La meditación del Reino

Extractos de los puntos de un retiro a jóvenes en 1946.

Ayer decíamos que queríamos vivir, plenamente, valientemente, para siempre ¡Qué magnífico programa! Pero ¿Cómo? Vivir: Yo soy la Vida. ¿Rumbo? Yo soy el Camino y la Verdad.

El cristianismo no es una doctrina abstracta: un conjunto de dogmas que creer, preceptos y mandamientos…. ¡El cristianismo es Él! Ese fue el gran escándalo que no pudieron soportar los judíos: “¡El Padre y Yo somos uno!”; “Quién me ve a Mí ve al Padre”; “Venid a Mí todos los que están cansados…”; “Quién quiera venir en pos de Mí niéguese a sí mismo…”. “Mi cuerpo es verdadera comida…”. “¿Quién dicen los hombres que soy yo?… Tú eres el Cristo… Bienaventurado Simón…”. Persuadámonos bien; Cristo en el cristianismo no es una devoción. No es la primera devoción, ni la más grande. Verdad básica: el cristianismo es Cristo.

La perfección sobrenatural, y aún natural, consiste en incorporarse más y más vitalmente a Cristo; en dejar que la Gracia que viene de Él se apodere de mí; que mis pensamientos, deseos y aspiraciones sean las suyas, que pueda yo decir con San Pablo: “Mi vivir es Cristo”; “Vivo yo, ya no yo, sino Cristo en mí” o como Santo Tomás, “Señor mío y Dios mío”. “Mi Dios y mi todo” San Francisco.

Aquí está la verdadera grandeza, la suprema ambición que puede tener un hombre: Llegar a ser como Dios. Dios, porque la gracia diviniza, y si la gracia no encuentra obstáculos, a qué profundidades penetra, a qué altura eleva… Llega un hombre a guardar la naturaleza y la apariencia de hombre, pero en el fondo es un divinizado. Piénsese en almas como Don Bosco: “Dame almas y quítame todo”; Francisco Javier: “Basta Señor”; San Ignacio: “A mayor gloria de Dios”; San Luis, San Estanislao, San Juan Bautista, Santa Teresita, San Francisco… ¿Qué ha producido la humanidad de más grande? Son en realidad granos de trigo muertos, de ello se ha apoderado la vida y han dado fruto en abundancia.

Si hay una empresa que valga la pena es ciertamente ésta. Inmensamente más grande que el descubrimiento de la bomba atómica, que llena de pavor a la humanidad; que todas las campañas y empresas que ha habido en el mundo. Asimilarse vitalmente a la divinidad, ¡dar valor divino a cada una de sus acciones! Pero esto requiere visión de fe, porque la grandeza divina es tan distinta de la humana. “No mis caminos”. “¡Enséñanos, Señor, tus caminos!”.

Fe, pedir esa fe, para que sea la fe la que nos oriente; no el brillo de lo visible, sino la fe inflamada por la caridad, animada por la esperanza. Fe que me haga hambrear lo sobrenatural. Ser Cristo. “Yo no me glorío de otra cosa que de Cristo, ¡y Cristo crucificado!” (1Co 2,2). “El Mundo como basura…”.

Él llama…

Vino a este mundo no para hacer una obra solo sino con nosotros, con todos nosotros, para ser la cabeza de un gran cuerpo cuyas células vivas, libres, activas, somos nosotros. Todos estamos llamados a estar incorporados en Él, es el grado básico de la vida cristiana… Pero a otros… llamados más altos. A entregarse a Él; a ser sólo para Él; a hacerlo norma de su inteligencia, a considerarlo, en cada una de sus acciones, a seguirlo en sus empresas, más aun, ¡a hacer de su vida la empresa de Cristo! A hacer de su vida la empresa de Cristo. Para el marino su vida es el mar, para el soldado el ejército, para la enfermera el hospital, para el agricultor el campo, para el alma generosa, ¡su vida es la empresa de Cristo!

Así llamó a los Apóstoles: A Mateo que estaba junto a la mesa de los impuestos; a Pedro y Andrés junto a sus redes… Uno a uno de los Doce… A Ignacio que era un soldado carnal y lleno de gloria humana, en el sillón de convalecencia; a Javier chicoquín inteligente, social, simpático hambriento de fama, de gloria, por la voz de Ignacio, y lo convirtió, en el Divino Impaciente; a Mateo Talbot borrachín desocupado, y lo convirtió en el santo cargador de camiones; a Pier Giorgio Frassatti, alpinista enamorado de las cumbres y de la belleza femenina, y lo ha hecho el modelo del joven de sociedad; a Vico Necchi; a Thonet de la fábrica para hacerlo el primer presidente mártir de la JOC en el campo de Dachau, que muere cantando y ofreciendo su vida por la clase obrera; a José Cardijn de la bohardilla de su Padre para hacerlo el padre de los pobres… a Teresita de la casita de los Buissonets, modelo del amor abnegado y simple…

Y así, ayer a… a… que tú y yo conocemos del Colegio, del Liceo, de la Universidad, para fundar un hogar santo, para consagrarse al apostolado de la Acción Católica, al apostolado social… ¡sin tasa, sin medida, sin jubilación!

Esto es lo esencial del llamamiento de Cristo. ¿Quisieras consagrarme tu vida? ¡No es problema de pecado! ¡Es problema de consagración! ¿A qué? A la santidad personal y al apostolado. Santidad personal que ha de ir calcada por la santidad de Cristo. No hay dos almas iguales, ni menos dos santos, pero sí las leyes fundamentales son las mismas.

Si Él te llamara ¿Qué harías?… Quisiera que lo pensaras a fondo, porque esto es lo esencial de los ejercicios. Los ejercicios son un llamado a fondo a la generosidad. No se mueven por temor, ¡no se trata de asustar! Recuerdan los mandamientos porque no pueden menos de recordarlos. Los mandamientos son la base, el cimiento para toda construcción, porque son la voluntad de Dios obligatoria… Pero no son más que los cimientos, y no se vive en los cimientos, no hay hermosura en los cimientos…

En la casa de la Iglesia, la santidad, el apostolado, son la obra de la generosidad de los fieles, que si quieren dar pueden dar, y si quieren negar pueden negar; y al hacerlo no atropellan ningún derecho, no cometen ningún pecado, no merecen ningún reproche, porque están en su derecho. Los ejercicios no son para almas que quieran reclamar derechos y constituir defensa frente a Dios; son para almas que quieran subir, y mientras más arriba mejor; son para quienes han entendido qué significa Amar, y que el cristianismo es amor, que el mandamiento grande por excelencia es el del amor, y que la característica del amor es dar, darse, fusionarse, perderse, no dos, ¡uno en el que ama!

Eso es amor y a eso es a lo que aspiran las almas grandes que son las que construyen la Iglesia, las que la hacen vivir, ¡las que han tomado en serio su misión! Ser sal de la tierra, si la sal se desvanece, ¿quién dará sabor? Ser luz del mundo, si la luz titila ¿quién alumbrará?, testigos de Cristo, si los testigos se alejan ¿cómo se reconocerá a Cristo? La Iglesia no se funda ni existiría sin el amor generoso.

La prueba de la fe es el amor, amor heroico, y el heroísmo no es obligatorio. El sacerdocio, las misiones, las obras de Caridad no son materia de obligaciones, de pecado, son absolutamente necesarias para la Iglesia y son obra de la generosidad. El día que no haya sacerdotes no habrá sacramentos y el sacerdocio no es obligatorio. El día que no haya misioneros, no avanzará la fe, y las misiones no son obligatorias. El día que no haya quienes cuiden a los leprosos, a los pobres… no habrá el testimonio distintivo de Cristo, y esas obras no son obligatorias… El día que no haya santos, no habrá Iglesia y la santidad no es obligatoria. ¡Qué grande es esta idea! ¡La Iglesia no vive del cumplimiento del deber, sino de la generosidad de sus fieles! ¡Qué grande es la confianza que Dios nos ha hecho al fiarse de nuestra nobleza, de nuestra generosidad y esperar que le respondamos!

Si Él te llamara, ¿qué le dirías? ¿En qué disposición estas? ¡Pide, ruega estar en la mejor! San Ignacio pide al que entra en ejercicios: ¡Grande ánimo y liberalidad para con Dios Nuestro Señor! ¡Querer afectarse y entregarse enteros! Invocación al Espíritu Santo ¡Se trata de algo tan grande!

Oye a Jesús. Un llamado que se repite cada año, cada día, ¡y que a cada hora deberíamos ir a escuchar! Yo he venido a traer la vida divina y ¿cómo quiero que arda? ¡Yo he venido para inaugurar un Reino de justicia, santidad y paz! Basado en la fe. Nuestros bienes son la pobreza, la humillación, el dolor. ¡Esto es lo que he tomado sobre mí! y este ejemplo quiero que sea fecundo. Mi Iglesia no se funda en la fuerza, en los ejércitos, en las combinaciones políticas; mi armada no es la invencible de cañones y tribunales inquisitoriales… no, mi armada es la de los pobres voluntarios. Esa es la primera pieza del uniforme de mis seguidores: ¡pobreza con Cristo pobre! Para vencer la riqueza y los pecados de la riqueza; no la riqueza, sino la pobreza, voluntaria, espontáneamente amada en todos los estados de la vida. En lugar de la honra, la humillación: No el ojo por ojo y diente por diente, sino la mejilla izquierda al que golpea la derecha; la túnica, al que pide la capa; 2.000 pasos al que mil…, Francisco Javier predicando a los japoneses, escupido en su cara; Ignacio yendo a curar al amigo que lo robó; Francisco de Asís predicando la paz y el bien, y dándolo todo… En lugar del confort, la aceptación voluntaria del dolor. El dolor acompañó a Cristo desde la cuna hasta la cruz y los que son de Cristo aman el dolor cuando el Señor lo manda (no que hagan un culto del dolor por el dolor), pero lo aman cuando el Señor lo manda, toman empresas generosas sin desistir de ellas porque traen dolor, y más aún para completar la pasión de Cristo, algunos llegan a padecer o morir, pati non mori, et contemni pro te.

Hambre de Santidad, de santidad a imitación de Cristo… de santidad pobre, humilde y dolorosa; siervos de Cristo, ¡Redentor crucificado! Y con estos hombres “ser crucificado para el mundo”, como pedía San Ignacio, que no buscan sus comodidades, en honra, ni la fortuna, con estos hombres ir a la conquista del mundo, conquista que más que el fruto de sus palabras, será el fruto de la Gracia de Dios que se transparentará en estas vidas que no tienen nada de lo que el mundo ama y abraza, sino de lo que Cristo amó y abrazó. ¡E1 mundo creerá a sus obras, lo que dudaría ante sus solas palabras! “Realizadores de la Palabra y no sólo oyentes” (Sant 1,22).

Señor si en nuestro atribulado siglo XX, que viene saliendo de esta horrenda carnicería, campos de concentración, deportaciones, bombardeos, que guarda por un lado y trabajó afanosamente por matar con armas mil veces peor, que se despedazan por poseer más, por más negocios, más confort, más honras, menos dolor; si en este mundo del siglo XX, una generación comprendiese su misión y quisiera dar testimonio del Cristo en que cree, no sólo con gritos que nada significan de Cristo vence, Cristo reina, Cristo impera… ¿Dónde?, sino en la ofrenda humilde, silenciosa de sus vidas, para hacerlo reinar por los caminos en que Cristo quiere reinar: en su pobreza, mansedumbre, humillación, en sus dolores, en su oración, ¡en su caridad humilde y abnegada!

¡Si Cristo encontrara esa generación! Si Cristo encontrara uno… ¿querrás ser tú?, el más humilde. El más inútil a los ojos del mundo, puede ser el más útil a los ojos de Dios… Yo, Señor, nada valgo… pero confuso con temor y temblor, yo te ofrezco mi propio corazón. El Señor entró a Jerusalén el día de su triunfo en un asno, y sigue fiel a esa su práctica, entra en las almas de los asnos de buena voluntad, pobres, mansos, humildes. ¿Quieres ser el asno de Cristo? Cristo no me quiere engañar, me precisa la empresa… Es difícil, bien difícil. Hay que luchar contra las pasiones propias, que apetecen lo contrario de su programa ¡No estarán muertas de una vez para siempre, sino que habrán de ir muriendo cada día!

Hay que luchar contra el ambiente: amigos, familia, mundo, atracciones… todo parecerá levantarse escandalizado ante quienes pretendan, con tal ejemplo, por más modestamente que se dé, señalar su error. ¡Si me aman querrán darme lo que llaman bienes! y librarme de exageraciones ridículas, pasadas de moda, “que hacen más mal que bien…”. ¿A qué esas exageraciones? ¿Por qué no hacer como todos? Luchar contra los escándalos… luchar contra los desalientos de la empresa, el cansancio de la edad, la sequedad del espíritu, el tedio, la fatiga, la monotonía… Sí, hay que luchar, pero allí estoy Yo. Tened confianza en Mí, Yo he vencido al mundo. Mi yugo es suave y mi carga ligera…Venid a Mí los que estáis trabajados y cargados y Yo os aliviaré… El que tenga sed, venga a Mí y beba. ¡Yo haré brotar en él una fuente que brota hasta la vida eterna!.

El que quiera seguir a Cristo, ármese con la armadura de la fe, con el casco. “Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe” (1Jn 5,4). “¡Señor, en tu nombre echaré la red!” (Lc 5,5). Palabra magnífica de los que aman a Cristo y por la fe en su palabra se resuelven a seguirle.

Necesito de ti… No te obligo, pero necesito de ti para realizar mis planes de amor. Si tú no vienes, una obra quedará sin hacerse que tú, sólo tú puedes realizar. Nadie pude tomar esa obra, porque cada uno tiene su parte de bien que realizar. Mira el mundo; los campos cómo amarillean cuánta hambre, cuánta sed en el mundo. Mira cómo me buscan a mí, incluso cuando se me persigue… Hay un hambre ardiente, atormentadora de justicia, de honradez, de respeto a la persona; una voluntad resuelta a hacer saltar el mundo con tal que terminen explotaciones vergonzosas; hay gentes, entre los que se llaman mis enemigos, que practican por odio lo que enseño por amor… Hay un hambre en muchos de Religión, de espíritu, de confianza, de sentido de la vida.

Lo que dice Papa. ¡Las conversaciones espirituales en el Illapel! Las misiones… países inmensos que se abren y que juegan su porvenir. Hoy es fácil la entrada, la desean, la piden, es un árbol al que se aplica el hacha, del lado que caiga caerá… Japón abre sus puertas… y si Cristo y la Iglesia entra en esa Nación nos dará Santos como los 4 Santos Jesuitas crucificados y como nuestros otros santos, los franciscanos y los seglares. La China, dice José Cifuentes: nos piden sólo que los queramos…

La acción social desinteresada, realista, sincera; a hacerse pobre de Cristo, a ligar su vida a la elevación del proletariado, elemento sustancial del orden nuevo. Labor de formación modesta, entregada…

La Acción Católica, en consagración a ella. No por un día o un año, con jubilación: “Ya he hecho bastante, me retiro”. No, a firme, toda una vida: en humildad en el puesto que se me dé, no sólo en el brillo de las asambleas, sino en el secreto de la secretaría, en el puesto humilde del centro, pobre, humilde, con abnegación.

La profesión con ese criterio de entrega social, como medio de testimonio de Cristo… Las aplicaciones, ya las veremos.

La familia: la que Dios quiera darme, no necesariamente en un gran standard social, no para mantener una tradición, en lo que tiene de profano, sino en lo que tiene de cristiano, de espíritu de cristiano… Si fuere necesario en el campo o en la provincia, donde sea, en espíritu de Cristo.

Y hay en la Universidad, en la oficina, en la fábrica no sólo observando los mandamientos sino afectándome a vivir en otro estado: en plano de santidad por mi espíritu de oración. En espíritu de jerarquía de valores: los sobrenaturales primero, de preparación científica sí, pero no con espíritu egoísta, sino con amor a mis compañeros y sacrificio por ellos, con abnegación de mi vida al servicio de la Iglesia.

¿Difícil? ¡Sí! El mundo no lo comprenderá… Se burlará… Dirá: ¡exageraciones! ¡Que se ha vuelto loco! De Jesús se dijo que estaba loco, se le vistió loco, se le acusó de endemoniado… y finalmente se le crucificó. Y si Cristo viniera hoy a la tierra, horror me da pensarlo, no sería crucificado pero sería fusilado. Si viniera a Chile… se levantaría una sedición en su contra, ¿de quiénes? ¿Qué se diría contra Él en la prensa, en las Cátedras? ¿Quiénes hablarían? Dios quiera que nosotros no formáramos parte del coro de sus acusadores, ni de los que lo fusilaran.

¿Difícil? ¡Sí! Pero aquí, sólo aquí, reside la vida. El heroísmo, ¿se ha acabado? No. La guerra lo ha demostrado. Convivo con héroes. Traté de cerca a O’Coblahan The honest man I ever met, y él no era el único, muchos lo secundaban con igual heroísmo que iban a la guerra con la sonrisa en los labios. Japón ¡Qué pasta de hombres encierra para cristianos! China, Alemania, Rusia, Chile…

En la gran obra de Cristo todos tenemos un sitio; distinto para cada uno, pero un sitio en el plano de la santidad. En la cadena de la gracia que Dios destina a la bondad. ¡Yo estoy llamado a ser un eslabón! Puedo serlo, puedo rechazar ¿Qué haré? La repuesta: Plantearme este problema a fondo, ¡y responder con seriedad!

Muchos no tendrán el valor de planteárselo. Superior a sus fuerzas pero, ¿si pensaran en las fuerzas de Cristo? Si pensaran que con Cristo, ellos, él también podría ser un santo. ¡Que no se refugien en la cobardía del puro deber!

Otros: la limosna de algo. ¡Algo es! Peor sería nada. ¡Pero no es eso lo que Cristo pide! No hay que ofrecer otra cosa insistiendo que es buena, cuando Cristo pide otra mejor: La voluntad de Dios única y sola.

Los tesoros: los generosos que se entregan y afectan, y para estar seguros de hacer la voluntad del Señor, “haciendo contra su sensualidad” abrazan lo más difícil en espíritu, lo piden, lo suplican les sea concedido… y sólo dejarán aquellas donaciones si el Señor les muestra su camino en terreno más suave. Pero en cuanto de su parte, ¡a aquello van! Ejemplo Doyle, Longhaye, San Ignacio de Antioquía, Brébeuf.

Terminar con el Eterno Señor.

San Alberto Hurtado S.J.

 

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