Hombre

1. ¿Qué es el hombre?… Allí, en Dios, está el centro de la vida. De Él viene y a Él va. Y el que reconoce esta verdad tiene ya la luz orientadora: su esfuerzo debe consistir en encaminar la vida toda a dejarse poseer por esa luz. Mientras más se oriente a esa zona luminosa que es Él, más se acercará al centro de su vida, más segura estará su existencia.

2. El ideal debe ser tender una línea recta que una mi vida con la vida de ese ser, fuente de mi ser… Una recta; no un zig-zag, como lo pretenden mis engañosas pasiones.

3. Todo ser humano es una flecha disparada hacia la eternidad, por los siglos de los siglos. El cuerpo se convertirá en polvo, los astros se acabarán y el alma vivirá eternamente allá.

4. Una verdad hay, la más conocida de las verdades, pero la menos meditada, que tiene el valor de centrar la vida cuando se penetra a fondo; es la realidad de mi origen y destino. Centrar mi vida, viene pues a ser equivalente a orientarla hacia la eternidad, según el querer divino.

5. …Miraba la placidez del cielo, escuchaba el murmullo de las olas, que me decían: Dios, Dios.

6. ¡Nada como la religión da al hombre conciencia de su dignidad y le revela los valores que están ocultos en él! Pero una religión que sea algo más que prácticas semi-supersticiosas, que sea conciencia de haber sido elevado por Dios a la vida divina.

7. En el hombre hay una chispa de lo divino, ya que fue hecho a imagen y semejanza de Dios.

8. Los hombres, por gracia, pasan a ser lo que Jesús es por naturaleza: hijos de Dios.

9. El destino eterno del hombre está en armonía con su destino temporal.

10. El camino a la cabeza comienza en el corazón.

11. El hombre no puede equilibrarse sino por un dinamismo, por una aspiración, de los más altos valores de que él es capaz. El equilibrio no se decreta…, es un asunto personal del cual cada uno es el primer responsable.

12. Si el equilibrio viene a tumbarse por estructuras enfermizas, impuestas desde fuera, será necesario un esfuerzo mayor para recobrarlo, pero será un equilibrio también superior.

13. El hombre generoso tiende a marchar demasiado a prisa; quiere instaurar el bien y pulverizar la injusticia, pero… hay lo deseable y lo posible.

14. Místicamente, se trata de caminar al paso de Dios, de tomar su sitio justo en el plan de Dios. Todo esfuerzo que vaya más lejos es inútil, más aún nocivo.

15. La acción tiene sus peligros: obrar por obrar; obrar por afirmarse, obrar por brillar, obrar por dominar. Ver demasiado grande. Querer el éxito a toda costa. Querer ir demasiado a prisa. Perder el contacto con Dios.

16. La acción tiene sus peligros: Sacrificar a los otros a mi juego. Convertirme en político, o en hombre de negocios, o en patrón. Saborearse con el éxito, o carcomerse por los fracasos; endurecerse, creerse en el término y no querer seguir avanzando.

17. Abandonar el estudio, abandonar la oración, perder la humildad, convertirme en un sectario. Dejar de ser apóstol, perder mi capacidad de acogida bondadosa. Desear el poder y el apoyo de los grandes. Comprometer a la Iglesia. Dejarse maniobrar, pactar con la injusticia… Creerse indispensable a Dios. No orar bastante.

18. La acción tiene sus peligros: No darse por entero. Preferirse a la Iglesia. Estimarse en más que la obra que hay que realizar, o buscarse en la acción. No esforzarse por tener una visión lo más amplia posible. No retroceder para ver el conjunto. No tener en cuenta el contexto del problema.

19. Trabajar sin método. Improvisar por principio. No prevenir. No acabar…Querer siempre tener la razón… No ser disciplinado. No respetar a los demás; no dejarles iniciativas; no darles responsabilidades. Ser duro para sus asociados y para sus jefes. Tomar a todo el que se opone como si fuese un enemigo… Ser demoledor por una crítica injusta o vana.

20. Estar habitualmente triste o de mal humor. No dormir bastante, no comer lo suficiente. No guardar por imprudencia y sin razón valedera la plenitud de sus fuerzas y gracias físicas. Peligros bien reales que pueden llegar a inutilizar al apóstol. Dios se encargará de purificarlo.

21. Un hombre agotado busca fácilmente la compensación… Ha perdido parte del control de sí mismo, el cuerpo está cansado, los nervios agitados, la voluntad vacilante. Las mayores tonterías son posibles en estos momentos. Entonces hay, sencillamente, que relajar. Volver a encontrar la calma entre amigos bondadosos, recitar maquinalmente su rosario, dormitar dulcemente en Dios.

22. Uno ha de estar a gusto con los demás, si quiere que los demás estén a gusto con uno. Si uno se aburre con ellos, ¿es de extrañarse que ellos se fastidien con uno?

23. Muy poco aprecio revelan “por ese tesoro escondido”, por “esa perla preciosa” que es el reino de los cielos, los que encuentran caro cualquier sacrificio que se les pide por Cristo.

24. El hombre tiene dentro de si su luz y su fuerza. No es el eco de un libro, el doble de otro, el esclavo de un grupo… Juzga las cosas mismas, quiere espontáneamente, no por fuerza, se somete sin esfuerzo a lo real, al objeto y nadie es más libre que él.

25. La preparación de la voluntad es mil veces más importante que la preparación de la inteligencia. La voluntad nos hace capaz de todos los renunciamientos y sacrificios. Nos hace capaz de llamar a Dios su Padre, a Cristo su hermano.

26. No hay formación de la voluntad, no hay vida pura, vida ordenada, sin un gran renunciamiento, sin sacrificio, sin heroísmo. El que no es héroe, no es hombre.

27. Esfuerzo sin sentido conocido es esfuerzo perdido. Esfuerzo motivado es esfuerzo aprovechado.

28. Todo hombre, cualquiera sea su fortuna o su apellido, merece el mismo respeto que el mayor potentado del dinero. Cada hombre es hijo de sus obras y su mayor nobleza reside en la dignidad de su conducta y en la entereza de sus costumbres.

29. El cristiano es un hombre a quien Dios ha confiado a todos los demás hombres.

30. Todo hombre es débil cuando sólo se defiende a sí mismo, pero su debilidad se vuelve fuerza, cuando tiene la responsabilidad de otros seres más débiles que él a quien defender.

31. No es fácil conversar. Lo más difícil está, no en hablar, sino en callar. El que se interesa quiere oír su voz. En la conversación se busca frecuentemente un desahogo, aún bajo el pretexto de una consulta. El que sabe escuchar tiene un gran camino asegurado y a la larga es el que domina.

32. Una amistad se alimenta de respeto y de estima y estas cualidades se echan de ver más en lo pequeño que en lo grande.

33. …He aquí una de las grandezas del hombre: puede hacer algo por Dios. Le da la grandeza de ayudarlo. Lo toma en serio.

34. Dios creó hombres y de nosotros depende la salud, la prosperidad, el bienestar, la instrucción, la vida y la muerte de esas criaturas… Somos colaboradores reales de Dios y su obra está entregada en nuestras manos.

35. Sí, la ley quita espontaneidad a la vida… Pero, el hombre ama la espontaneidad, su propia inspiración, los gestos nacidos de él, porque sabe que serán únicos en el universo, que serán su creación, ¡y es tan grande crear!

36. Cada grado de mayor conocimiento o amor de Dios nos hace a nosotros más perfectos, más puros, más leales, más generosos, más semejantes a Dios, que es la perfección.

37. Vivir… no en el suelo sino en el cielo, con mi corazón.

38. Visión amplia, corazón grande. ¡Que nada me turbe, nada me espante, nada me detenga, nada me empequeñezca ni aprisione! Hombres del infinito. Ver el mundo a la luz de Dios, según los planes de Dios; buscando en él la gloria del Señor.

39. Tenemos un principio espiritual en nosotros sumamente exigente. A cada momento esperamos algo grande y nos sentimos desilusionados al ver lo poco que hemos hecho. Es la sed, el tormento de infinito. La vida de aquí promete y nunca cumple.

40. Mi principal preocupación más que conocerme, es saberme conocido, buscado y hallado.

41. El concepto cristiano de autoridad: no el derecho de mandar; el deber de proteger. Tengo autoridad en la medida que puedo proteger… No para gloriarse, sino por el bien del súbdito.

42. Todos poseemos un arma: la bondad. Mientras la autoridad es discutida, la bondad es siempre acatada.

43. Debemos hacer de la tierra una casa digna de los hombres para que sea digna de Dios.

44. A enseñar ingeniería, como Cristo lo enseñaría…; a hacer una operación con la delicadeza…; a tratar a sus alumnos con la fuerza suave, amorosa, respetuosa de Cristo, a interesase por ellos como Cristo se interesaría si estuviese en su lugar. A viajar como viajaría Cristo; a orar como oraría Cristo; a conducirse en política, en economía, en su vida de hogar como se conduciría Cristo…

45. Esta manera de ser de Jesús la hemos de imitar. La hombría la hemos de tener en cada momento, para las grandes resoluciones y para el sacrificio de cada día, pero ella no significa un modo militarote y abrutado, ni se avergüenza de esas finuras que hacen la vida bella.

 

Comentarios Facebook

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para dejar un comentario.