María

1. La devoción a Nuestra Señora es un elemento esencial en la vida cristiana. No hay piedad mariana que termine en María.

2. Tenemos una mujer fecunda y tierna como madre. En ella juntamos la integridad y la fecundidad, la gracia de la divinidad con la humanidad.

3. Ella no es divina, es enteramente de nuestra tierra como nosotros, plenamente humana, hacía los oficios de cualquier mujer, pero sintiéndola totalmente nuestra, la encontramos trono de la divinidad… En el fondo María representa la aspiración de todo lo más grande que tiene nuestra alma.

4. María en Nazaret, cuán humilde y descuidada de sí misma. Cuán ajena a toda pretensión. Cuán indigna se reconoce de toda honra. ¿Yo soy así? ¿La imito? Debo pues imitarla en vivir oculto, humilde, silencioso, trabajador; sin deseos de querer ser estimado. Trabajar mucho, hacer mucho bien sin que nadie lo sepa.

5. Madre de Dios todopoderoso… Y madre nuestra: realísima madre nuestra, al pie de la Cruz. Madre de todos los incorporados a Cristo. Y ella, que cuidó de Cristo en su vida, también cuida del Cristo místico hasta que llegue la plenitud de los tiempos….

6. María fue pobre y sencilla. En Caná la encontramos en medio del pueblo, de la vida humana, de la vida de familia, en las alegrías más legítimas… Por eso es que María se dio cuenta al punto de lo que pasaba…. Con María en nuestros apuros. Faltó el vino. Pero allí estaba María felizmente. Ella con su intuición femenina vio el ir y venir, el cuchicheo, los jarros que no se llenaban… Y sintió toda la amargura de la pareja que iba a ver aguada su fiesta, la más grande de su vida… Sintió su dolor como propio. Comprensión de los dolores ajenos (…). Y ella comprendió… que ella podía hacer algo, y que Él lo podía todo.

7. Jesús, en la cruz, nos dio lo último que le quedaba. Después de haber dado todo, incluso él mismo, nos entregó a su Madre. Y en San Juan estábamos todos representados. María es nuestra Madre, la Madre de todos los hombres, de todos los cristianos. Luego, todos somos hermanos. Y cuán poco me he preocupado de ser cariñoso, de ser afectuoso con mis hermanos, y con qué esmero he criticado sus defectos, me he burlado de los más infelices.

8. María es mi Madre. Y al aceptarme como hijo, deposita en mí todos los tesoros de su caridad, todo su cariño. ¡Con qué ternura vela por mí! ¡Qué solicitud, qué amor!… ¿Qué quiere hacer de mí? Un santo, que sólo busque la mayor gloria de Nuestro Señor, su Santísimo Hijo.

9. María como Madre no quiere condecoraciones ni honras, sino prestar servicios. Y Jesús no va a desoír sus súplicas, Él, que mandó obedecer padre y madre. Su primer inmenso servicio fue el “Hágase en mí según tu palabra”… y el “He aquí la Esclava del Señor” (Lc 1,38). Dios hizo depender su obra del “Sí” de María. Sin hacer bulla prestó y sigue prestando servicios: esto llena el alma de una santa alegría y hace que los hijos que adoran al Hijo, no puedan separarlo de la Madre.

10. La madre es la necesidad más primordial y absoluta del alma, y cuando la hemos perdido o sabemos que la vamos a perder, necesitamos algo del cielo que nos envuelva con su ternura.

11. En el fondo María representa la aparición de todo lo más grande que tiene nuestra alma.

12. En el cristianismo tenemos una mujer fecunda y tierna como Madre, pero al mismo tiempo con todo lo intacto e incorrupto de la virginidad.

13. En ella juntamos ambas cosas: la integridad y fecundidad, también la gracia de la divinidad con la humanidad.

14. Ella no es divina, es enteramente de nuestra tierra como nosotros, plenamente humana, hacía los oficios de cualquier mujer, pero sintiéndola tan totalmente nuestra, la encontramos trono de la divinidad.

15. Al levantar nuestros ojos y encontrarnos con los de María, nuestra madre, nos mostrará ella a tantos hijos suyos, predilectos de su corazón que sufren la ignorancia más total y absoluta.

16. Nos enseñará sus condiciones de vida en las cuales es imposible la práctica de la virtud. Y nos dirá: “Hijos, si me amáis de veras como madre, haced cuanto podáis por éstos mis hijos los que más sufren, por tanto, los más amados de mi corazón”.

17. Señor, ayúdame a sostener el timón siempre al cielo, y si me voy a soltar, clávame en mi rumbo por tu madre Santísima, estrella de los mares, dulce Virgen María.

18. María es madre mía en cuanto yo estoy unido con Cristo su hijo unigénito. La maternidad de María es consecuencia de mi unión mística con Jesús.

19. La gracia de María es funcional. Toda gracia es funcional en provecho de todos los demás, justos y pecadores. La función de María es ser Madre de Dios, y su gracia es para nosotros lo que funda nuestra esperanza, ya que la preferida de Dios es mi Madre.

20. La gracia funcional de María persiste: cuando Dios ha elegido una persona para una función no cambia de parecer… María al cuidado doméstico de la Sagrada Familia… Ésta crece al cuidado doméstico de la Iglesia.

21. Todos los teólogos están de acuerdo en admitir que no habríamos tenido Encarnación, si María se hubiese resistido (¡Cuántas encarnaciones de Dios en el alma de sus fieles fallan por nuestra culpa!). Dios hizo depender su obra del “sí” de María.

22. Sin hacer bulla prestó y sigue prestando servicios: esto llena el alma de una santa alegría y hace que los hijos que adoran al Hijo, no puedan separarlo de la Madre.

23. El Ángel anuncia a María la noticia de Isabel, y María se levanta a ayudar al prójimo. Tan pronto es concebido el Verbo de Dios, María se levanta, hace preparativos de viaje y se pone en camino con gran prisa para ayudar al prójimo.

24. ¿Cómo María no se queda en oración, gozando de las dulzuras de su maternidad divina, sino que las sacrifica en visitas?… Ha comprendido su actitud de cristiana.

25. Ella es la primera que fue incorporada a Cristo y comprende inmediatamente la lección de la Encarnación… comunicar a Jesús a los otros.

26. María comprende quien es el prójimo… El amor al prójimo no es sino el amor de Dios esparcido en sus imágenes. Si amamos a Cristo, ¿cómo no amar a los miembros de Cristo?

27. Y ella comprendió que podía hacer algo, y que Él lo podía hacer todo. Ella guardaba en su corazón el secreto desde hace 30 años…

28. … Sabía que vendría un día en que Él tendría que manifestarse… Ella presentía que en ese momento estaría Ella, su Madre, junto a Él.

29. Ella intervendría en su manifestación pública, como iba a estar presente en el último momento, como lo estaría en su Ascensión y en el descendimiento de su Espíritu. Ella ligada irrevocablemente a su obra.

30. Ella que había comprendido como nadie el sentido de la Encarnación, que era un mensaje de amor, de rendición, de elevación, de pacificación, de alegría para las almas, comprende también que Jesús estará feliz de anticipar esa hora para alegrarla a Ella y para mostrar la preeminencia de la caridad sobre toda consideración.

31. Caridad real, activa que no consiste en puro sentimentalismo, que podría ser ilusión… dispuesta a prestar servicios reales y para ello se molesta y se sacrifica.

32. Las dificultades no detienen su caridad.

33. Prontamente: No espera que le avisen… Ella es la pariente más próxima… ¡Ella, la Madre a Dios, da el primer paso! ¡Qué sincera es María en sus resoluciones! Ha dicho: “He aquí la Esclava del Señor”, y lo realiza. Recibe el aviso del Ángel, y parte.

34. María, desde que concibió a Jesús, no vive Ella sino Jesús. La santa voluntad de Dios, es el cojín donde reposa su corazón.

35. La Virgen es la más asociada a Él, también en su pobreza e injurias, hasta el fin. Lo pone echadito en el pesebre. Se queda en altísima contemplación.

36. Y en el más humilde sitio entre los pobres… estaban Jesús y María, conocidos de nadie… ¿Dónde? junto a la cocina, donde estaba la mesa de servicio, donde iban y venían los sirvientes… ¡Por eso es que María se dio cuenta al punto de lo que pasaba!

37. ¡Faltó el vino! ¡Pero allí estaba María felizmente!…Y sintió toda la amargura de la pareja que iba a ver aguada su fiesta, la más grande de su vida… Sintió su dolor como propio.

 

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