Nuestra época

1. Nuestra época necesita afirmar fuertemente la responsabilidad de cada hombre de los intereses comunes.

2. El primer elemento de restauración social no es la política, sino la reforma del espíritu de cada hombre según el modelo que es Cristo.

3. Ahondar divisiones en la familia nacional es crimen de lesa patria; acortar distancias es trabajar por la grandeza del país.

4. Al juzgar la anarquía juzguemos también sus causas, mirémoslas con profundo espíritu de justicia y caridad y antes que pedir cañones tengamos la conciencia de no estar amparando injusticias.

5. Que el país vea que sus políticos no buscan intereses personales, sino los de la nación y que ponen todas sus energías para dar bienestar no a un grupo, sino a la mayoría de sus ciudadanos.

6. Más eficaz que la victoria por la violencia es la victoria por el convencimiento de la razón. Por la razón primero, la fuerza viene después en nuestro escudo.

7. Que la actitud social política de quienes profesan la fe en Jesucristo se inspire en la justicia deseada con hambre y con sed, y en el amor que no trepida en sacrificarse por el bien de los hermanos.

8. Un estado es cristiano no sólo cuando restablece el nombre de Dios en sus juramentos, sino cuando el sentido del Evangelio domina su espíritu.

9. El amor a la patria, más que en el ensanche de sus fronteras, se ha de traducir en el cumplimiento de su misión.

10. Deber social del universitario no es sino la traducción concreta a su vida de estudiante hoy y de su futuro profesional, mañana, de las enseñanzas de Cristo sobre la dignidad de nuestras personas y sobre el mandamiento nuevo, su mandamiento característico, el del amor.

11. Hay algo que no vemos nosotros al no salir de Chile, pero que los extranjeros que vienen a Sudamérica, y sobre todo a Chile, ven el punto: La horrenda distancia de dos mundos que conviven sin tocarse por ninguno de sus extremos…

12. Participar en la vida social, en las alegría y en los dolores… vemos a Jesús, que hay una boda, hay mucha gente convidada… y aunque quizás en la fiesta pueda haber algún exceso, allí está Él y allí está su Madre. En medio del pueblo, de la vida humana, de la vida de familia, en las alegrías más legítimas.

13. En nuestro tiempo se hace de la religión una formalidad mundana, un sentimentalismo piadoso bueno para las mujeres, una policía pacífica. ¡No romper nada, no permitir que nadie rompa nada! Así se podría expresar este cristianismo de buen tono, negativo, vacío de substancias, vacío de Cristo, vacío de Dios.

14. Virilidad y alegría ¡Cuánta falta hacen en nuestro tiempo! Ambos conceptos van íntimamente unidos. No es bien hombre quien no sabe estar alegre, quien no se sobrepone a las pesadumbres habituales de la vida y las vence con su optimismo lleno de fe y confianza.

 

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