Bienaventurado…, san Alberto

 

 

Capilla de las Bienaventuranzas

 

A través de estas breves líneas queremos expresar la convicción de que el Padre Hurtado fue un hombre santo. No sólo porque un proceso canónico lo decretó, sino por los testimonios recogidos y presenciados en su Santuario cada día que suman miles de páginas.

Para quienes no son católicos, el Padre Hurtado también fue durante su vida y desde su muerte, un referente para nuestra sociedad plural, pues independiente de las creencias que se tengan ha sido reconocido hace ya 100 años como un hombre de visión y de corazón a toda prueba, que luchó incansablemente por la justicia social y por los más pobres de nuestra tierra.

Al morir, su tumba estuvo en la hoy llamada Capilla de las Bienaventuranzas, a un costado de la Parroquia de Jesús Obrero. La lectura de cada uno de estas diez promesas de Jesús nos permiten llamarlo Bienaventurado san Alberto.

Bajo su amparo y siguiendo sus enseñanzas seguiremos trabajando para difundir su gran legado: fe y justicia.

Bienaventuranzas en la antigua tumba del Padre Hurtado

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