la voluntad no puede ser la obra de un maestro. Es la obra de todos los educadores unidos en un mismo ideal y una colaboración constante… Que los educadores se persuadan que son solidarios los unos de los otros, que sus esfuerzos deben ir unidos y que comiencen por ofrecer a sus alumnos el espectáculo de la colaboración.

 

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Hombre

1. ¿Qué es el hombre?… Allí, en Dios, está el centro de la vida. De Él viene y a Él va. Y el que reconoce esta verdad tiene ya la luz orientadora: su esfuerzo debe consistir en encaminar la vida toda a dejarse poseer por esa luz. Mientras más se oriente a esa zona luminosa que es Él, más se acercará al centro de su vida, más segura estará su existencia.

2. El ideal debe ser tender una línea recta que una mi vida con la vida de ese ser, fuente de mi ser… Una recta; no un zig-zag, como lo pretenden mis engañosas pasiones.

3. Todo ser humano es una flecha disparada hacia la eternidad, por los siglos de los siglos. El cuerpo se convertirá en polvo, los astros se acabarán y el alma vivirá eternamente allá.

4. Una verdad hay, la más conocida de las verdades, pero la menos meditada, que tiene el valor de centrar la vida cuando se penetra a fondo; es la realidad de mi origen y destino. Centrar mi vida, viene pues a ser equivalente a orientarla hacia la eternidad, según el querer divino.

5. …Miraba la placidez del cielo, escuchaba el murmullo de las olas, que me decían: Dios, Dios.

6. ¡Nada como la religión da al hombre conciencia de su dignidad y le revela los valores que están ocultos en él! Pero una religión que sea algo más que prácticas semi-supersticiosas, que sea conciencia de haber sido elevado por Dios a la vida divina.

7. En el hombre hay una chispa de lo divino, ya que fue hecho a imagen y semejanza de Dios.

8. Los hombres, por gracia, pasan a ser lo que Jesús es por naturaleza: hijos de Dios.

9. El destino eterno del hombre está en armonía con su destino temporal.

10. El camino a la cabeza comienza en el corazón.

11. El hombre no puede equilibrarse sino por un dinamismo, por una aspiración, de los más altos valores de que él es capaz. El equilibrio no se decreta…, es un asunto personal del cual cada uno es el primer responsable.

12. Si el equilibrio viene a tumbarse por estructuras enfermizas, impuestas desde fuera, será necesario un esfuerzo mayor para recobrarlo, pero será un equilibrio también superior.

13. El hombre generoso tiende a marchar demasiado a prisa; quiere instaurar el bien y pulverizar la injusticia, pero… hay lo deseable y lo posible.

14. Místicamente, se trata de caminar al paso de Dios, de tomar su sitio justo en el plan de Dios. Todo esfuerzo que vaya más lejos es inútil, más aún nocivo.

15. La acción tiene sus peligros: obrar por obrar; obrar por afirmarse, obrar por brillar, obrar por dominar. Ver demasiado grande. Querer el éxito a toda costa. Querer ir demasiado a prisa. Perder el contacto con Dios.

16. La acción tiene sus peligros: Sacrificar a los otros a mi juego. Convertirme en político, o en hombre de negocios, o en patrón. Saborearse con el éxito, o carcomerse por los fracasos; endurecerse, creerse en el término y no querer seguir avanzando.

17. Abandonar el estudio, abandonar la oración, perder la humildad, convertirme en un sectario. Dejar de ser apóstol, perder mi capacidad de acogida bondadosa. Desear el poder y el apoyo de los grandes. Comprometer a la Iglesia. Dejarse maniobrar, pactar con la injusticia… Creerse indispensable a Dios. No orar bastante.

18. La acción tiene sus peligros: No darse por entero. Preferirse a la Iglesia. Estimarse en más que la obra que hay que realizar, o buscarse en la acción. No esforzarse por tener una visión lo más amplia posible. No retroceder para ver el conjunto. No tener en cuenta el contexto del problema.

19. Trabajar sin método. Improvisar por principio. No prevenir. No acabar…Querer siempre tener la razón… No ser disciplinado. No respetar a los demás; no dejarles iniciativas; no darles responsabilidades. Ser duro para sus asociados y para sus jefes. Tomar a todo el que se opone como si fuese un enemigo… Ser demoledor por una crítica injusta o vana.

20. Estar habitualmente triste o de mal humor. No dormir bastante, no comer lo suficiente. No guardar por imprudencia y sin razón valedera la plenitud de sus fuerzas y gracias físicas. Peligros bien reales que pueden llegar a inutilizar al apóstol. Dios se encargará de purificarlo.

21. Un hombre agotado busca fácilmente la compensación… Ha perdido parte del control de sí mismo, el cuerpo está cansado, los nervios agitados, la voluntad vacilante. Las mayores tonterías son posibles en estos momentos. Entonces hay, sencillamente, que relajar. Volver a encontrar la calma entre amigos bondadosos, recitar maquinalmente su rosario, dormitar dulcemente en Dios.

22. Uno ha de estar a gusto con los demás, si quiere que los demás estén a gusto con uno. Si uno se aburre con ellos, ¿es de extrañarse que ellos se fastidien con uno?

23. Muy poco aprecio revelan “por ese tesoro escondido”, por “esa perla preciosa” que es el reino de los cielos, los que encuentran caro cualquier sacrificio que se les pide por Cristo.

24. El hombre tiene dentro de si su luz y su fuerza. No es el eco de un libro, el doble de otro, el esclavo de un grupo… Juzga las cosas mismas, quiere espontáneamente, no por fuerza, se somete sin esfuerzo a lo real, al objeto y nadie es más libre que él.

25. La preparación de la voluntad es mil veces más importante que la preparación de la inteligencia. La voluntad nos hace capaz de todos los renunciamientos y sacrificios. Nos hace capaz de llamar a Dios su Padre, a Cristo su hermano.

26. No hay formación de la voluntad, no hay vida pura, vida ordenada, sin un gran renunciamiento, sin sacrificio, sin heroísmo. El que no es héroe, no es hombre.

27. Esfuerzo sin sentido conocido es esfuerzo perdido. Esfuerzo motivado es esfuerzo aprovechado.

28. Todo hombre, cualquiera sea su fortuna o su apellido, merece el mismo respeto que el mayor potentado del dinero. Cada hombre es hijo de sus obras y su mayor nobleza reside en la dignidad de su conducta y en la entereza de sus costumbres.

29. El cristiano es un hombre a quien Dios ha confiado a todos los demás hombres.

30. Todo hombre es débil cuando sólo se defiende a sí mismo, pero su debilidad se vuelve fuerza, cuando tiene la responsabilidad de otros seres más débiles que él a quien defender.

31. No es fácil conversar. Lo más difícil está, no en hablar, sino en callar. El que se interesa quiere oír su voz. En la conversación se busca frecuentemente un desahogo, aún bajo el pretexto de una consulta. El que sabe escuchar tiene un gran camino asegurado y a la larga es el que domina.

32. Una amistad se alimenta de respeto y de estima y estas cualidades se echan de ver más en lo pequeño que en lo grande.

33. …He aquí una de las grandezas del hombre: puede hacer algo por Dios. Le da la grandeza de ayudarlo. Lo toma en serio.

34. Dios creó hombres y de nosotros depende la salud, la prosperidad, el bienestar, la instrucción, la vida y la muerte de esas criaturas… Somos colaboradores reales de Dios y su obra está entregada en nuestras manos.

35. Sí, la ley quita espontaneidad a la vida… Pero, el hombre ama la espontaneidad, su propia inspiración, los gestos nacidos de él, porque sabe que serán únicos en el universo, que serán su creación, ¡y es tan grande crear!

36. Cada grado de mayor conocimiento o amor de Dios nos hace a nosotros más perfectos, más puros, más leales, más generosos, más semejantes a Dios, que es la perfección.

37. Vivir… no en el suelo sino en el cielo, con mi corazón.

38. Visión amplia, corazón grande. ¡Que nada me turbe, nada me espante, nada me detenga, nada me empequeñezca ni aprisione! Hombres del infinito. Ver el mundo a la luz de Dios, según los planes de Dios; buscando en él la gloria del Señor.

39. Tenemos un principio espiritual en nosotros sumamente exigente. A cada momento esperamos algo grande y nos sentimos desilusionados al ver lo poco que hemos hecho. Es la sed, el tormento de infinito. La vida de aquí promete y nunca cumple.

40. Mi principal preocupación más que conocerme, es saberme conocido, buscado y hallado.

41. El concepto cristiano de autoridad: no el derecho de mandar; el deber de proteger. Tengo autoridad en la medida que puedo proteger… No para gloriarse, sino por el bien del súbdito.

42. Todos poseemos un arma: la bondad. Mientras la autoridad es discutida, la bondad es siempre acatada.

43. Debemos hacer de la tierra una casa digna de los hombres para que sea digna de Dios.

44. A enseñar ingeniería, como Cristo lo enseñaría…; a hacer una operación con la delicadeza…; a tratar a sus alumnos con la fuerza suave, amorosa, respetuosa de Cristo, a interesase por ellos como Cristo se interesaría si estuviese en su lugar. A viajar como viajaría Cristo; a orar como oraría Cristo; a conducirse en política, en economía, en su vida de hogar como se conduciría Cristo…

 

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Humildad

1. La humildad consiste en ponerse en su verdadero sitio. Ante los hombres no pensar que soy el último porque no lo creo. Ante Dios, reconocer continuamente mi dependencia absoluta respecto a Él. Todas mis superioridades frente a los demás de Él vienen.

2.  Humildad es por tanto… Reconocerse tan inteligente, tan virtuoso, tan hábil como uno cree serlo… pero sabiéndose en absoluta dependencia ante Dios.

3. El que no piensa grande en función de todos los hombres está perdido de antemano. Algunos te dirán: “¡Cuidado con el orgullo…! ¿Por qué pensar tan grande?” Pero no hay peligro: mientras mayor es la tarea, más chico se siente uno.

4. Vale más tener la humildad de emprender grandes tareas con peligro de fracasar, que el orgullo de querer tener éxito achicándose.

5. ¿El éxito? ¡Abandonarlo a Dios!

6. Se quejaba un novicio de su poco valer… Pero hermano, ¿y usted cree que Dios ya no tiene fuerzas? ¿Se acuerda lo que hizo Sansón con una quijada de burro, cómo destrozó a los filisteos? ¿Qué hará Dios ahora que tiene en sus manos un burro entero?

7. La reflexión sincera del punto de vista ajeno, helará muchas críticas en mis labios; me mostrará mis limitaciones y mis errores; hará crecer mi estima por los otros y hasta mi veneración por aquellos que yo había despreciado por ligereza.

8. Sinceros siempre; jamás aceptar lo que no puede ser aceptado, pero expresarlo con modestia, con respeto a las opiniones ajenas…

9. …El hombre sencillo que procura conocer a los demás, que se adapta a su manera de ser, que se ciñe a la ley de la verdad, que se confunde con la realidad, ése penetra en las almas y las domina.

10. Posee un pájaro, no el cazador que dispara, lo hiere o mata, sino el que cariñosamente lo alimenta y domestica. Posee una fiera, quien logra amansarla a fuerza de paciencia y de bondad. Posee un hombre, quien va del corazón a la cabeza.

11. La primera ley fundamental de mi vida debe ser la humildad, que corresponde a quien es nada, indigente, mendigo absoluto, que necesita de Dios para vivir, para moverme, para ser.

12. El fundamento de la humildad es la verdad… Es sierva de la verdad, y la Verdad es Cristo.

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Iglesia, responsabilidad filial

1. La encarnación histórica necesariamente restringió a Cristo y la vida divino-humana a un cuadro limitado por el tiempo y el espacio. La encarnación mística que es el cuerpo de Cristo, la Iglesia, quita esa restricción y la amplía a todos los tiempos y espacios donde hay un bautizado.

2. Porque es nuestra madre, tenemos frente a ella una responsabilidad filial.

3. Hemos pensado más en vivir de la Iglesia, que en hacerla vivir y por esto hemos vivido más pobremente.

4. Para muchos la Iglesia ha sido el refugio contra todas las inquietudes, el seguro de la eternidad, una tribuna desde la cual se pueda ver el desfile de la vida sin temor a ser abandonados en la marejada humana.

5. Nosotros somos responsables de la Iglesia, colaboradores de Dios en la gran edificación del Cuerpo del Señor, en la redención y santificación de la humanidad.

6. La responsabilidad del crecimiento de la Iglesia es mía. Él cumplió su misión, pero quiere que yo cumpla la mía. Quiere servirse de mis pies para caminar, de mis manos para trabajar, de mis labios para bendecir, de mi ejemplo para entrar en las almas, ¿le negaré mi esfuerzo?

7. Aquí está mi sublime y consoladora realidad. La razón de ser de la Iglesia es santificar al mundo. Quiere extenderse para extender en ellos la santidad.

8. No es otra la misión de la Iglesia, no es el dominio político, la construcción de soberbios edificios, la celebración de grandes congresos… todo eso en tanto cuanto ayude a la santificación de las almas, que es el único fin propio de la Iglesia.

9. La Iglesia será lo que seamos nosotros.

10. Nuestra acción o inacción tiene un sentido social. La Iglesia ganará o perderá algo, según que yo cumpla o no cumpla mi papel, el que Cristo me ha señalado.

11. La Iglesia es Jesús, pero Jesús no es completo considerado independientemente de nosotros. Él vino para unirnos a Él y formar, Él y nosotros, un solo cuerpo, el cuerpo místico…

12. La Iglesia es Cristo, nosotros somos la Iglesia. La Iglesia no es algo respetable, al servicio nuestro, pero extraña a nosotros mismos… no, la Iglesia es nosotros. Cristo y yo y usted, el gran nosotros.

13. Los hombres todos somos hermanos, hijos todos de una misma Iglesia, miembros del mismo cuerpo, cuya cabeza es Cristo y participantes de esta vida que de Él desciende.

14. La gran amargura que nuestra época trae a la Iglesia es el alejamiento de los pobres, a quienes vino principalmente a evangelizar Cristo.

15. La Iglesia no puede ser salvada por soñadores que sólo entran en su nave con ensueños o buenos deseos.

16. Más fácil es encontrar quienes defiendan a la Iglesia en sus luchas estrictamente religiosas, que quienes quieran afrontar íntegramente la lucha contra la concepción egoísta y pagana del mundo económico contemporáneo.

17. La Iglesia no es una institución oficial, un puro cuerpo oficinesco, sino que es un Cristo prolongado y viviendo entre nosotros.

18.  La autoridad de la Iglesia no es más que el magisterio de Cristo prolongado.

19. Los hombres… para entrar en la Iglesia esperan ver en nosotros, lo que vivimos en ella, el testimonio de la caridad de Cristo.

20. El cristiano sabe que la Iglesia es madre y como madre ha de cuidar de las necesidades todas de cada uno de sus hijos, sobre todo de los más necesitados.

21. Hemos de orar mucho… para que los hombres todos vean en la Iglesia el primado de la caridad, el esfuerzo permanente por realizar el amor de Cristo.

22. Yo quiero una Iglesia que sea al mismo tiempo obra divina y obra humana. La riqueza divina que da su limosna a la pobreza humana, y la riqueza humana que da su limosna a la pobreza divina. Dos riquezas y dos pobrezas que se complementan.

23. La Iglesia misionera no debe ser sólo la que bautiza y enseña catecismo, sino la que atiende a todas las necesidades de sus fieles y de los que puedan llegar a serlo: desde la comida, ropa, medicina, caminos… Es la Madre, madre visible.

24. A primera vista parece extraño que Dios haya dejado, a nuestra libertad, a nuestra generosidad, la suerte de su obra… pero, ¡qué motivo de tanta alegría que Dios haya confiado tanto en la generosidad de los hombres, que haya hecho depender de ellos la vida, la existencia de la Iglesia!

25. La Eucaristía es el centro de la vida cristiana. Por ella tenemos la Iglesia y por la Iglesia llegamos a Dios… Sin la Eucaristía, la Iglesia de la tierra estaría sin Cristo.

26. Jamás distinguir la Iglesia y Nuestro Señor. La Iglesia es Cristo, y Cristo es la Iglesia.

27. La vida de la Iglesia es sinfonía. Cada instrumento tiene el deber de alabar a los demás, pero no de imitarlos… Cada uno tiene su papel.

 

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Juventud

1. La juventud es la edad del heroísmo, y la gracia de Dios depositada en los corazones fuerza por abrirse paso en muchas almas hacia planos superiores.

2. Queremos incendiar…, tenemos antes que nada que incendiarnos a nosotros mismos. Queremos iluminar, tenemos antes que nada ser luz. Queremos dar sentido cristiano a la vida y ¿cómo lo daremos si no lo tenemos nosotros mismos?

3. El mundo está cansado de discursos, quiere hechos, quiere obras, quiere ver Cristianos que encarnan como Cristo la verdad en su vida. ¿Queremos salvar al mundo? Comencemos por hacernos Verbo, Verbo de verdad, de pureza, Verbo de caridad, Verbo de amor a Dios y al prójimo.

4. …Servirá a todos: al pobre y al rico; a la viejecita, flor que se deshoja; y al niño, botón que se abre a la vida. No le preguntará a nadie qué piensa para servirlo: es su hermano. Dará al fatigado. Tomará la carga ajena. Si tiene un sitio en su coche no dejará de ofrecerlo al transeúnte.

5. Menos proselitismo y más santidad; menos palabras y más testimonio de vida.

6. Si Cristo viniera hoy a nuestras fábricas y liceos, encontraría en ellos quienes lo seguirían con tanto ardor como en la primera generación cristiana.

7. El medio más importante de la educación sobrenatural, casi la base de toda educación, es infundir en los jóvenes el amor a Jesucristo.

8. El que ha mirado profundamente siquiera una vez los ojos de Jesús, no lo olvidará jamás.

9. La gran revolución no se hará posible sino cuando hayamos efectuado cada uno de nosotros mismos, la revolución de nuestra vida, orientándola hacia Cristo…

10. Operemos en nosotros la revolución cristiana y el mundo será cristiano.

11. El joven que ha recibido la Verdad tiene una actitud peculiar en todos los momentos de su existencia. Tiene un estilo propio. Al verlo se lo distingue de inmediato de los que no lo son. En alto su cabeza; arriba sus ojos; abierto su pecho; su paso firme. Es su único orgullo: “ser cristiano”. Hijo de Dios. Hermano de los hermanos de Cristo.

12. Cada generación ha de comenzar de nuevo la redención.

 

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La misión del cristiano hoy

1. La realización en concreto de lo que Dios quiere: He aquí la gran sabiduría. Todo el trabajo de la vida sabia consiste en esto: en conocer la voluntad de mi Señor y Padre. Trabajar en conocerla, trabajo serio, obra de toda la vida, de cada día, de cada mañana, ¿qué quieres Señor de mí….? Esta es mi gran misión, mayor que hacer milagros.

2. Lo que el mundo moderno espera para reconocer a Cristo, es ver la vida de Cristo reproducida en nuestras vidas.

3. …Nuestra actividad ¿no nos une eternamente a la oración divina que salva al mundo?… Al desear con todo nuestro deseo lo que Dios quiere, nos asociamos a todo lo que Él hace en la humanidad y lo realizamos con Él.

4. El apóstol no es el activista, sino el que guarda en todo momento su vida bajo el impulso divino.

5. He aquí nuestra misión. Gritar por el mundo entero el amor que Dios nos ha tenido, el amor de Cristo hasta la sangre, la ternura maternal del Corazón de María.

6. Nuestro cristianismo se reducirá a una fórmula muy simple: ser otro Cristo, dejar que Él se apodere de mí, hacer lo que Él haría en mi lugar, amar como Él.

7. Ser como Cristo mensajero de la caridad. Él toma nuestros cansancios, nuestros sufrimientos…

8. Hacer ver a nuestros contemporáneos que Cristo aún vive entre nosotros.

9. Transformar todo lo que nos rodea, tener por fin último la conversión del mundo entero.

10. Y el instrumento de esas obras grandes puedo ser yo, a pesar de mi pequeñez.

11. La misión del cristianismo es la de iluminar el mundo con la caridad de Cristo.

12. …Tenemos responsabilidad: Misionar el mundo desde la colina de la ascensión. Tenemos la responsabilidad del mundo entero. Nuestro Señor no va a hacer nada sino por nosotros, no va hablar sino por nosotros. Tenemos la responsabilidad del crecimiento de la Iglesia.

13. El conocimiento del plan de Dios, sobre el hombre, y sobre cada una de sus principales facultades ayuda poderosamente a la realización de este mismo plan.

 

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Llamado del Señor

1. Lo que sigue sólo se dirige a los hombres de corazón grande, a los magnánimos, a los que son capaces de entusiasmarse por un ideal que va más allá de lo estrictamente obligatorio, a los chiflados por Cristo… Los que no lo estén, o no tengan siquiera el ideal de estarlo, mejor es que se bajen del buque, porque no van a ser sino un peso muerto; lo que se va a decir no tendrá sentido para ellos.

2. Esto es lo esencial del llamamiento de Cristo. ¿Quisieras consagrarme tu vida? ¡No es problema de pecado! ¡Es problema de consagración! ¿A qué? A la santidad personal y al apostolado. Santidad personal que ha de ir calcada por la santidad de Cristo. No hay dos almas iguales, ni menos dos santos, pero sí las leyes fundamentales son las mismas.

3. Señor si en nuestro atribulado siglo XX una generación comprendiese su misión y quisiera dar testimonio del Cristo en que cree, no sólo con gritos que nada significan de Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera… ¿Dónde?, sino en la ofrenda humilde, silenciosa de sus vidas, para hacerlo reinar por los caminos en que Cristo quiere reinar: en su pobreza, mansedumbre, humillación, en sus dolores, en su oración, ¡en su caridad humilde y abnegada!

4. Cristo no me quiere engañar, me precisa la empresa. Es difícil, bien difícil. Hay que luchar contra las pasiones propias, que apetecen lo contrario de su programa ¡No estarán muertas de una vez para siempre, sino que habrán de ir muriendo cada día!

5. Pero ¡no te engañes! Si vienes conmigo has de trabajar conmigo, sacrificarte, renunciar a gustos y pasatiempos… lo superfluo de una vida social, de lecturas inútiles y frívolas, has de formarte, estudiar aunque esto sea penoso; has de orar aunque estés seco y desolado; has de ir al pobre, al mendigo, al niño, aunque sean rudos y torpes; has de ir a los ricos, aunque te rechacen y murmuren de ti; has de pedir dinero, colaboración, sacrificios, la vida misma de todos ellos.

6. No se trata de una voluntad de esas generales, a bulto, sino una resolución: que quiero y elijo y es mi determinación deliberada. ¿Señor, qué quieres que haga?”

7. Aquí está la clave. Crecer en Cristo…viviendo la vida de Cristo, imitando a Cristo, siendo como Cristo. Pero esta identificación ¿qué significa? No ciertamente una fría repetición de lo que hizo, tampoco es un estado sentimental o efectivo que depende tan poco de nuestra voluntad. Esta imitación de Cristo viene a consistir en vivir la vida de Cristo, que mi actuación sea la de Cristo, no la que tuvo, sino la que tendría si estuviese en mi lugar.

8. Mi idea central es ser otro Cristo, obrar como él, dar a cada problema su resolución.

9. ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Ante cada problema, ante los grandes de la tierra,  ante los problemas políticos de nuestro tiempo, ante los pobres, ante sus dolores y miserias, ante la defección de colaboradores, ante la escasez de operarios, ante la insuficiencia de nuestras obras. ¿Qué haría Cristo si estuviese en mi lugar? Si en estas circunstancias de ahora Cristo se hubiese encarnado y tuviese que resolver este problema, ¿cómo lo resolvería? ¿Obraría con fuerza o con dulzura? ¿Empuñaría el látigo con que arrojó a los vendedores del templo, o las palabras de perdón del padre del pródigo, las tiernas palabras de perdón que dirigió a Magdalena, a Pedro; las de paciencia que repitió tantas veces ante sus rudos apóstoles? Y lo que yo entiendo que Cristo haría, eso hacer yo en el momento presente. Aquí está toda la perfección cristiana; imitar a Cristo en su divinidad por la gracia santificante, y en su obrar humano haciendo en cada caso lo que él haría en mi lugar.

10. Todo esto será letra muerta, todo esto será un bello ideal, un ensueño más, si no comenzamos por instaurar en nosotros mismos esa revolución social que proyectamos. La gran revolución no será posible sino cuando hayamos efectuado cada uno de nosotros mismos la pequeña revolución, la revolución de nuestra vida orientándola totalmente hacia Cristo. No nos engañemos en esto, porque el engaño sería el más grave de los engaños. Queremos incendiar; tenemos antes que nada incendiarnos nosotros mismos; queremos iluminar, tenemos antes que nada que ser luz; queremos dar sentido cristiano a la vida y cómo lo daremos si no lo tenemos nosotros mismos. El mundo está cansado de discursos, quiere hechos, quiere obras, quiere ver a los cristianos que encarnan como Cristo la verdad en sus vidas, quiere que podamos decirles cada uno de nosotros, aprendan de mí, ejemplo les he dado .

11. Que mi vida cristiana esté llena de celo apostólico, del deseo de ayudar a los demás, de dar más alegría, de hacer más feliz este mundo. No sólo “nota” apostólica: consagración entera en mi espíritu y en las obras, una vida sin compartimentos, sin jubilación, sin jornadas de 8 o 12 horas. Toda la vida entera y siempre para vivir la vida de Cristo. Al avanzar en años disminuye el ritmo vital, el idealismo primero es menos intenso, pero por la fe no disminuirá en nada la consagración de mi vida a Cristo.

 

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Llamados a la libertad

1. Que todas las criaturas sean transparentes y me dejen siempre ver a Dios y la eternidad. A la hora que se hagan opacas me vuelvo terreno y estoy perdido.

2. Este ideal es el equivalente del pensamiento ignaciano de la mayor gloria de Dios: buscar en todo, no lo bueno, sino lo mejor, lo que más me acerca a Dios; lo que puede realizar en forma más perfecta la voluntad divina.

3. Dios nos conceda este ideal realizado, esta comprensión vivida, que lo único que vale es Dios y todo lo demás, ante Él, es como si no fuese. “¿Qué tiene esto que ver con la eternidad?”. “¿De qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su alma?”.

4. El tanto cuanto es un principio fundamental; es la sabiduría divina; es una balanza de precisión absoluta. Usar y dejar: nivelar el querer y el poder es la base de la felicidad. Es feliz el que puede lo que quiere. ¡Usar y dejar! Tanta fortaleza para lo uno, como para lo otro. Nada me debe mover a tomar o dejar algo, sino sólo el servicio de Dios y la salvación de mi alma. La rectitud de intención es cosa más difícil que las rectificaciones simplistas que creemos hacer.

5. Pensar que mi fin es el cielo y todo lo que hay como trenes. Buscar, ¿cuál es mi tren? No he de aferrarme a las cosas por sí mismas, porque sean bonitas o feas, sino porque me conducen.

6. ¿Cómo obtener la rectitud de intención? Dominando mis afectos sensibles por la contemplación y la mortificación. Desarrollar en nosotros, por la meditación y la oración, el gusto de la voluntad de Dios. Entonces bajo cualquier disfraz que Dios se esconda lo hallaremos.

7. Supuesta la voluntad de Dios, todas las criaturas son igualmente aptas para llevarnos al mismo Dios: riqueza o pobreza, salud o enfermedad, acción o contemplación, Evangelio, liturgia, prácticas ascéticas: lo que Dios quiera de nosotros. Entre las manos de Dios cualquier acción puede ser instrumento de bien, como el barro en manos de Cristo sirvió para curar al ciego.

8. El que ha comprendido la espiritualidad de la colaboración toma en serio la lección de Jesucristo de ser misericordioso como el Padre Celestial es misericordioso, procura como el Padre Celestial dar a su vida la máxima fecundidad posible. El Padre Celestial comunica a sus creaturas sus riquezas con máxima generosidad. El verdadero cristiano, incluso el legítimo contemplativo, para asemejarse a su Padre, se esfuerza también por ser una fuente de bienes lo más abundante posible. Quiere colaborar con la mayor plenitud a la acción de Dios en él. Nunca cree que hace bastante. Nunca disminuye su esfuerzo. Nunca piensa que su misión está terminada. El trabajo no es para él un dolor, un gasto vago de energías humanas, ni siquiera un puro medio de progreso cultural. Es más que algo humano. Es algo divino, es el trabajo de Dios en el hombre y para el hombre. Por eso se gasta sin límites.

9. ¡Soy libre! Mi gran título de honor; el privilegio del hombre, del ángel y de Dios. En la creación material ningún otro ser es libre. Todos ellos llegan a su fin necesariamente. Nosotros no. Tenemos ley, la conocemos, tenemos fuerza para observarla. De nosotros depende su observancia o inobservancia. La libertad es la más grande perfección de todo el universo.

 

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María

1. La devoción a Nuestra Señora es un elemento esencial en la vida cristiana. No hay piedad mariana que termine en María.

2. Tenemos una mujer fecunda y tierna como madre. En ella juntamos la integridad y la fecundidad, la gracia de la divinidad con la humanidad.

3. Ella no es divina, es enteramente de nuestra tierra como nosotros, plenamente humana, hacía los oficios de cualquier mujer, pero sintiéndola totalmente nuestra, la encontramos trono de la divinidad… En el fondo María representa la aspiración de todo lo más grande que tiene nuestra alma.

4. María en Nazaret, cuán humilde y descuidada de sí misma. Cuán ajena a toda pretensión. Cuán indigna se reconoce de toda honra. ¿Yo soy así? ¿La imito? Debo pues imitarla en vivir oculto, humilde, silencioso, trabajador; sin deseos de querer ser estimado. Trabajar mucho, hacer mucho bien sin que nadie lo sepa.

5. Madre de Dios todopoderoso… Y madre nuestra: realísima madre nuestra, al pie de la Cruz. Madre de todos los incorporados a Cristo. Y ella, que cuidó de Cristo en su vida, también cuida del Cristo místico hasta que llegue la plenitud de los tiempos….

6. María fue pobre y sencilla. En Caná la encontramos en medio del pueblo, de la vida humana, de la vida de familia, en las alegrías más legítimas… Por eso es que María se dio cuenta al punto de lo que pasaba…. Con María en nuestros apuros. Faltó el vino. Pero allí estaba María felizmente. Ella con su intuición femenina vio el ir y venir, el cuchicheo, los jarros que no se llenaban… Y sintió toda la amargura de la pareja que iba a ver aguada su fiesta, la más grande de su vida… Sintió su dolor como propio. Comprensión de los dolores ajenos (…). Y ella comprendió… que ella podía hacer algo, y que Él lo podía todo.

7. Jesús, en la cruz, nos dio lo último que le quedaba. Después de haber dado todo, incluso él mismo, nos entregó a su Madre. Y en San Juan estábamos todos representados. María es nuestra Madre, la Madre de todos los hombres, de todos los cristianos. Luego, todos somos hermanos. Y cuán poco me he preocupado de ser cariñoso, de ser afectuoso con mis hermanos, y con qué esmero he criticado sus defectos, me he burlado de los más infelices.

8. María es mi Madre. Y al aceptarme como hijo, deposita en mí todos los tesoros de su caridad, todo su cariño. ¡Con qué ternura vela por mí! ¡Qué solicitud, qué amor!… ¿Qué quiere hacer de mí? Un santo, que sólo busque la mayor gloria de Nuestro Señor, su Santísimo Hijo.

9. María como Madre no quiere condecoraciones ni honras, sino prestar servicios. Y Jesús no va a desoír sus súplicas, Él, que mandó obedecer padre y madre. Su primer inmenso servicio fue el “Hágase en mí según tu palabra”… y el “He aquí la Esclava del Señor” (Lc 1,38). Dios hizo depender su obra del “Sí” de María. Sin hacer bulla prestó y sigue prestando servicios: esto llena el alma de una santa alegría y hace que los hijos que adoran al Hijo, no puedan separarlo de la Madre.

10. La madre es la necesidad más primordial y absoluta del alma, y cuando la hemos perdido o sabemos que la vamos a perder, necesitamos algo del cielo que nos envuelva con su ternura.

11. En el fondo María representa la aparición de todo lo más grande que tiene nuestra alma.

12. En el cristianismo tenemos una mujer fecunda y tierna como Madre, pero al mismo tiempo con todo lo intacto e incorrupto de la virginidad.

13. En ella juntamos ambas cosas: la integridad y fecundidad, también la gracia de la divinidad con la humanidad.

14. Ella no es divina, es enteramente de nuestra tierra como nosotros, plenamente humana, hacía los oficios de cualquier mujer, pero sintiéndola tan totalmente nuestra, la encontramos trono de la divinidad.

15. Al levantar nuestros ojos y encontrarnos con los de María, nuestra madre, nos mostrará ella a tantos hijos suyos, predilectos de su corazón que sufren la ignorancia más total y absoluta.

16. Nos enseñará sus condiciones de vida en las cuales es imposible la práctica de la virtud. Y nos dirá: “Hijos, si me amáis de veras como madre, haced cuanto podáis por éstos mis hijos los que más sufren, por tanto, los más amados de mi corazón”.

17. Señor, ayúdame a sostener el timón siempre al cielo, y si me voy a soltar, clávame en mi rumbo por tu madre Santísima, estrella de los mares, dulce Virgen María.

18. María es madre mía en cuanto yo estoy unido con Cristo su hijo unigénito. La maternidad de María es consecuencia de mi unión mística con Jesús.

19. La gracia de María es funcional. Toda gracia es funcional en provecho de todos los demás, justos y pecadores. La función de María es ser Madre de Dios, y su gracia es para nosotros lo que funda nuestra esperanza, ya que la preferida de Dios es mi Madre.

20. La gracia funcional de María persiste: cuando Dios ha elegido una persona para una función no cambia de parecer… María al cuidado doméstico de la Sagrada Familia… Ésta crece al cuidado doméstico de la Iglesia.

21. Todos los teólogos están de acuerdo en admitir que no habríamos tenido Encarnación, si María se hubiese resistido (¡Cuántas encarnaciones de Dios en el alma de sus fieles fallan por nuestra culpa!). Dios hizo depender su obra del “sí” de María.

22. Sin hacer bulla prestó y sigue prestando servicios: esto llena el alma de una santa alegría y hace que los hijos que adoran al Hijo, no puedan separarlo de la Madre.

23. El Ángel anuncia a María la noticia de Isabel, y María se levanta a ayudar al prójimo. Tan pronto es concebido el Verbo de Dios, María se levanta, hace preparativos de viaje y se pone en camino con gran prisa para ayudar al prójimo.

24. ¿Cómo María no se queda en oración, gozando de las dulzuras de su maternidad divina, sino que las sacrifica en visitas?… Ha comprendido su actitud de cristiana.

25. Ella es la primera que fue incorporada a Cristo y comprende inmediatamente la lección de la Encarnación… comunicar a Jesús a los otros.

26. María comprende quien es el prójimo… El amor al prójimo no es sino el amor de Dios esparcido en sus imágenes. Si amamos a Cristo, ¿cómo no amar a los miembros de Cristo?

27. Y ella comprendió que podía hacer algo, y que Él lo podía hacer todo. Ella guardaba en su corazón el secreto desde hace 30 años…

28. … Sabía que vendría un día en que Él tendría que manifestarse… Ella presentía que en ese momento estaría Ella, su Madre, junto a Él.

29. Ella intervendría en su manifestación pública, como iba a estar presente en el último momento, como lo estaría en su Ascensión y en el descendimiento de su Espíritu. Ella ligada irrevocablemente a su obra.

30. Ella que había comprendido como nadie el sentido de la Encarnación, que era un mensaje de amor, de rendición, de elevación, de pacificación, de alegría para las almas, comprende también que Jesús estará feliz de anticipar esa hora para alegrarla a Ella y para mostrar la preeminencia de la caridad sobre toda consideración.

31. Caridad real, activa que no consiste en puro sentimentalismo, que podría ser ilusión… dispuesta a prestar servicios reales y para ello se molesta y se sacrifica.

32. Las dificultades no detienen su caridad.

33. Prontamente: No espera que le avisen… Ella es la pariente más próxima… ¡Ella, la Madre a Dios, da el primer paso! ¡Qué sincera es María en sus resoluciones! Ha dicho: “He aquí la Esclava del Señor”, y lo realiza. Recibe el aviso del Ángel, y parte.

34. María, desde que concibió a Jesús, no vive Ella sino Jesús. La santa voluntad de Dios, es el cojín donde reposa su corazón.

35. La Virgen es la más asociada a Él, también en su pobreza e injurias, hasta el fin. Lo pone echadito en el pesebre. Se queda en altísima contemplación.

36. Y en el más humilde sitio entre los pobres… estaban Jesús y María, conocidos de nadie… ¿Dónde? junto a la cocina, donde estaba la mesa de servicio, donde iban y venían los sirvientes… ¡Por eso es que María se dio cuenta al punto de lo que pasaba!

37. ¡Faltó el vino! ¡Pero allí estaba María felizmente!…Y sintió toda la amargura de la pareja que iba a ver aguada su fiesta, la más grande de su vida… Sintió su dolor como propio.

 

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Nuestra época

1. Nuestra época necesita afirmar fuertemente la responsabilidad de cada hombre de los intereses comunes.

2. El primer elemento de restauración social no es la política, sino la reforma del espíritu de cada hombre según el modelo que es Cristo.

3. Ahondar divisiones en la familia nacional es crimen de lesa patria; acortar distancias es trabajar por la grandeza del país.

4. Al juzgar la anarquía juzguemos también sus causas, mirémoslas con profundo espíritu de justicia y caridad y antes que pedir cañones tengamos la conciencia de no estar amparando injusticias.

5. Que el país vea que sus políticos no buscan intereses personales, sino los de la nación y que ponen todas sus energías para dar bienestar no a un grupo, sino a la mayoría de sus ciudadanos.

6. Más eficaz que la victoria por la violencia es la victoria por el convencimiento de la razón. Por la razón primero, la fuerza viene después en nuestro escudo.

7. Que la actitud social política de quienes profesan la fe en Jesucristo se inspire en la justicia deseada con hambre y con sed, y en el amor que no trepida en sacrificarse por el bien de los hermanos.

8. Un estado es cristiano no sólo cuando restablece el nombre de Dios en sus juramentos, sino cuando el sentido del Evangelio domina su espíritu.

9. El amor a la patria, más que en el ensanche de sus fronteras, se ha de traducir en el cumplimiento de su misión.

10. Deber social del universitario no es sino la traducción concreta a su vida de estudiante hoy y de su futuro profesional, mañana, de las enseñanzas de Cristo sobre la dignidad de nuestras personas y sobre el mandamiento nuevo, su mandamiento característico, el del amor.

11. Hay algo que no vemos nosotros al no salir de Chile, pero que los extranjeros que vienen a Sudamérica, y sobre todo a Chile, ven el punto: La horrenda distancia de dos mundos que conviven sin tocarse por ninguno de sus extremos…

12. Participar en la vida social, en las alegría y en los dolores… vemos a Jesús, que hay una boda, hay mucha gente convidada… y aunque quizás en la fiesta pueda haber algún exceso, allí está Él y allí está su Madre. En medio del pueblo, de la vida humana, de la vida de familia, en las alegrías más legítimas.

13. En nuestro tiempo se hace de la religión una formalidad mundana, un sentimentalismo piadoso bueno para las mujeres, una policía pacífica. ¡No romper nada, no permitir que nadie rompa nada! Así se podría expresar este cristianismo de buen tono, negativo, vacío de substancias, vacío de Cristo, vacío de Dios.

 

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Oración

1. ¿Qué es la Oración? Es la conversación de Cristo con el Padre. El Padre escucha al Hijo. Es el Hijo que habla. Yo, como otro Cristo, tomo los labios de Cristo. El que ora no es un vulgar cualquiera: es el Hijo, Cristo, el que habla a su Padre.

2. No es poder, ni riqueza, ni ciencia lo que le falta a nuestra civilización, sino vitalidad espiritual, que es un problema de comunión con la divinidad y con los hombres.

3. El problema de nuestra vida interior es la más importante de las preocupaciones humanas. De esta comunión con la divinidad, y, sólo de ella, vendrá la fuerza, la energía, el dinamismo necesario.

4. Espiritualidad sana, que no consiste en solas prácticas piadosas, ni en sentimentalismos, sino de aquellos que se dejan tomar enteros por Cristo que llena sus vidas. Espiritualidad que se alimenta de honda contemplación en la cual aprende a conocer y a amar a Dios y a sus hermanos, los hombres del propio tiempo. Esta espiritualidad es la que permitirá las conquistas apostólicas que harán de la Iglesia la levadura del mundo.

5. Cristo, que rectifica toda la actividad humana, no se dejó arrastrar por la acción. Él, que tenía como nadie el deseo ardiente de la salud de sus hermanos, se recogía y oraba.

6. La acción llega a ser dañina cuando rompe la unión con Dios. No se trata de la unión sensible, pero sí de la unión verdadera, la fidelidad hasta en los detalles al querer divino. El equilibrio de las vidas apostólicas sólo se puede obtener en la oración.

7. Oración continua, meditación diaria, vida sacramental intensa, fervor tierno a la Madre del amor hermoso.

8. El gusto por la oración, que nos une con Dios, levanta y espiritualiza nuestros sentimientos y de este modo nos sustrae al vivir rastrero y a la violencia de nuestros instintos.

9. Esta oración personal constituye una conversación sincera, real, íntima con Dios, a base de sentimientos de gratitud, admiración, respeto, alegría, esperanza.

10. La vida de oración que se tiene en el templo, ha de prolongarse en la acción cotidiana.

11. En la Iglesia se han dejado llevar del pensamiento de la eternidad, pero fuera de ella, desgraciadamente, se han dejado absorber por las preocupaciones de la riqueza y del placer.

12. La mejor oración social es el Padre nuestro. Enseñada por el autor de la ley de la caridad, en la que se pide al Padre bienes materiales y espirituales para todos los hermanos.

13. La rectitud de intención, el equilibrio de espíritu, la humildad de corazón, la fortaleza de ánimo para continuar dándose al prójimo sin desmayar, encuentran en la oración su gran fuerza, que así como es alimento del individuo es bendición para la sociedad.

14. …Se retiraba a orar. Él quería dar al Padre un homenaje puro de todo su tiempo, ocuparse de Él solo, para alabarle a Él solo y devolverle todo. Quería delante de su Padre, en el silencio de la soledad, reunir en su corazón misericordioso toda la miseria humana para hacerla más y más suya, para sentirse oprimido, para llorarla.

15. Él quería en su vida de hombre afirmar el derecho soberano de la divinidad. Él quería como cabeza de la humanidad unirse, más íntimamente, a cada existencia humana, fijar su mirada en la historia del mundo que quería salvar.

16. Si nuestras preocupaciones son tan apostólicas, con mayor razón orar para hallar a Dios y su querer, para buscar, gustar y vivir la verdad.

17. ¡Oh bendita vida activa, toda consagrada a mi Dios, toda entregada a los hombres, y cuyo exceso mismo me conduce para encontrarme a dirigirme hacia Dios. Él es la sola salida posible en mis preocupaciones, mi único refugio…!

18. Una lengua jamás es más bella que cuando el hombre la emplea para manifestar el amor: el amor del novio a su novia; del hijo a su padre; del esposo a la esposa; de la criatura a su Creador; esta última expresión es la oración.

19. Las tentaciones que, como enjambre de abejas tientan al hombre moderno, se resisten cuando uno ha empezado el día con una ferviente plegaria.

20. Las tristezas que surcan de arrugas los rostros de nuestros hermanos no encuentran otro lenitivo que la oración.

21. La oración nos hará contemplar el rostro de Dios, y esa contemplación templará nuestras fuerzas.

22. Hacer entrar la oración en la vida y la vida en la oración… Vivir conversando con Dios de todo: vivir en plegaria. Esta oración tonificará nuestra vida.

23. Espiritualidad sana, que no consiste en solas prácticas piadosas, ni en sentimentalismos, sino de aquellos que se dejan tomar enteros por Cristo que llena sus vidas. Espiritualidad que se alimenta de honda contemplación en la cual aprende a conocer y amar a Dios y a sus hermanos, los hombres del propio tiempo. Esta espiritualidad es la que permitirá las conquistas apostólicas que harán de la Iglesia la levadura del mundo.

24. La oración es el aliento y reposo del espíritu. El apóstol ha de tener la fortaleza y paz de Dios porque es su enviado. Y sin embargo en la vida real con cuanta facilidad los ministros de Dios se hacen terrenos. Para hallar esa paz necesita el apóstol la oración, pero no una oración formulista; sino una oración continuada en largas horas de oración y quietud y hecha en unión de espíritu con Dios.

25. Esta oración personal constituye una conversación sincera, real, íntima con Dios a base de sentimientos de gratitud, admiración, respeto, alegría, esperanza. El joven de vida interior hará esta oración en toda circunstancia de su vida: en sus viajes, en los deportes, en el teatro, en el amor. Ha de ser tan frecuente como la respiración. Puede decirse sin exagerar que del aprovechamiento de estos momentos depende en gran parte la vida espiritual.

26. Mi oración en unión con la de Cristo; nuestras peticiones, para que sean escuchadas han de ir unidas a las de Cristo; pero no han de ir de sólo Jesucristo, sino de Él y mías. Él ha de inspirármelas, arrancarlas y hacerlas eficaces. Pedirle, pues, que suscite mis peticiones y les dé eficacia. Y así lo hace. Vaya, pues, si sabrá inspirarme lo que necesito y lo querrá.

27. Es decir, más [centrada] en Dios que en nosotros. Una oración de adoración. No pensar demasiado, porque es estudio; no hablar demasiado, porque es prédica, sino afectos del corazón… de modo que estemos verdaderamente presentes a Dios. Él está siempre presente a nosotros, pero nosotros no estamos siempre presentes a Él.

28. Nosotros no somos sino discípulos y pecadores. ¿Cómo podremos realizar el plan divino si no detenemos con frecuencia nuestra mirada sobre Cristo? Nuestros planes que deben ser partes del plan de Dios, deben cada día ser revisados, corregidos. Esto se hace sobre todo en las horas de calma, de recogimiento, de oración.

29. Después de la acción hay que volver continuamente a la oración para encontrase a sí mismo y para encontrar a Dios. Para darse cuenta, sin pasión, si en verdad caminamos en el camino divino, para escuchar de nuevo el llamado del Padre, para sintonizar con las ondas divinas, y desplegar las velas según el soplo del Espíritu Santo.

30. ¿Cómo orar? Hablando en plural con Dios (…) El sistema consiste, en vez de monólogo, hablar en diálogo o mejor dicho en vez de ‘Yo estoy aburrido’, etc, hablar en plural: ‘Nosotros’ (Dios y yo). Este fue uno de los propósitos que hice en ejercicios este año. Si uno habla en plural anda muy bien; p. ej. uno dice ‘me voy a vengar de tal persona’ pero, ¿podrá decir ‘Nos vamos a vengar’? Dios le corta la corriente al tiro.

31. Afina su sentido espiritual: llega a percibir los más leves susurros en Jesucristo; se transforma en Él; llega con su oración a alcanzar lo que ahora ni siquiera soñamos. Y esta presencia no es necesario sentirla: basta creerla.

32. La fidelidad a la gracia es imposible sin una vida de oración tomada en serio. Recogimiento habitual del alma. Oración íntima, cordial, ferviente con Dios, haciendo del trabajo una oración (…) Ponerla no al lado sino dentro de la vida. Puede no caber más trabajo en el día (…) pero sí cabe oración.

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Pecado

1. Pecar es morir. Es la única muerte. Sin pecado, la muerte es vida, es comienzo de la verdadera vida. Pero con pecado el que vive muerto está.

2. El pecado es la mentira. Es mentira que somos autónomos. Tenemos ley y la atropellamos…. El que se adhiere a lo caduco cae con ello. Mentira que “seguimos la naturaleza” porque cada pecado es un atropello a la naturaleza.

3. El pecado es la fealdad: rompe la armonía. La obra de Dios es bella y armónica: parece un concierto. El pecado es desarmonía, una nota estridente. ¡Alguien que se sale del concierto para dar su nota de egoísmo! Y lo peor es que cada pecado debilita más y más. A medida que uno persevera en el barro se hunde más y más, y se hace más difícil salir.

4. Esa hermosa cualidad que hace la vida hermosa: fijarse en lo pequeño, deseo de agradar, atenciones, sacrificios, que son el perfume de la vida… El pecado vuelve al hombre grosero, egoísta, vuelto sobre sí mismo.

5. ¿Adónde se rebaja un pecador?… ¡Qué casos, Dios mío, los que uno sabe!… Y al que se pone en el plano inclinado ¿Quién sabe a dónde irá a parar?

6. Bellos ideales de juventud: obras que yo quería realizar ¿dónde estáis? ¿Por qué no me conmovéis como antes? ¿Por qué no me decís nada…? ¿Me dejáis frío? Os miro como algo tan lejano. ¿Cómo pude yo entusiasmarme con esto?

7. Pero no sólo morir a los ideales, a las mismas realidades ¡Cuántos ha podido uno ver que prometían tanto y no han hecho nada! Se han hundido, ¡¡se pasmaron!!… Al perder el sentido de lo heroico, ¡pierden el sentido de lo humano!

8. El que peca muere a la vida divina, a la gracia. Rompe el lazo… La gracia consiste en la presencia de Dios en el alma: Vendremos a Él y haremos nuestra morada en Él (Jn. 14, 23). Esa presencia amorosa desaparece. Dios no puede ausentarse del alma porque dejaría de ser, pero está en ella como el condenado, como el Dios ofendido,…no hay vínculo de amor.

9. Ya a Dios no lo puede llamar su Padre, porque no lo es para él: El hombre no es por naturaleza hijo, es siervo. Pasa a serlo por la adopción que se nos da por la gracia. Perdida la gracia… se desarticula el Cuerpo Místico… ¿Hemos pensado lo que esta tragedia significa?

10. María es madre mía en cuanto yo estoy unido con Cristo, su Hijo Unigénito. La maternidad de María es consecuencia de mi unión mística con Jesús. Al romper con Él, rompo también con María. ¡Un pecado! Si mirara a María ¿tendría valor de hacerlo?

11. ¡Qué dulce es esa hora en que Jesús está presente, cómo todo suave, fácil, llevadero! Al enfermar me vendrá a ver por el viático…Al separarse mi alma me esperará en la otra orilla… No querrá verme separado de los que yo amo… Querrá que se mantengan intactos en la eternidad los vínculos de un amor que Él puso en mi alma y bendijo. Pecar es morir a esa amistad, la más dulce, la más profunda, la más necesaria.

12. Él murió por todos los pecadores, de los cuales yo soy el primero… Cada pecado crucifica de nuevo a Cristo en su corazón. Si Él no hubiera muerto por rescatarme, vendría del cielo a la tierra para abrirme el cielo. La malicia del pecado sería suficiente para traer a Cristo del cielo a la cruz.

13. Pecar es morir a todo lo que vale en la vida y ¡¡morir para siempre allá!! No más felicidad, ni esperanza de reconciliación. El que pierde esa partida lo pierde todo. Salvarse y ver a Dios es vivir. Condenarse es perecer a la felicidad, morir a la dicha, mil veces peor que morir simplemente.

14. La causa del pecado es la soberbia. Presumir de sí. Atribuirse lo que es de Dios. La vida del hombre oscila entre dos polos. La adoración de Dios o la adoración de su “yo”.

15. Pecar es morir, y este pensamiento no es exageración. El pecado es morir a la lealtad hacia la conciencia, pues consiste en ver que algo es malo y sin embargo hacerlo; ceder a la sinceridad, a la fortaleza, a todas las virtudes grandes, para resbalar en la ley de la gana, del gusto, de lo que me agrada en este momento, y hacerla suprema ley de la vida.

16. Se engaña si pretende ser cristiano quien acude con frecuencia al templo, pero no cuida de aliviar las miserias de los pobres. Se engaña quien piensa con frecuencia en el cielo, pero se olvida de las miserias de la tierra en que vive. No menos se engañan los jóvenes y adultos que se creen buenos porque no aceptan pensamientos groseros, pero no son capaces de sacrificarse por sus prójimos.

17. ¿Qué tengo que ver con la sangre de mi hermano?, afirmaba cínicamente Caín, y algo semejante parecen pensar algunos hombres que se desentienden del inmenso dolor moderno. Esos dolores son nuestros, no podemos desentendernos de ellos. Nada humano me es ajeno.

18. Que en cada hombre por más pobre que sea veamos la imagen de Cristo y la tratemos con ese espíritu de justicia, dándole todos los medios que necesita para una vida digna, dándole sobre todo la confianza, el respeto, la estima, la estima de su persona que es lo que el hombre aprecia: pero oigámosle bien: la estima debida al hermano, no la fría limosna que hiere; que el salario le sea entregado entero y cabal, tal que basta para una vida de verdad humana, como yo la quisiera para mí si tuviera que trabajar en su lugar; que el salario venga envuelta en el gesto de respeto y agradecimiento.

19. La mayor parte de nosotros ha olvidado que somos sal de la tierra, la luz sobre el candil, la levadura de la masa…. El soplo del Espíritu no anima a muchos cristianos; un espíritu de mediocridad nos consume.

20. Con frecuencia, piensan algunos, la felicidad humana consiste en ser libres de seguir nuestro capricho. Nosotros, en realidad, somos libres de seguir a Cristo, o bien de abandonarlo, para volver a nuestra antigua esclavitud, la del mal, de la cual nos rescató. No es condición humana la de estar libre de todo servicio, la de ser autónomo. Podemos escoger el amo, pero a uno debemos servir. No existe estado intermedio.

21. El mundo hace pecadores a los hombres, pero luego que los hace pecadores, los condena, los escarnece y añade al fango de sus pecados el fango del desprecio. Fango sobre fango es el mundo: el mundo no recibe a los pecadores. A los pecadores no los recibe más que Jesucristo.

22. El choque más vehemente entre el espíritu de Cristo y el espíritu del “mundo” se realiza en el terreno de las riquezas. Sus puntos de vista son irreconciliables. El uno pone su confianza y su amor en las riquezas de la tierra, a las que aspira como al supremo bien; el otro aspira a los bienes eternos y se sirve de los bienes de esta tierra como de medios para alcanzar los eternos, como de un instrumento de colaboración con Cristo.

23. Misericordia es el amor del miserable. Hay un amor que estima lo que tiene valor y de este amor no somos acreedores. Pero hay un amor que ama lo que no vale y hasta el que no tiene sino el valor negativo de su miseria, y este amor sólo Dios puede tenerlo. Es amor creador. Se siente inclinado donde hay menos, porque puede poner más. Por eso busca la miseria y es misericordioso. La Virgen Santísima nos ha enseñado el himno de la misericordia. Ha llenado de bienes a los hambrientos; ha mirado la humildad de su esclava; ha hecho en mí cosas grandes el que es poderoso y su misericordia de generación en generación. Por eso ninguno es tan apto a sentir el amor de Dios como el miserable y por eso Dios se complace en que los miserables canten su amor.

 

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Peligros del apego a la riqueza

1. Jesús fue el gran predicador de los abusos de las riquezas y nadie como Él nos ha puesto en guardia contra los peligros del dinero. ¡Ay de vosotros ricos que ya tuvisteis vuestra recompensa!

2. ¿Por qué la riqueza no suele figurar al lado de Jesús? ¿Por qué Jesús nos pone tan en guardia contra la riqueza? Es un hecho que el dinero ejerce una extraña seducción, y ante el deseo de poseerlo, se sacrifican muchos principios.

3. La riqueza tiene el gran peligro de endurecer a quien la posee: vive rodeado de dolor y con frecuencia parece no verlo. Si lo ve, no lo comprende. Y si lo comprende, se niega a remediarlo por razones que no se comprenden o… por la sencilla razón de seguir incrementando bienes.

4. La riqueza suele traer orgullo a la vida. Cuando se tiene fortuna se recibe adulaciones… Eso engendra vanidad. El rico no está acostumbrado a ser contrariado. Todos se inclinan ante él. Sus órdenes son al punto ejecutadas y eso engendra orgullo…

5. El rico es independiente: ambas palabras han pasado a ser sinónimas; el rico no depende (depende menos) de los demás, y tiende a actuar como si no dependiera tampoco de Dios. Sus propios medios le proporcionan lo que el pobre ha de pedir a Dios en su humilde plegaria de cada día.

6. El rico tiende a hacerse sensible, demasiado sensible al dolor físico, su vida suele ser más regalada, y de ahí que la pereza, la inacción sean con frecuencia el patrimonio de los hijos de ricos que dilapidan rápidamente lo que con tanto afán reunieron sus padres.

7. El rico suele también ser más sensible al dolor moral, a la crítica, al desaire, porque se cree con mayor derecho a la estimación de todos, y tiene más tiempo para vivir dentro de sí mismo.

8. La propiedad es derecho natural, lo que quiere decir que todos están llamados a ser propietarios y que el régimen jurídico ha de ser tal que sea fácil a los hombres llegar a la propiedad.

9. El plan de Dios sobre la distribución de los bienes no es que éstos estén en manos de pocos, sino a ser posible en las manos de todos.

10. Hay dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan.

11. Riqueza y sencillez; riqueza y modestia, son el verdadero sello de las almas nobles, que no miden su grandeza por la exhibición de tesoros comprados, sino por las cualidades de su espíritu, el refinamiento de sus virtudes y su cultura.

12. Ojalá que todo el que posee fortuna se recogiera con frecuencia a hacer esta sencilla reflexión: ¿Qué pensaría yo si me encontrara un día sirviente, inquilino, trabajador, de un patrón igual a mí? ¿Qué bulliría en mi mente? ¿Qué aspiraciones querría ver satisfechas?

 

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Pobreza

1. Viajamos por el mundo con demasiado bagaje: todo exige nuestra atención y nos quita tiempo. ¿No es el camino del cielo angosto y escarpado y su entrada comparada al ojo de una aguja? ¿Cómo queremos pasar esta puerta cargados con tanta cosa?

2. Los pobres, los preferidos de Cristo. Su primer equipo: los pobres. La primera comunidad cristiana, comunidad modelo: comunidad de pobres.

3. Las monedas se multiplican cuando desaparecen en las manos de los pobres.

4. Bajo los harapos de pobre y bajo esa capa de suciedad que los desfigura por completo, se esconden cuerpos que pueden llegar a ser robustos y se esconden almas tan hermosas como el diamante.

5. Hay en el corazón de los niños vagos un hambre inmensa de cariño. Quien llegue a ellos por la puerta del corazón puede adueñarse de sus almas.

6. No descansen mientras haya un dolor que mitigar.

7. Los que hayamos dado a Cristo en el pobre, estará colocado en la eternidad.

8. Que los detalles para dignificar al pobre sean lo más importante. Que Cristo tenga menos sed, que esté más cubierto gracias a ustedes. ¡Sí, que Cristo ande menos “pililo”, puesto que el pobre es Cristo”!

9. El pobre suplementero, el lustrabotas… la mujercita de tuberculosis, piojosa, es Cristo. El borracho… ¡No nos escandalicemos! ¡Es Cristo!

10. …¿Es cristiano derrochar sumas enormes cuando otros mueren de hambre? -Es que todos los de mi situación lo hacen… -¿Pero no sería tiempo de comenzar a hacerlo de otra manera?… ¿Nos hemos dado cuenta de lo que tenemos nosotros… y de lo que carecen otros?

11. Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo. “Lo que hiciereis al más pequeñito, a mí me lo hacéis” (Mt. 25, 40).

12. No soy yo el que vive en mí, es Cristo quien vive en mí (Gal 2,20). Él es la cabeza, yo y mis hermanos los hombres, los miembros de ese cuerpo. Entre Él y nosotros hay una comunidad de vida: la vida de la cabeza es la vida de los miembros; su espíritu circula en nosotros. Con toda verdad podemos repetir como un mártir mexicano segundos antes de ser fusilado: Cristo vive en mí y yo vivo en Cristo.

13. Pasó por el mundo haciendo el bien, un bien que no es una altiva caridad tirada al pobre, sino una efusión de un amor que no humilla, sino que comprende, compadece fraternalmente, eleva. El gesto de Cristo es gesto de respeto, de comprensión, de compenetración afectiva con la masa doliente, de sentirse uno de ellos y de cargarse con todo su ser del lado de los que sufren, y de poner toda su palabra, su poder, su influencia del lado de ellos.

14. Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo, acurrucado bajo los puentes en la persona de tantos niños. ¡Cristo no tiene hogar! ¿No queremos dárselo nosotros? “Lo que hagan al menor de los pequeños, a Mí lo hacen”, ha dicho Jesús.

15. El prójimo, el pobre en especial es Cristo en persona. Lo que hagan al menor de mis pequeños a Mí lo hacen. El pobre suplementero, el lustrabotas, la mujercita de tuberculosis piojosa es Cristo. El borracho… no nos escandalicemos: es Cristo. Insultarlo. Burlarse de él. Despreciarlo es despreciar a Cristo.

16. Por eso, hay que tener “devoción por el pobre”. Tenerles devoción cariñosa, confieso que es bien difícil. Y uno sabe tantas veces que le están tomando el pelo, pidiéndole (dinero) para ir a tomar (alcohol)… Pero “lo que hacéis por el último de éstos mis hermanos, por Mí lo hacen”. Ese pobre es Cristo, ese niño, ese borracho. Amarlos, no avergonzarnos de ellos.

17. La Iglesia es la sociedad de los pobres, la ciudad para ellos construida. La Iglesia (es una) ciudad edificada para los pobres; es la ciudad de los pobres. Los ricos (son) sólo tolerados. La Iglesia es Iglesia de pobres y en sus comienzos los ricos al ser recibidos en ella se despojaban de sus bienes y los ponían a los pies de los apóstoles para entrar en la Iglesia de los pobres. Grandes de esta tierra, revístanse con sentimientos cristianos y miren con respeto a los pobres.

18. Hay entre los directores de esta obra el firme propósito de no contentarse con el mero acto de caridad de dar alojamiento al pobre, sino también de hacer cuanto se pueda por irlo readaptando en la vida humana. Una de las primeras cualidades que hay que devolver a nuestros indigentes es la conciencia de su valor de personas, de su dignidad de ciudadanos, más aún, de hijos de Dios.

19. Que los detalles para dignificar al pobre sean lo más importante; que Cristo tenga menos hambre, menos sed, que esté más cubierto gracias a ustedes. Sí, que Cristo ande menos ‘pililo’, puesto que el pobre es Cristo.

20. Este es mi último anhelo: que se haga una cruzada de amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo, Cristo desnudo, Cristo con hambre, Cristo sucio, Cristo enfermo, Cristo abandonado. ¿Podemos quedarnos indiferentes? ¿Podemos quedarnos tranquilos?

 

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Sacerdocio

1. Lo primero que se le pide a un sacerdote es la santidad en su vida. Además se le exige ciencia divina y humana y el conocimiento de todo lo que tiene valor espiritual.

2. Derramó su sangre, nos dejó su cuerpo, pero que otros hombres, sus sacerdotes, lo lleven al enfermo, al pobre, al moribundo como fuerza suprema, al joven como sostén en las luchas…

3. Todo buen ciudadano deberá estar profundamente interesado en que la Iglesia de su patria tuviera muchos y santos sacerdotes. Ellos son la más segura garantía de un progreso valiente y justo en el porvenir. El sacerdote es el padre, doctor, consejero, consolador, amigo, dispensador de la gracia. Cristo viviendo permanentemente en el mundo.

4. Los pobres, sobre todo, necesitan del sacerdote: sin él quedan huérfanos y desamparados. El pobre no tiene tutor ni defensor más verdadero de sus derechos que el sacerdote.

5. Su vida es una prolongación de la vida de Cristo. Sus aspiraciones fundamentales son estar él cada día más cerca de Dios, ser más semejante a Jesús, para darse más entera y eficazmente a sus hermanos.

6. ¡Cuántos de corazón sincero, malos porque nadie les ha enseñado a ser buenos y muchos a ser malos, vuelven de nuevo al Padre Dios, apenas un corazón de apóstol se los muestra!

7. Lo que falta son operarios para tanta mies. Por sus hermanos el sacerdote renuncia a sus bienes y vive de ordinario pobremente… él es el padre de un hogar inmenso.

8. El hombre moderno aunque sea sacerdote no puede librarse del ambiente pagano del mundo que lo rodea. Ha de conocer ese mundo, juzgarlo y superarlo. Si no, no podrá convertirlo.

9. El sacerdote que ama a sus jóvenes hace bien en sus almas, incluso cuando ha muerto. Sus acciones de bondad siguen actuando, incluso cuando ha desaparecido. En la historia de las conversiones, más que la influencia de las doctrinas, fue la influencia de una persona consagrada enteramente a servirlo.

10. El sacerdote es ordenado no para las ideas, sino en servicio del pueblo de Dios, el humilde pueblo de Dios: Su servicio es proporcionar satisfacción a sus necesidades reales, por modestos que nos aparezcan.

11. ¡Dios mío, para vuestra inmensa obra, para la regeneración de todo nuestro universo, quiero renunciar a todo lo que me tiene cautivo de mí mismo en la estrechez de mis dimensiones, y fundir todas mis pequeñas inquietudes en el deseo infinito de vuestra alma de Buen Pastor. Quiero caer en vos con todo el peso de mi debilidad, y fundir mi querer con el vuestro!

12. No vamos a obtener más vocaciones humanizando más nuestro sacerdocio, sino haciéndolo más y más consecuente consigo mismo, con el fin de su propia vocación, presentándolo como un ideal de santidad, generosidad, de entrega total a Dios, y mostrándonos nosotros como verdaderos sacerdotes, dignos de este ideal.

 

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Sacrificio de la Cruz

1. La vida de Cristo tiende esencialmente al sacrificio; y la vida del Cristo moderno no puede ser otra que la del Cristo histórico, y ha de tender por eso también hacia el sacrificio.

2. Las dificultades debieran ser motivo para intensificar más la vida sobrenatural a fin de tener fuerzas para cargar con una cruz que a veces se luce más pesada que la de nuestros padres.

3. Nosotros no lograremos imponer nuestra concepción cristiana de la vida sin sangre, pero a diferencia de otras ideologías nosotros no queremos sangre ajena, sino que debemos estar dispuestos a derramar la propia, si ello fuese necesario, para que Cristo reine en el mundo. No es el nuestro un programa de odio, sino de amor. El odio y el amor están frente a frente: son las pasiones más fuertes, pero vencerá el amor, el amor es más fuerte que el odio, y no olvidemos que Dios es amor, y Dios está con nosotros.

4. En los momentos de mayor angustia muestra al que sufre a Cristo en cruz, que venció al mundo, al dolor y a la muerte muriendo aparentemente vencido en lo alto del madero. Al que ha perdido a un ser querido le hace vislumbrar la vida de eternidad y alegría en unión de la fuente de toda alegría que es Dios: allí veremos, descansaremos, contemplaremos, amaremos sin sombra de dudas ni temor de términos.

5. Los fracasos conducen al apóstol hacia Cristo. Todos ellos son un eco del fracaso grande de la Cruz, cuando fariseos, saduceos y los poderes establecidos triunfaron visiblemente de Jesús. ¿No fue acaso Él vestido de blanco y de púrpura, coronado de espinas y desnudo crucificado con el título de Rey de los Judíos? Los suyos lo habían traicionado o huido. Era el hundimiento de su obra y en ese mismo momento Jesús comenzaba su triunfo. Aceptando la muerte, Jesús la dominaba. Al dejarse elevar sobre la cruz, elevaba la humanidad hasta el Padre, realizaba su vocación y cumplía su oficio de Salvador. En esa línea van también nuestros fracasos…”.

6. Los fracasos de que no somos responsables son el eco de la crucifixión de Cristo en nosotros. Nos hacen semejantes en nuestra alma espiritual y en nuestra sensibilidad a Cristo. Los otros fracasos, los que hemos merecido por imprevisión, por precipitación, por mediocridad o por orgullo, lejos de abatirnos deben estimularnos. Y como Cristo fue objetivo, fuerte, perseverante, magnánimo, así también nosotros. Esta reflexión, prudencia, fuerza que nos faltaba nos la enseñarán nuestros fracasos que nos harán así semejantes a Cristo.

7. Un alma permanece superficial mientras que no ha sufrido. En el misterio de Cristo existen profundidades divinas donde no penetran por afinidad sino las almas crucificadas. La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz.

8. La última palabra de la doctrina de Cristo se la recibe cuando uno se decide a poner sus pasos tras los pasos de Jesús condenado a muerte y marchando inocente al suplicio (…) Cristo reinó desde la cruz. Desde la cruz venció el pecado, la muerte, el infierno. El reino de Cristo se fundó en el Calvario y se mantiene sobre todo en la prolongación del Calvario que es la Eucaristía (…).

9. Considera los dolores y Pasión del Señor para tener fuerzas para una donación total que (es) la que exige de cada uno de nosotros: Cristo por mí dejó su bienestar material y humano: nació pobre. Señor, qué vergüenza me da, cómo sufres Tú por mí, y yo sigo con mis comodidades…

10. La muerte para el cristiano es el momento de hallar a Dios, a Dios a quien ha buscado durante toda su vida. Es el encuentro del hijo con el Padre; es la inteligencia que halla la suprema verdad, la inteligencia que se apodera del sumo bien. En la Gloria lo veremos a Él cara a cara, a nuestra Madre la Virgen María, a los Santos; hallaremos a nuestros padres, parientes y a aquellos seres cuya partida nos precedió.

 

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Santidad

1. La santidad se reduce a imitar a Cristo en lo que tiene de Dios por la vida de la gracia, y en lo que tiene de hombre por la práctica de las virtudes.

2. Santos, Santos, hombres chiflados por su ideal, para los cuales Cristo sea una realidad viviente. Su evangelio: un código siempre actual. Sus normas: algo perfectamente aplicable a mi vida y que trato de vivirlo. Hombres que se esfuerzan en amar y servir a sus hermanos, como Cristo los serviría: Esos son los conquistadores del mundo.

3. Un santo es imposible si no es un hombre, no digo un genio, sino un hombre completo dentro de sus propias dimensiones.

4. El primer paso en la vida del Espíritu es sentirse conocido por Cristo, saber que me ama a mí que soy una persona, un amigo de Él.

5. Hacerse conocido de Cristo es la primera gran conquista de la vida espiritual. En esto hay que insistir.

6. Si en estas circunstancias de ahora Cristo se hubiese encarnado y tuviese que resolver este problema, ¿cómo lo resolvería? ¿Obraría con fuerza o con dulzura? ¿Empuñaría el látigo con que arrojó a los vendedores del templo, o las palabras de perdón del padre del pródigo, las tiernas palabras de perdón que dirigió a Magdalena, a Pedro; las de paciencia que repitió tantas veces a sus rudos apóstoles..?

7. …Y lo que yo entiendo que Cristo haría, eso hacer yo en el momento presente.

8. Esa vida de la gracia es la primera aspiración de su alma. Estar en Dios, tener a Dios, y vivir la vida divina, ser templo de la Santísima Trinidad… Y de aquí, ante todo, aprecia el Bautismo que introduce, la Eucaristía que alimenta esa vida y que da a Cristo, y si la pierde, la penitencia para recobrar esa vida.

9. Los que se preocupan de la vida espiritual no son muchos; y desgraciadamente, entre esos, no todos van por camino seguro. ¡Cuántos durante decenas de años hacen meditación y lectura sin sacar gran provecho! ¡Cuantos más preocupados de seguir un método que al Espíritu Santo!

10. La Santidad: una gran confianza en Dios. El mundo necesita vidas santas entregadas a Cristo. La Santidad es lo único que tendrá la mano de Dios. Lo que va a transformar la tierra, es la Santidad. En esta hora del mundo Dios pide Santidad. La Santidad hace renacer la vida. Menos proselitismo y más santidad, menos palabras y más testimonios de vida.

11. Un santo hace al mundo más rico, más bello, más bueno.

12. Han de comprender… los alumnos que su santificación está vinculada a su trabajo escolar: su pupitre, sus libros, su pizarrón, sus láminas, sus tareas, son su instrumento de redención.

13. Cuando un apóstol parte demasiado pronto para la acción o cesa en su trabajo de formación sufre las consecuencias. Uno queda en su acción apostólica al nivel de su verdadero valer. Sólo el santo santifica; sólo la luz alumbra, sólo el amor calienta.

14. Hay otros grupos de hombres, plenamente convencidos de su causa, que han centrado su vida: los santos. Los Santos con mayúscula que están en los altares y los innumerables santos anónimos, que podríamos llamar santos con minúscula, que se debaten en la vida cotidiana contra el mal que los cerca y realizan su vida en la pureza y en la caridad.

15. Hay hombres y mujeres que nunca pasan de actualidad: son siempre modernos; son los santos… En ellos encontramos hermanos nuestros, de nuestra misma raza, luchando por los mismos ideales por los cuales luchamos nosotros afanosamente en nuestros tiempos.

16. Los santos han tenido una misión histórica en su época;… porque han tenido y tienen una misión eterna en la Iglesia: levantarnos a la fe, a la seguridad total de la existencia y del absoluto de los valores del espíritu.

17. Los santos guardan el equilibrio perfecto entre una oración y acción que se compenetra… Todos ellos se han impuesto horas, días, meses en que se entregan a la santa contemplación.

18. …Mucho espíritu de adoración, con mucha paz interior, con una gran disposición a ser un instrumento de Cristo. En esto está la santidad.

19. Dios creó el mundo para que en él florecieran los santos, para que le entregáramos libremente lo nuestro: cuerpo y alma.

20. El día que no haya santos, no habrá Iglesia.

21. Hambre de santidad, de santidad a imitación de Cristo… de santidad pobre, humilde y dolorosa; siervos de Cristo, ¡¡Redentor crucificado!!

22. ¿Cómo obtener la rectitud de intención? Dominando mis afectos sensibles por la contemplación y la mortificación. Desarrollar en nosotros, por la meditación y la oración, el gusto de la voluntad de Dios. Entonces bajo cualquier disfraz que Dios se esconda lo hallaremos.

23. Buscar en todo, no lo bueno, sino lo mejor, lo que más me acerca a mí a Dios; lo que pueda realizar en forma más perfecta la voluntad divina.

24. Lo mejor es callarse y alegrarse cuando no hay una razón apostólica para hablar. El ansia de crecer en santidad: ojo porque es peligrosa si es con ansia. Que Él crezca, que Él sea grande.

25. Señor, la santidad es hambre y es sed. Dame Señor esa hambre, dame esa sed, para sanar porque estoy enfermo de pequeñas vanidades.

26. La auténtica santidad se consuma siempre en la cruz.

27. La santidad es lo más grande que hay en el mundo, porque es poseer a Dios, tener en la realidad de verdad su vida misma, obrar como Él.

28. Imitar a los santos no es copiar un ideal, ni copiar a los santos. Es dejar como ellos que otro conduzca la persona humana adonde no quiere ir, es decir, que el amor la configure desde dentro según la forma que trasciende toda forma para poder llegar a ser un modelo, no una copia.

29. Aceptan la invitación a la santidad, porque a esto se reduce en primer término el llamamiento de Cristo: para la conquista de las almas hay que ser otro Cristo. Aceptar este ideal es dejar toda ilusión de una vida entregada a la sensualidad y al amor propio, carnal y mundano, y aún al amor espiritual que consista en regalos y consuelos.

30. Para ser santo no se requiere pues sólo el ser instrumento de Dios, sino el ser instrumento dócil: el querer hacer la voluntad de Dios. Los que así obran proceden empapados de sobrenatural, engendrados en su obrar de sobrenatural, deificados. La actividad humana se hace santa mientras está unida al querer divino. Lo único que impediría nuestra santificación en el obrar es la independencia del querer divino. Para obrar sobrenaturalmente, para alcanzar el Infinito no hay más que un medio proporcionado: que Dios obre en nosotros, que el Infinito se encarne en nuestra operación.

31. Para llegar a esa santidad, hay en realidad que sacrificarlo todo; no puede estimarse en poco cualquier cosa a la cual uno se apega. Por poco que esto sea el corazón se apega entero, con tanta fiereza como si se tratara de un bien eximio. Se concentra, intensifica sus afectos. No hay más que un remedio: quitarlo todo, no adherir a nada más que a Dios solo. ¡El santo es el que realiza este deseo!

32. La santidad consiste en ordenar nuestro amor. Voluntad ordenada es la que ama los medios por su razón de medios que lo conducen al fin de su vida (…) Don de Dios es la indiferencia, pero don que requiere mi colaboración quitando de mí el afecto a las cosas criadas en todo lo que es desordenado.

33. Dios ha querido al crearnos, que nos santificáramos. Este ha sido el motivo que explica la creación: tener santos en el mundo; tener hijos en los cuales se manifestaran los esplendores de su gracia. Ahora bien, ¿cómo santificarse en el ambiente actual si no se realiza una profunda reforma social?

 

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Sentido de la vida

1. Mi vida es pues, ¡un disparo a la eternidad! El fin del hombre: ¡la divinización de su vida! La muerte no es sino el momento de entrar en la posesión descubierta de ese Dios que velado estaba vivificando mi vida.

2. No dependo sino de Dios, del único, y nada me esclaviza. ¿Cuál es pues mi fin? No puede ser otro que Dios. Tender a Él con todo mi ser: inteligencia, amor, voluntad. Conformar mi ser a la perfección divina a la que representa. La gloria de Dios consiste en el perfeccionamiento de este yo, obra divina, entregándome del todo a Dios.

3. Nos puso en este mundo para que fuésemos santos, resplandor de su divinidad: “Para que seamos santos e inmaculados”. Sed vosotros santos… “Sed perfectos como el Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48). Y la venida de Jesús al mundo que no tuvo por objeto sino reafirmar el sentido de la creación, fortalecernos en la voluntad de realizarlo y darnos medios para ello, se resume en estas palabras: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”… “Para que nos llamemos hijos de Dios, y lo seamos de verdad”.

4. La gloria divina, palabra que hemos oído tantas veces ¿qué quiere decir?, nada más que esta realización del plan de Dios, aquí en la tierra por la participación que el hombre recibe de la divinidad por la gracia, y en el cielo, por la participación en la gloria. Este ideal de la santidad sobrenatural es la única flor que Dios quiere recoger del universo para regalarse… Es la razón de ser del mundo y de los inmensos mundos que nos rodean. La gloria de Dios es la santificación del hombre participando de la divinidad.

5. La gloria divina ha de quedar como el único ideal de todo hombre que contemple estas verdades. Éste no sólo es el valor central de nuestra vida, sino el único que merece llamarse valor absoluto. Esta gloria divina da valor a todo, aún a la más pequeña realidad ¡y sin ella los más grandes imperios y las amplias fortunas carecen de todo sentido!

6. El sentido de mi vida: La mayor gloria de Dios, sacrificando a este ideal todos los otros: honra, aplauso, corona humana, formación de un círculo en torno mío… Mi tiempo, mis iniciativas, todas empleadas hacia allá: mayor gloria de Dios. ¿En qué consiste la gloria de Dios? En la realización de su voluntad. La voluntad de Dios se manifestó por Cristo Nuestro Señor. Él predicó una doctrina en la que expuso sus quereres. Los quereres divinos respecto al hombre, lo que Cristo desea que el hombre realice. En la realización de este querer de Cristo está, pues, la gloria de Dios; en su realización la más íntegra y cabal, está la mayor gloria de Dios. Mi trabajo consistirá por tanto en ahondar este querer divino: en investigar el plan de Jesucristo respecto al mundo, a las almas, para ir con toda lealtad a realizar lo que Cristo quiere; a instaurar el ideal de Cristo.

7. Mi felicidad no consiste en otra cosa que en hacer la voluntad de Dios, con alegría o sin ella, sea cual fuere el juicio de los hombres.

8. Nuestro fin es la mayor gloria de Dios por la acción, hacer aquellas obras que sean de mayor gloria de Dios. Fin plenamente sobrenatural: nuestras obras deben proceder del amor de Dios y deben tender a unir más estrechamente las almas con Dios. Las obras que no realicen directa o indirectamente este fin no son jesuitas.

9. Salvar el alma es conocer el tesoro que oculto llevábamos en nosotros: la vida de la Trinidad, “vendremos a él, y haremos morada en él” (Jn 14,23). Salvar el alma es por consiguiente la felicidad. El deseo de ser felices es en nosotros tan connatural como la respiración. Aquí no encontramos sino granitos de felicidad; allá, en el cielo, la felicidad sin sombras ni atenuaciones ¡La bienaventuranza eterna! ¡La vida eterna! ¡El cielo! Tres bellísimas expresiones del pueblo cristiano con las cuales hace profesión de su destino eterno: “Creo en la vida eterna”.

 

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Sentido social

1. Nada más desalentador que un esfuerzo cuya finalidad no aparece; nada más a propósito para engendrar optimismo que la compensación del sentido social de nuestros sacrificios.

2. Esfuerzo sin sentido conocido es esfuerzo perdido.

3. El sentido social es aquella cualidad que nos mueve a interesarnos por los demás, a ayudarlos en sus necesidades, a cuidar de los intereses comunes.

4. Quien tiene sentido social, comprende perfectamente que todas sus acciones repercuten en los demás hombres, que les producen alegría y dolor y comprende, por tanto, el valor solemne del menor de sus actos.

5. El hombre con sentido social no espera que se presenten ocasiones extraordinarias para actuar. Todas las situaciones son importantes para él, pues repercuten en sus hermanos.

 

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Sociedad cristiana

1. Llama Cristo a los Estados y la mayor parte han renegado públicamente de Él… Los más sanos lo toleran, pero no tiene lugar Cristo en legislación, en la enseñanza. Su nombre no se pronuncia públicamente, ni recibe la adoración de los países.

2. Cristo llama a las puertas de las casas: tampoco encuentra lugar. Todas sus habitaciones están ocupadas con seres que no pueden vivir con Él. Si llama a las redacciones de los diarios, en los más se avergüenzan de Él. En los teatros casi no se atreve a llamar porque son tales las inmundicias… En las puertas de las fábricas, las instituciones organizadas han prescindido de Él. Y en muchas se le echa fuera como si fuese el enemigo pobre, a Él que nació pobre, honró la pobreza, exaltó la pobreza…

3. Nuestros contemporáneos dan la triste impresión de peregrinos que cruzan un desierto muriendo de sed, y sin saberlo están pasando por sobre ríos subterráneos. Con sólo cavar un poco, tendrán fuentes de agua vivas que saltan hasta la vida eterna.

4. El católico es social… porque es católico.

5. Los malos cristianos son los más violentos agitadores sociales.

6. ¿Cuántos son los que se dan tiempo para estudiar la trama compleja de nuestra vida social, de sus corrientes intelectuales, de sus engranajes económicos, de sus imperios legales, de sus tendencias políticas?

7. El enfoque liberal de la economía ha resultado desastroso en la vida real. Consistió en subordinar al hombre a la riqueza, y el consumo a la producción.

8. La filosofía cristiana en cambio, insiste en que toda producción y ganancia, que no conduzca al bien del hombre, no sólo es un desperdicio, sino que positivamente es un mal.

9. El hombre es infinitamente más precioso que la riqueza.

10. Una sociedad que no respeta al débil contra el fuerte; al trabajador contra el especulador; que no puede reajustarse constantemente para repartir las utilidades y el trabajo entre todos, que no permite al hombre corriente una vida moral, tal sociedad está en pecado mortal.

11. Tanta materia ahoga al espíritu. Tanta diversión acaba con la seriedad necesaria en la vida para los grandes trabajos. Tanta sensualidad acaba con la sobriedad de costumbres. Tanto paganismo termina por matar la fe cristiana de los espíritus.

12. Lo sobrenatural ha llegado a serle incomprensible. Sólo cree en el poder, en la fuerza, en el dinero, en el confort, en el placer… Pero el poder se derrumba en el momento menos pensado, como lo hemos visto en años hasta el cansancio. La fuerza es más empleada para matar que para proteger. El dinero y el confort son pocos y no llenan el inmenso vacío del alma.

 

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Sociedad y Justicia Social

1. Hay dos mundos demasiado distantes: el de los que sufren y el de los que gozan, y deber nuestro es recordar que somos hermanos y que en toda verdadera familia la paz y los sufrimientos son comunes.

2. Los grandes ídolos de nuestro tiempo son el dinero, la salud, el placer, la comodidad: lo que sirve al hombre. Y si pensamos en Dios, siempre hacemos de Él un medio al servicio del hombre: le pedimos cuentas, juzgamos sus actos, nos quejamos cuando no satisface nuestros caprichos.

3. Hay quienes llegan a erigir en sistema su indiferencia; se cruzan de brazos; nada les interesa la justicia social, el bien común. ¿Quién les ha ordenado preocuparse de sus hermanos? Y si después de ellos viene el diluvio, ¡qué importa! Esta actitud es criminal, es un eco de la respuesta que Caín dio al creador cuando le preguntó por su hermano.

4. Se había prometido un mundo nuevo y ¿qué tenemos? Nuestra sociedad sufre hoy un dolor sin precedentes…

5. El pecado del mundo actual es, como en tiempos antiguos, la idolatría, ¡la idolatría del hombre! La civilización ha convertido a la vida moderna en un aparente paraíso cuya llave de entrada se llama dinero. Nuestra época sufre la horrenda tentación del placer sin tasa ni medida. Se busca gozar a cualquier hora, a cualquier precio. La vida del hombre oscila entre dos polos. La adoración de Dios o la adoración de su “yo”.

6. Estos desmedidos gastos que origina una vida social artificial, son causa también de que, con frecuencia, no se mejore la situación del pobre, porque el tren de vida de quienes poseen el capital cuesta demasiado caro.

7. Enorme es el escándalo de quienes ven gozar un sector de la sociedad de todas las delicias de la vida, mientras ellos carecen de todo. Es horrible el contraste entre quienes nadan en la abundancia y quienes se ahogan en la desesperación de la indigencia.

8. ¿Qué tengo que ver con la sangre de mi hermano?, afirmaba cínicamente Caín, y algo semejante parecen pensar algunos hombres que se desentienden del inmenso dolor moderno. Esos dolores son nuestros, no podemos desentendernos de ellos. Nada humano me es ajeno.

9. Odio e inaudita matanza es lo que uno lee en las páginas de la prensa cotidiana; odio es lo que envenena el ambiente que se respira. Somos solidarios con la infinidad de hombres, mujeres y niños que sufren como quizás nunca se ha sufrido sobre la tierra.

10. El mundo hace pecadores a los hombres, pero luego que los hace pecadores, los condena, los escarnece, y añade al fango de sus pecados el fango del desprecio. Fango sobre fango es el mundo: el mundo no recibe a los pecadores. A los pecadores no los recibe más que Jesucristo.

11. El choque más vehemente entre el espíritu de Cristo y el espíritu del “mundo” se realiza en el terreno de las riquezas. Sus puntos de vista son irreconciliables. El uno pone su confianza y su amor en las riquezas de la tierra, a las que aspira como al supremo bien; el otro aspira a los bienes eternos y se sirve de los bienes de esta tierra como de medios para alcanzar los eternos, como de un instrumento de colaboración con Cristo.

12. Toda educación social comienza por valorar la justicia. La justicia parece una virtud desteñida, sin brillo, porque sus exigencias son a primera vista muy modestas, por eso no despierta entusiasmos. Su cumplimiento no acarrea gloria. Es la más humilde de las virtudes.

13. La resignación sólo es legítima cuando se ha quemado el último cartucho en defensa de la verdad, se ha dado hasta el último paso que nos es posible para obtener el triunfo de la justicia.

14. Hay muchos que están dispuestos a hacer la caridad, pero no se resignan a cumplir con la justicia; están dispuestos a dar limosna, pero no a pagar el salario justo…

15. Aunque parezca extraño, es más fácil ser caritativo que justo.

16. Es más fácil ser benévolo que justo. …Benevolencia sin justicia no salvará el abismo entre el patrón y el obrero, entre el profesor y el alumno, entre marido y mujer.

17. La caridad comienza donde termina la justicia.

18. La injusticia causa enormemente más males que los que puede reparar la caridad.

19. Nuestro país tiene una inmensa urgencia de que un mínimo, al menos, de bienestar sea extendido a gran número de ciudadanos que hoy carecen de una vida que se pueda llamar humana.

20. Hay quienes llegan a erigir en sistema su indiferencia: innumerables son los que, al menos, en la práctica, se cruzan de brazos, indolentes ante el porvenir, desinteresados del bien común, del progreso de la justicia social, del bienestar de sus hermanos. Poseen bienes y los gozan… Muchos así proceden no por malicia, sino por desconocimiento de los hechos y por falta de reflexión de la doctrina. Hay en ellos más ignorancia que malicia.

21. Ser testigo de Cristo significa cumplir con todas mis obligaciones de justicia frente al prójimo. De justicia en primer lugar y luego superarlas con una espléndida caridad que vaya a llenar lo que la justicia no ha podido colmar…. Justicia que el cristiano debería amar casi diría con rabia. Jesús dijo con hambre y sed que son las pasiones más devoradoras.

22. Hay un hambre ardiente, atormentadora de justicia, de honradez, de respeto a la persona; una voluntad resuelta a hacer saltar el mundo con tal que terminen explotaciones vergonzosas; hay gentes, entre los que se llaman mis enemigos, que practican por odio lo que enseño por amor…

23. Enorme es el escándalo de quienes ven gozar a un sector de la sociedad de todas las delicias de la vida, mientras ellos carecen de todo.

24. Con claridad meridiana aparece que si queremos una acción benéfica, hay que atacar en primer lugar la reforma misma de la estructura social, para hacerla moral. No podemos aceptar una sociedad en que todo esfuerzo de generosidad, de abnegación tenga que dirigirse a socorrer a seres miserables. Dándole a la sociedad una estructura adaptada al hombre, a sus dimensiones reales, las miserias serán menos frecuentes.

25. En la construcción de un orden social cristiano la primacía corresponde a lo sobrenatural… El primer elemento de restauración social no es la política, sino la reforma del espíritu de cada hombre según el modelo que es Cristo.

 

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Sufrimiento cristiano

1. En nuestro camino tropezamos siempre con dificultades e incomprensiones. Este es el pan de cada día, duro, pero muy nutritivo, pues robustece las virtudes macizas y forma a las almas.

2. No aceptes resolver en tu mente las causas de tu amargura. Acuérdate que “el grano de trigo para fructificar ha de morir”. El sufrimiento no encorva sino que es como un huracán arrasador. El dolor comprendido lleva a Dios. Pero el dolor incomprendido y rechazado aleja a los hombres de Dios.

3. Recuerda que el barco en que va Jesús, a veces muy dormido, puede oscilar, hacer agua, ¡pero hundirse nunca!

4. Nunca está uno solo en las horas de mayor soledad.

5. Uno de los mayores tropiezos, si no el mayor, para aliviar el dolor humano es desconocerlo.

6. Hay un dogma sumamente consolador, es la Comunión de los Santos. Él nos enseña que no hay ninguna de nuestras acciones que carezcan de un valor social.

7. El dolor acompañó a Cristo desde la cuna hasta la cruz y los que son de Cristo aman el dolor cuando el Señor lo manda (no que hagan un culto del dolor por el dolor), pero lo aman cuando el Señor lo manda, toman empresas generosas, sin desistir de ellas porque traen dolor, y más aún para completar la pasión de Cristo, algunos llegan a padecer o morir.

8. El dolor no es el fin de nuestra vida. En este mundo, perdida la felicidad original, nos acompaña siempre, pero no como un fin, sino como un medio para reparar y restaurar la santidad perdida.

9. Alegrarme de tener que ir allá. No temo la muerte porque es el momento de ver a Dios. Sé que mis males tienen término, que mis aspiraciones lograrán su objeto.

10. La vida ha sido dada al hombre para cooperar con Dios, para realizar su plan. La muerte es el gran complemento de esa colaboración, pues es la entrega de todos nuestros poderes en manos del Creador.

11. Si no fuera más que para afrontar con serenidad la muerte, y con alegría la vida, ya la fe tendría plena justificación.

12. No todo es Viernes Santo. ¡Resucitó Cristo, mi esperanza! “Yo soy la Resurrección” (Jn. 11, 25). Este es el Domingo, y esta idea nos ha de dominar. En medio de dolores y pruebas… optimismo, confianza y alegría.

 

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Trabajo

1. La palabra “trabajo” debería sugerirnos a todos no solo un medio para ganar la vida sino una colaboración social.

2. Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría.

3. La sociedad debería vivir en un acto continuo de acción de gracias a todos los que laboran su grandeza espiritual, intelectual, manual y consiguientemente de respeto a todo trabajador.

4. Es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos, pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos, hijo de un mismo Padre.

5. Es horrible el contraste entre quienes nadan en la abundancia y quienes se ahogan en la desesperación de la indigencia.

6. Es imposible predicar a estómagos vacíos.

7. Nada puede hacer tanto daño a nuestra religión como ese horrendo contraste entre la predicación oral de una doctrina que pone como corona de virtudes y distintivo de su fe a la caridad, y el egoísmo práctico, la vida encerrada en sí misma de quienes dicen profesar esa doctrina… Los hombres que son testigos de tal contraste no solo condenan a los hombres, sino que desprecian su fe.

8. Para el progreso humano en la época de paz el trabajo es tan necesario como ganar la guerra.

9. Los más altos escalones de la pirámide social se levantan sobre la base creada por el trabajo.

10. Descubrir el sentido social de cada trabajo debería ser una aspiración fundamental de quien aspira a dar educación social, y luego inculcar ese sentido, creando una mística del trabajo escolar, manual, profesional.

11. Cada profesión ha de ser concebida no solo como un medio de ganarse la vida, de mejorar su situación económica, de labrar un porvenir a sus hijos, sino también como el ejercicio de una misión social y una colaboración al bien común de la sociedad.

12. ¿Qué sentido social tiene mi profesión? ¿Qué posibilidad de servir a los demás encuentro en mi vida de trabajo? ¿Cómo puedo realizarlas?

13. Que el salario venga envuelto en el gesto de respeto y agradecimiento de quien comprende que jamás trabajo humano alguno puede ser suficientemente compensado con dinero.

14. En mi trabajo de cada día era a Él a quién yo buscaba.

15. Hacer comprender la dignidad del trabajo humano es tarea fundamental de la educación social. Durante siglos se despreció el trabajo, sobre todo el trabajo manual.

16. La palabra “trabajo” debería sugerirnos a todos no solo un medio para ganar la vida, sino una colaboración social. Según esta concepción del trabajo podría ser definido: “El esfuerzo que se pone al servicio de la humanidad; esfuerzo personal en su origen, fraternal en sus fines, santificador en sus efectos”.

17. La dignidad del hombre es atacada cada vez que un hombre, sin que sea responsable, es reducido a cesación del trabajo. La dignidad del hombre es atacada cada vez que tiene que vender su trabajo por un salario menor de lo justo.

18. Por el trabajo el hombre da lo mejor que tiene: su actividad personal, algo suyo, lo más suyo; no su dinero, sus bienes, sino su esfuerzo, su vida misma. Con razón los trabajadores se ofenden ante la benévola condescendencia de quienes consideran su tarea como algo sin valor. Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría, pero esta alegría es echada a perder por los que altaneramente desprecian el esfuerzo del obrero, no obstante que se aprovechan de sus resultados.

19. Otros hay que ofenden al obrero haciéndole sentir que él vive porque la sociedad bondadosamente le procura empleo. Más cierto sería decir que la sociedad vive por el trabajo de sus ciudadanos: sin trabajo no habría riqueza ni sociedad. Esta idea podría ser mejor comprendida en una asociación vocacional en la que el trabajador, dejando de ser un simple asalariado, participara de la propiedad y aún de la dirección de la obra en que trabaja para bien y servicio de la sociedad.

20. Así como hay condecoraciones para los que realizan hazañas bélicas o llevan adelante con éxito gestiones diplomáticas debería haber condecoraciones para los “héroes del trabajo”, héroes ocultos sin los cuales no progresa la humanidad… Un nuevo humanismo debe reemplazar a esta concepción decadente de la historia, un humanismo del trabajo, que encuentra la mayor grandeza en el Dios obrero.

21. La sociedad debería vivir en un acto continuo de acción de gracias a todos los que laboran su grandeza espiritual, intelectual, manual y consiguientemente de respeto a todo trabajador, de gratitud por sus esfuerzos que no se pagan con dinero. Siempre el que recibe el esfuerzo de un hombre recibe más que lo que le da al entregarle en cambio billetes de banco o monedas, aunque fuesen de oro legítimo. Es misión del educador hacer caer en la cuenta a sus alumnos de los beneficios inmensos que nos proporciona cada día el trabajo de los demás.

22. Nada más desalentador que un esfuerzo cuya finalidad no aparece… Cuando el obrero, en cambio, descubre que su trabajo tiene valor para la comunidad, que es una contribución fraternal en bien de todos, su espíritu se ilumina con nueva luz, y sus músculos cobran nuevas energías. Esfuerzo sin sentido conocido, es esfuerzo perdido.

23. Estos grupos de luchadores obreros han logrado comprender que no puede haber escisión entre su vida religiosa y su vida profesional. El trabajo no es una tarea que han de soportar durante algunas penosas horas del día, las menos posibles, para escapar luego a su vida espiritual y cultural. No; el trabajo es para ellos su grandeza, su vida. En su trabajo cotidiano se santifican y tienen conciencia que mediante él están construyendo la ciudad terrestre, y colaborando con Dios el plan de redención sobrenatural.

24. El trabajo es un esfuerzo personal pues por él que el hombre da lo mejor que tiene: su propia actividad, que vale más que su dinero. Con razón los trabajadores se ofenden ante quienes consideran su tarea como algo sin valor.

25. El trabajo es un esfuerzo fraternal, es la mejor manera de probar el amor por los hermanos, responde a las exigencias de la justicia social y de la caridad. Una parte importante de la educación debería consistir en descubrir el sentido social de cada trabajo, pues el conocimiento de la finalidad del esfuerzo hará más interesante el trabajo mismo.

26. El trabajo es santificador en sus resultados, pues, por el trabajo el hombre colabora al, plan de Dios, humaniza la tierra, la penetra de pensamiento, de amor, la espiritualiza y diviniza. Por el trabajo el hombre contribuye al bien común temporal y espiritual de las familias, de la nación, de la humanidad entera. Por el trabajo descubre el hombre los vínculos que lo unen a todos los demás hombres, siente la alegría de darles algo y de recibir mucho en cambio.

27. Durante siglos se despreció el trabajo, sobre todo el trabajo manual, propio de los esclavos. Los filósofos llegaron a alabar el trabajo del espíritu, pero no así el corporal. El cristianismo dio al mundo la gran lección del valor del trabajo: Cristo, el Hijo de Dios, se hizo obrero manual, escogió para sus colaboradores a simples pescadores, Pablo se gloría de no abandonar el trabajo de sus manos para no ser gravoso a nadie, los monjes han hecho del trabajo intelectual y aun del manual una razón de ser de su existencia religiosa. Todo trabajo, tanto el intelectual como el manual aparece reivindicado en el cristianismo. El trabajo intelectual y el manual valen más o menos no por ser tales, sino por la intención más o menos pura con que cada uno cumple con su deber.

28. La doctrina católica es esencialmente anti-individualista: ella considera a los hombres, no como individuos aislados, sino como seres viviendo en sociedad y, por lo tanto, constituyendo un cuerpo, en el que un estrecho lazo de solidaridad une a todos sus miembros, de tal manera que no hay fenómeno humano que no tenga su repercusión en la sociedad.

29. De ahí que el salario no deba reputarse tan solo como una manifestación circunscrita al contrato de trabajo entre empleador y trabajador, sino que ha de ser considerado también en sus más amplias proyecciones sociales.

30. El sentido de responsabilidad y conciencia profesional elevarán al trabajador y lo harán digno de mayor respeto. La conciencia profesional excluye el trabajo hecho con negligencia, las ausencias injustificables, las falsas enfermedades y falsos accidentes, el trabajo lento, el honorario abusivo, el fraude de materiales, etc. Excluye también la “coima”, el favoritismo injusto, las sustracciones aunque sean pequeñas de los bienes de la empresa y el cerrar los ojos sobre las injusticias de los que uno tiene a su cargo.

31. El trabajo de la mujer: no puede erigirse en principio que una mujer no puede trabajar como obrera. El salario que se debe a una mujer por un trabajo debe ser igual al que se pagaría a un hombre por igual tarea: “a trabajo igual, salario igual”. Todos los principios establecidos al determinar el salario mínimo valen también para la mujer, y deberían ser los obreros los primeros en protestar por esta competencia inhumana que se les hace ocupando mujeres que son pagadas en forma miserable. No podemos, pues, en nuestros días repetir simplemente el slogan: la mujer en el hogar. Muchas necesitan trabajar, y muchas desean porque desean cubrir sus propias necesidades, ayudar a sus familias o bien por el ambiente de acción social apostólica, cívica que desearían realizar. Testimonios concordantes de obreras demuestran que han encontrado un trabajo que les satisface.

32. El trabajo de los menores: Al comienzo del maquinismo el trabajo de los niños fue una de las lacras más vergonzosas del régimen. Niños aun menores de doce años sometidos a trabajos pesados y a prolongadas faenas agotaban su salud y comprometían definitivamente su porvenir. Las legislaciones de muchos países han reglamentado el trabajo de los menores para prevenir estos inconvenientes. Sin embargo todavía, debido a la escasez de los salarios, los padres se ven obligados a servirse del trabajo de sus hijos, lo que debe ser combatido poniendo ante todo remedio a la causa del mal. Todo niño debe recibir su educación primaria completa, y luego debería seguirse una educación preprofesional, que completara los estudios generales y preparara técnicamente al niño para una profesión. Sin ella no alcanzará nunca un nivel de vida verdaderamente humano. El obrero no especializado está condenado a salarios que estarán por debajo del nivel vital.

33. La mejor manera de levantar a un pueblo reside en la educación apropiada de los menores. Con las personas de cierta edad es difícil actuar para hacerlas adquirir nuevos hábitos de pensar, de trabajo, de vida, pero todas las posibilidades están abiertas en la niñez.

34. Si la empresa no llega a pagar el salario vital familiar, tienen derecho los obreros a pedir que el empresario capitalista sacrifique previamente los intereses del capital y los beneficios de empresario. Si esta situación perdura llegará el momento de deliberar acerca del cierre de la empresa.

 

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Verdad

1. Pasión católica: la pasión de la Verdad.

2. Lo más grave, peor que la persecución, es que la verdad se quede sin testimonio.

3. No hagamos templos con dinero de iniquidad, con el precio de silenciar la verdad, la verdad de Cristo…eso equivaldría a crucificar a Cristo una vez más.

4. …Que lo que decimos sea la verdad: la doctrina de Cristo, la de la Iglesia, no doctrinas inventadas por mí…, teorías humanas para halagar y dividir inútilmente.

5. La suprema habilidad es la sinceridad, jugar limpio.

6. La luz de la verdad requiere que le abramos bien amplias las puertas del alma.

7. ¡Hay tan pocos hombres que tengan el valor de mirar de frente estas verdades y sacar todas sus consecuencias! Felizmente, siempre hay en el mundo hombres bien dotados, de alma grande y generosa, y dispuestos a proceder con una verdad total.

8. …Esos que en ninguna forma quieren “pecar contra la luz”, que en todo lo posible desean aprovechar que son honrados con Dios y consigo mismo hasta el fin. Uno de estos vale más para la Iglesia, para la patria y para la sociedad que mil mediocres.

9. La resignación sólo es legítima cuando se ha quemado el último cartucho en la defensa de la verdad.

10. Cuando se afirma la verdad se quiere el bien.

11. La palabra mentirosa, el juicio infundado, aunque recaiga en los enemigos de Cristo y su Iglesia siempre es injusta, jamás se justifica, ni con el pretexto de humillar al enemigo o de impedirle hacer nuevos daños.

12. En las aspiraciones de nuestros adversarios hay que procurar, con inmensa simpatía, descubrir el fondo de verdad que encierran.

 

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Vida Eterna

1. Salvar el alma es, por consiguiente, la felicidad. El deseo de ser felices es en nosotros tan connatural como la respiración. Aquí no encontramos sino granitos de felicidad; allá, en el cielo, la felicidad sin sombras ni atenuaciones.

2. ¿Y yo? Ante mí la eternidad. Yo, un disparo en la eternidad. Mi existir un disparo entre dos eternidades.

3. ¡Mi vida, pues, un disparo de eternidad! No pegarme aquí, sino a través de todo mirar a la vida venidera.

4. Cuando uno piensa que tan pronto terminará lo presente, saca uno la conclusión: ser ciudadanos del cielo, no del suelo.

5. La vida nos ha sido dada para buscar a Dios. La muerte para encontrarlo. La eternidad para poseerlo.

6. ¡Vivir, pues en visión de eternidad! Cuánto importa refrescar este concepto de eternidad que nos ha de consolar tanto. La guerra, los dolores, todo pasa ¿Y luego?… Después de la breve vida de hoy, la eterna ¡Hijitos míos!

7. Si esta vida se muestra tan poco acabada, seguramente no puede ser ella la verdadera vida… Si vemos el fin de los justos tan parecido al de los malos, a veces en dolores, inconsciencia, ¿no podemos pensar: la manifestación de los hijos de Dios será después? Algún día brillará como el sol en el reino de su Padre.

8. Esta vida es el estadio en que se lucha por la otra; el campo de trabajo, en colaboración con Cristo, para preparar el día sin sombras, para gloria de Dios y de los que acepten su voluntad.

9. Pero mirada en sí, sin relación a la otra, esta vida es vanidad de vanidades.

10. No hay a nuestro alcance más que un sólo bien, el infinito.

11. …Más allá del placer gastado, de la verdad percibida, comprendemos que hay más que podríamos gozar, saborear, contemplar y que lo gozado apenas si es en consideración de lo que falta… menos de una gota de agua ante lo infinito.

 

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Vocación cristiana

1. Joven…: si alguna vez en tu vida recibes un llamamiento a algo grande y generoso, apróntate para la lucha y regocíjate de antemano con la victoria. “El reino de los cielos, padece violencia y sólo los esforzados lo arrebatan”. ¡No vaciles! ¡Pelea valientemente por seguir el llamamiento de Cristo!

2. Cristo dice ahora a los jóvenes de Chile: “Jóvenes, os necesito” Joven, ¿cuál sería tu repuesta?

3. Reflexionen seriamente aquellos jóvenes que con toda humildad, pero con toda verdad, descubren en sí huellas más profundas del paso de Dios por sus vidas.

4. Con razón se afirma que todo el porvenir de un hombre depende de dos o tres “sí”, de dos o tres “no” que da un joven entre los quince y los veinte años. Tú, que estás en la edad de las resoluciones definitivas, piensa que Cristo llama a los jóvenes como tú para extender el reino de Dios en las almas.

5. Considera la grandeza de una vida consagrada… Pasan por el mundo haciendo el bien, consolando a los tristes, auxiliando a los pobres, enseñando a los ignorantes, orando por los pecadores, adorando y amando a Dios eterno.

6. ¿Qué quiero hacer por Jesús para manifestarle la sinceridad de mi adhesión a Él?

7. Nosotros no podemos como el Señor multiplicar los panes, ni resucitar a los muertos, pero podemos ser los cooperadores abnegados de los que trabajan en aliviar todos los sufrimientos humanos.

8. Amaré más mi vocación, mi vida sencilla, los pequeños trabajos que Dios me ha destinado. De ahí que ser cocinero, fogonero, no es menos noble que ser escritor, poeta o abogado.

9. ¿De dónde viene la excelencia de estas profesiones intelectuales? Del falso concepto platónico, pagano, de la mayor importancia de lo abstracto sobre lo concreto. Pero ese concepto lo echó por tierra la Encarnación, que es un hecho bien concreto, y da origen a una vida de hechos con las más humildes realidades.

10. …Nos lamentamos de falta de vocaciones ¿no habrá en parte este contentarnos con exigir demasiado poco? ¿No será que exigimos únicamente lo que la ley uniforme pide a todos, sin abrir horizontes de una donación personal y generosa?

11. ¿Quieres venir conmigo? Con Él. Con Cristo ¿Podrá existir mejor guía, mejor jefe, mejor amigo?

12. Correspondamos al llamamiento de Cristo. Continuemos su obra de redención y de amor, apliquemos nuestra vida a la más divina entre las obras: a la salvación de las almas que fue el motivo que determinó a Cristo a emprender el gran viaje del cielo a la tierra; de la gloria del cielo a los rigores de Belén, a los trabajos de Nazareth, a la agonía del calvario.

 

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