Recordando una canonización

Columna de Monseñor Manuel Camilo Vial, Obispo de Temuco, enviada a los medios con motivo del celebrar el tercer aniversario de la canonización de San Alberto Hurtado en octubre de 2008.

+ P. Obispo Manuel Camilo Vial R.
Obispo de Temuco

Es emocionante recordar, a tres años de la canonización del primer santo chileno, el padre jesuita San Alberto Hurtado, lo impactante que fue para todos los pastores y peregrinos chilenos, contemplar la Plaza de San Pedro, presidida por la imagen de nuestro santo, revestida del tricolor nacional, agitada por chilenos en todos sus rincones, donde el Santo Padre Benedicto 16, proclamó para todo el mundo, el reconocimiento oficial de su santidad. Fue un momento de gracia y bendición para todos los asistentes y todos los participantes en el mundo entero. Como lo expresamos agradecidos, fue la visita del Señor a nuestro pueblo chileno y a la Iglesia de Jesucristo peregrina en nuestra tierra.

También recuerdo, con emoción, al día siguiente, el encuentro con Benedicto 16, durante su audiencia con los peregrinos llegados de todas partes del mundo, donde pudimos experimentar, de manera muy especial, su afecto hacia nuestra patria, que expresó diciendo: “Me siento muy cercano al pueblo de Chile”, presentando también algunos rasgos esenciales de la santidad de este sacerdote chileno. Recuerdo que, con devoción, nos acercamos todos los obispos de Chile, presentes en el Aula Pablo VI, para besar su anillo y saludarle, por primera vez, como Santo Padre y Pastor Universal, a nombre de nuestras Iglesias particulares y de todo el pueblo de Chile.

A tres años de su canonización, le agradecemos esa experiencia de fe vivida como país. Jamás podremos olvidar que Dios nos ha regalado, verdaderamente, “Un Padre para Chile”; un “Padre de la Patria del siglo 20”, como lo dijo el Presidente de la República, en dos oportunidades, cuando acompañó a los peregrinos presentes en la basílica de San Pedro, en el Vaticano.

Hoy, agradecidos, vemos los inmensos frutos que nos ha reportado como nación chilena, su ejemplo de amor al Señor, que lo llevó a descubrir en cada hermano el rostro de Cristo a quien amar y servir, como lo hacía su Maestro.

¡San Alberto Hurtado, ruega por todos nosotros!

Temuco, 19 de octubre de 2008.

 

 

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