Prólogo “Sindicalismo”

El Por qué de este libro

Un nuevo orden social está gestándose penosamente entre sacudimientos y conflictos.

“Elemento substancial del orden nuevo es la redención del proletariado”, ha dicho y repetido Su Santidad Pío XII.

Cuál haya de ser este orden es la materia de largas meditaciones de filósofos, sociólogos y economistas. De importancia capital serán sus conclusiones para conocer el fin concreto al cual hay que tender, las razones que justifican un cambio de estructuras sociales, las medidas que calzan a nuestra sociología nacional en un momento de la historia, las posibilidades reales de nuestra economía… pero todas estas conclusiones por más fundadas que sean no llegarán jamás a traducirse “en redención del proletariado”, si no hay un movimiento sindical fuerte, consciente, bien formado, disciplinado, dispuesto a jugarse entero por obtener la aplicación de dichas conclusiones y por su continua adaptación. Es un hecho demasiado probado por la historia que la ascensión obrera ha sido siempre obra de la propia clase obrera que ha alcanzado la madurez.

Los asalariados de los países más ocultos del mundo han creído llegada la hora de terminar su situación de proletarios. Para conseguirlo se han organizado en asociaciones sindicales que reúnen hoy día más de cien millones de obreros.

En América Latina el movimiento sindical es todavía incipiente y está llamado a crecer. Lejos de mirar su engrandecimiento como un peligro para la estabilidad social lo consideramos como fuerza creadora de orden social, orden que sólo se alcanza cuando hay equilibrio interior, cuando cada elemento de la sociedad ocupa un sitio de acuerdo a los planes del Creador.

Al mirar el camino recorrido por el sindicalismo en el mundo muchos no tienen ojos sino para ver sus defectos, sus extremismos, sus violencias, la politización de sus actividades, incluso las faltas personales de algunos de sus dirigentes. ¿No son acaso éstas las faltas de todo movimiento que comienza? Más aún, ¿no son los errores inherentes a todo grupo social? ¿Cuál es el que inocente que puede tirar la primera piedra? ¿Acaso estos errores no se han debido también en gran parte, a la prolongada ausencia de muchos elementos que por su preparación, por sus doctrinas inspiradas en la justicia y en el amor habrían podido encauzar dichos movimientos?

A remediar este error tienden estas páginas. Ellas son un llamamiento dirigido a todos los que se interesan por la redención del proletariado: a los asalariados, tanto obreros como empleados para que reconozcan cuartel en las filas sindicales, a los técnicos y profesionales para que aporten el concurso de su ciencia y experiencia ayudando a los dirigentes gremiales a ver más claro el camino de sus reivindicaciones. A todos ellos les recordamos los grandes principios de la filosofía social que basan y orientan el movimiento sindical; las lecciones de la historia del sindicalismo en el mundo, que le señalarán los pasos que han recorrido las instituciones sindicales más poderosas: sus luchas, sus errores y su aciertos para que puedan mejor orientar su propia acción. Especial atención se consagra al movimiento obrero en Chile y a su legislación sindical, ya que serán chilenos la mayoría de sus lectores.

En la historia del sindicalismo, sobre todo en América Latina, hay sin duda muchas lagunas: movimientos sindicales de importancia que son silenciados, actuaciones que habría sido necesario destacar mayormente o al contrario hacer serias reservas: ello se debe a la escasez de antecedentes.

Además de las fuentes señaladas en la bibliografía hemos procurado escribir a quienes sabíamos se interesaban por el movimiento sindical en países de los cuales teníamos menos información. A los que se han servido enviarnos antecedentes, vayan nuestros agradecimientos más sinceros: a Su Excelencia Monseñor Sanabria y Padre Herrera, de Costa Rica; al Reverendo Padre Florentino del Valle, de España; al Reverendo Padre Andrade, de Colombia; a Fernando Stieglich, el buen amigo del Perú; a los informantes de Uruguay y Ecuador. Nuestros agradecimientos muy sinceros a don Moisés Poblete Troncoso; al Presbítero Don Humberto Muñoz y al Reverendo Padre Walter Hanish, que nos han permitido hacer uso de antecedentes valiosos recogidos por ellos para mejor conocer nuestra historia sindical. También debo expresar mis agradecimientos muy sinceros al distinguido abogado y amigo Patricio Cabrera por su valiosa colaboración al redactar el capítulo “El sindicato en la legislación chilena”, y al querido amigo Andrés Santa Cruz sin cuyo abnegado concurso no habrían visto la luz pública estas notas laboriosamente reunidas.

Ojalá que este libro contribuya a realizar el voto que Benedicto XV dirigía a un apóstol del sindicalismo: facilitar la formación de sindicatos verdaderamente profesionales y animados del espíritu cristiano, que sirvan al mismo tiempo los intereses más sagrados de la clase obrera, los de la paz social y los de la Patria.

 

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