Nos hizo chiflarnos de amor por Cristo

Testimonio del P. Víctor Risopatrón S.J.

Presidente de las juventudes católicas en sus tiempos de estudiante, comenzó su relación con el Padre Hurtado en el colegio San Ignacio. La energía y el entusiasmo que le trasmitía su director espiritual, hizo a este ignaciano -como a muchos otros- consagrar su vida a Dios.

Dos hitos fundamentales formaron al sacerdote Víctor Risopatrón: Los retiros espirituales del colegio San Ignacio y el estímulo constante de quien era el alma de las reuniones en las casas de ejercicios espirituales, el Padre Hurtado. “Formarnos con un hombre que vibraba con Jesucristo de manera distinta y que para nosotros era admirable, nos hizo seguir a Jesucristo y… ¿cómo lo íbamos a seguir?, bueno, a través de la persona que mejor lo representaba en ese tiempo”, asegura.

Su estrecha relación se inició cuando el Padre Hurtado le ofreció a él y a unos amigos ser su guía espiritual. “Al principio nos atendía en una pieza chiquita, después trasladó su cama a otro lugar y transformó esa pieza en oficina, es que en la antesala normalmente se juntaban más de 10 chiquillos que esperaban conversar con él”, señala.

Cuando terminó el colegio, el Padre Risopatrón dudó sobre su vocación sacerdotal, pues se sentía atraído por la profesión de abogado. Fue así como postuló a la Escuela de Derecho de la Universidad Católica, sin sospechar que al interior de ésta se volvería a encontrar con el Padre Hurtado. “Un día nos encontramos en la micro, los dos íbamos a la universidad, él a hacer clases y yo como alumno. Entonces, como que no se aguantó más y cuando ya nos bajábamos, me dijo: ‘Bueno pos patroncito y cuándo nos decidimos’. Le surgió de manera natural el deseo de ayudarme a tomar una decisión”. Asegura que el Padre Hurtado quería que sus jóvenes se comprometieran con Cristo a través de la Iglesia, pero que era muy prudente y nunca los forzó a seguir la vida religiosa.

Mientras estudiaba, el Padre Risopatrón no quiso abandonar la Iglesia y se integró a la Acción Católica, conformada por jóvenes que no sólo compartían las ganas de trabajar, sino la misma formación y dirección espiritual a cargo del Padre Hurtado. La energía y el entusiasmo que el grupo desplegaba en sus actividades los hizo apodarse los “Chiflados por Cristo”. Algunos participaban además en las Juventudes Católicas que el Padre Hurtado había refundado mientras era asesor nacional. El Padre Risopatrón llegó a ser presidente nacional de los jóvenes católicos.

“Salíamos a recorrer el país, no solamente visitábamos las parroquias del Gran Santiago, íbamos al norte y al sur buscando jóvenes comprometidos con la Iglesia. La mayoría de las veces el compromiso que tenían era vago, no se concretaba en organización, entonces nosotros les dábamos organización y el entusiasmo de chiflarse por Cristo”, recuerda.

Para el Padre Risopatrón la figura de Alberto Hurtado ha crecido. “A pesar de que sigue siendo el mismo Padre Hurtado, creo que su influencia en la Iglesia ha crecido después de su muerte. En los últimos cinco años, se ha ganado un lugar en este país”. Esa misma figura lo inspiró hasta tal punto que Víctor Rispatrón, después de cursar estudios eclesiásticos en Argentina, Colombia y Francia, no pudo negarse a seguir la vida religiosa, desempeñándose actualmente como asesor y confesor del Santuario del Padre Hurtado.

Comentarios Facebook

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para dejar un comentario.