Tremenda responsabilidad

Meditación del Padre Hurtado sobre el deber misional de los fieles, en unos Ejercicios Espirituales predicados a jesuitas, posterior a 1944.

Tenemos una responsabilidad: Misionar el mundo desde la colina de la ascensión. Tenemos la responsabilidad del mundo entero. Nuestro Señor no va a hacer nada sino por nosotros, no va hablar sino por nosotros. Tenemos la responsabilidad del crecimiento de la Iglesia. Geográficamente es demasiado pequeña… es como un niño que tiene todos sus órganos, pero tiene que crecer… La Iglesia debe crecer como el niño, por todo su cuerpo: pies, manos y cabeza; oye por los oídos, ve por los ojos… pero debe crecer por todo el cuerpo. La Iglesia todavía no ha alcanzado su tamaño normal. Luego todos, todos sus miembros, deben contribuir al crecimiento: para que crezca por todos sus órganos. Si el crecimiento es por unos miembros y no por otros es anormal, una enfermedad y la muerte.

Por nuestro bautismo somos miembros de la Iglesia; por nuestra oración estamos al servicio de la Iglesia. Tenemos que interesarnos por las misiones que tienen por objeto salvar las almas y hacer crecer a la Iglesia. ¿Está establecida hoy la Iglesia en todo el mundo? La gente dice que se interesa por las misiones y ¿qué dan? Su pensamiento, casi nunca; sus deseos, pocas veces… papeles viejos, los desechos de la casa. De los 300.000 sacerdotes; 20.000 sacerdotes en las misiones, y de éstos, 13.000 cuidan de los católicos… Sólo un puñado de sacerdotes y de monjas para extender el Reino de Cristo.

Dicen: ¡¡La caridad comienza por la casa!! ¿Quién lo ha dicho? ¿Cristo, los Padres de la Iglesia? No. Es la teoría del egoísmo. ¿Egoísmo y caridad comienzan de la misma manera? No. La caridad comienza desde el primer momento con todos: ama, desde el principio, a todos. Comienza desde el primer momento a prestar servicio a los más próximos. La táctica del Espíritu Santo es como la de las arañas: comienza por las puntas más lejanas y termina por el centro. San Pablo tenía mucho que hacer en Jerusalén… pero se va hasta España, quería dar la vuelta al mundo entonces conocido.

Son pocos los que tienen esa responsabilidad tremenda. ¿Qué he hecho yo para hacer crecer a la Iglesia? ¿Disculpas? ¡No tenemos tiempo para ocuparnos de eso! Con nuestros deseos, oraciones, padecimientos, influencia, podemos mucho. Conservar en nuestra alma ese gran deseo y no quedarnos en el raquitismo espiritual.

La labor es interminable ¡¡400 millones de chinos… 375 millones de hindúes… tareas desmedidas!! Primero, no se trata de convertir a todos los chinos: sino de establecer la Iglesia. Con 25 millones de Chinos se funda la Iglesia china. Como en EE.UU., hay 27 entre 120 millones. Se acabaron las misiones, y ellos se hacen misioneros.

Hay momentos críticos en la Providencia divina: desarraigar un gran eucaliptus es casi imposible, pero hay un momento en que un niño, con una cuerda, puede determinar el lado de la caída. India, después de la guerra; China que están buscando su camino. En este momento el influjo de oraciones, deseos, influencias puede determinar el rumbo por siglos y siglos.

Pero, para las misiones no hay personal… –Asuma la responsabilidad y ¡vendrán vocaciones! ¡No le faltarán! Comience: mande 4 al África, ¡ya llegará personal! Lo primero es un acto de fe. En muchas de nuestras provincias hacemos bien en los colegios, pero cuando no tenemos más que colegios, la provincia se vuelve un poco burguesa… Pero cuando hay misiones, cambia.

¿Qué podemos hacer? ¡Conocer nuestras propias misiones! Cuando uno se aficiona a las misiones aprende mucho. Toda nuestra oración: que venga a nosotros el Reino de Dios. Nuestros sacrificios, nuestro apoyo y nuestra influencia.

 

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