Testimonio de Jorge “pollito” Alarcón

Vivió en el Hogar de Cristo por mucho tiempo. Fue allí donde aprendió valores que hoy lo motivan a ayudar a los otros y a salir adelante. El Padre Hurtado lo sacó de la cárcel una vez que los carabineros, injustamente, se lo llevaron detenido. Es el testimonio de Jorge Alarcón o como muchos lo llaman el “Pollito” quien recuerda al Padre como un hombre noble y lleno de amor.

El Puente de Avenida La Paz en la comuna de Independencia, fue durante años su refugio y el de otros niños que vivían en las calles. Fue ahí donde él y sus amigos conocieron al Padre Hurtado, quien iba a verlos y persuadirlos para que fueran al Hogar, un lugar donde podían encontrar cama, ropa y comida. Jorge, aburrido de vivir en la calle y dormir en el suelo, aceptó irse con el Padre junto a otros amigos. “Empezamos a ver la felicidad de a poquito” cuenta Alarcón refiriéndose a sus primeros días en el Hogar.

Poco a poco el Hogar de Cristo, en donde se encontraba el “Pollito”, comenzó a llenarse de gente. Aquí el Padre Hurtado se dio cuenta que no sólo con comida y vestuario se mejoraba la calidad de vida de estos niños, sino que también la educación era de vital importancia. Una inquietud que transmitió al Colegio San Ignacio, establecimiento que comenzó a acoger a los niños del Hogar de Cristo. Orgulloso de asistir al Colegio San Ignacio, el Pollito recuerda que un principio le costó pensar que tendría que compartir con niños “cuicos”, sin embargo, hoy valora la educación y el trato que recibió en ese establecimiento.

Para Jorge, el Padre Hurtado fue el único padre que tuvo, ya que nunca vivió con su padre o su madre. Lo que más recuerda el Pollito del beato es “esa sonrisa a flor de labios” y esa bondad “que nos dominaba”. Gestos como esos, hicieron a niños como el Pollito comprender todo el amor que el “padrecito” les tenía. Un amor que los hizo salir de las calles y comprender que no estaban solos en este mundo.

Hoy se siente un hombre completo y agradecido del Padre Hurtado. “Ese fue un milagro: por el Padre Hurtado dejamos de ser malos para siempre y nos hicimos hombres de la vida y trabajadores”, confiesa Araya. Es por eso, que trabaja gustoso como nochero en el Hogar de Cristo y coopera en el área de deportes para los adultos mayores.

Respecto a la canonización del Padre Hurtado, el Pollito afirma que con el sólo hecho de ayudar a la gente en situación de pobreza y fundar el Hogar de Cristo, el Padre Hurtado es un santo. “El milagro más grande que ha hecho es darle comida a tanta gente”, afirma Jorge.

El atletismo y el deporte en general, son parte importante de su vida y él se siente orgulloso de eso, pues cree representar a los adultos mayores que viven en situación de pobreza o que enfrentan discapacidad física. Hoy, el Pollito confiesa estar vivo gracias al milagro del Padre Hurtado, no sólo porque le dio una casa o educación, sino porque le da las fuerzas para seguir viviendo a pesar del grave cuadro pulmonar que hoy lo aqueja.

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