La noche oscura del Padre Hurtado

El 1º de noviembre de 1941 El Diario Ilustrado publicó una reseña del libro “¿Es Chile un país católico?”, recién escrito por el Padre Hurtado. Las críticas en su contra arreciaron y se vio obligado a renunciar a la Acción Católica. Renato Poblete Barth, s.j., continuador de su obra, escribió detalles de este duro momento.

“Poco antes de la iniciación del Congreso Eucarístico de 1941, el Padre Hurtado impactaba tremendamente a la juventud y a los adultos con su libro: “¿Es Chile un país católico?”. Tal vez nunca, un sacerdote chileno se había atrevido a consignar en un libro de análisis más crudamente realista el espectáculo que el país ofrecía a la conciencia católica. En sus páginas desfila la miseria de nuestro pueblo, cuya raíz principal “es la falta de cultivo religioso de las masas y de los grupos de selección, que acarrean un debilitamiento de su fe”. Nos hace palpar casi la desaparición de la vida cristiana en algunas regiones. He aquí una de las tantas cifras que él nos dio: “Parroquia nortina de 9.000 habitantes con cinco oficinas salitreras que atender. Asisten a la Santa Misa 60 mujeres y 10 hombres. Cumplen con la Iglesia 60 personas, y sólo 40% reciben los sacramentos en vísperas de su muerte. Un 55% de las uniones son ilegítimas. No hay escuelas parroquias, y en las escuelas del gobierno un solo profesor enseña religión, 20 niños asisten al catecismo, una sola persona paga el dinero del culto.” No se puede dejar de citar un trozo angustioso del Padre Hurtado, es un grito que arranca lastimero de su corazón: “Nuestra más grave crisis, es crisis de fe, que se origina en gran parte en la falta de cultivo espiritual y se traduce luego en mayor escasez de sacerdotes que reanimen la vida interior”.

“Pronto comenzaron las críticas, porque los envidiosos no faltan nunca. Empezaron por decir que todo esto de Cristo Rey, de desfiles, concentraciones, banderas al aire, tenía demasiado parecido con lo que hacía la juventud fascista e hitlerista, que estaba en sus mejores tiempos de guerra. Luego acusaron al Padre Hurtado de no haber sabido unir a los católicos. Hubo otras acusaciones más; pero todas tenían como fondo un asunto meramente político. Como la gota que horada la roca, poco a poco estas imputaciones hicieron mella. Y así un buen día el Padre Hurtado se vio obligado a presentar su renuncia, la que fue aceptada. Esto le produjo un gran dolor en el alma, porque al saber lo infundado de las acusaciones, esperaba de su amigo, Monseñor Salinas, un respaldo para su acción y su trabajo. Resignado dejó a su querida Acción Católica en su punto más álgido, diciendo como siempre: “Contento, Señor, contento”. En realidad era la mano de Dios la que había actuado porque nuevos y más importantes trabajos esperaban al Padre Hurtado.

Biografía escrita por Renato Poblete Barth, s.j., vocación del Padre Hurtado y gran continuador de su obra, el Hogar de Cristo.

 

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