Sufrimiento cristiano

1. En nuestro camino tropezamos siempre con dificultades e incomprensiones. Este es el pan de cada día, duro, pero muy nutritivo, pues robustece las virtudes macizas y forma a las almas.

2. No aceptes resolver en tu mente las causas de tu amargura. Acuérdate que “el grano de trigo para fructificar ha de morir”. El sufrimiento no encorva sino que es como un huracán arrasador. El dolor comprendido lleva a Dios. Pero el dolor incomprendido y rechazado aleja a los hombres de Dios.

3. Recuerda que el barco en que va Jesús, a veces muy dormido, puede oscilar, hacer agua, ¡pero hundirse nunca!

4. Nunca está uno solo en las horas de mayor soledad.

5. Uno de los mayores tropiezos, si no el mayor, para aliviar el dolor humano es desconocerlo.

6. Hay un dogma sumamente consolador, es la Comunión de los Santos. Él nos enseña que no hay ninguna de nuestras acciones que carezcan de un valor social.

7. El dolor acompañó a Cristo desde la cuna hasta la cruz y los que son de Cristo aman el dolor cuando el Señor lo manda (no que hagan un culto del dolor por el dolor), pero lo aman cuando el Señor lo manda, toman empresas generosas, sin desistir de ellas porque traen dolor, y más aún para completar la pasión de Cristo, algunos llegan a padecer o morir.

8. El dolor no es el fin de nuestra vida. En este mundo, perdida la felicidad original, nos acompaña siempre, pero no como un fin, sino como un medio para reparar y restaurar la santidad perdida.

9. Alegrarme de tener que ir allá. No temo la muerte porque es el momento de ver a Dios. Sé que mis males tienen término, que mis aspiraciones lograrán su objeto.

10. La vida ha sido dada al hombre para cooperar con Dios, para realizar su plan. La muerte es el gran complemento de esa colaboración, pues es la entrega de todos nuestros poderes en manos del Creador.

11. Si no fuera más que para afrontar con serenidad la muerte, y con alegría la vida, ya la fe tendría plena justificación.

12. No todo es Viernes Santo. ¡Resucitó Cristo, mi esperanza! “Yo soy la Resurrección” (Jn. 11, 25). Este es el Domingo, y esta idea nos ha de dominar. En medio de dolores y pruebas… optimismo, confianza y alegría.

13. La miseria del pueblo es de cuerpo y alma a la vez. Proveer a las necesidades inmediatas es necesario, pero cambia poco su situación mientras no se abren las inteligencias, mientras no rectifican y afirman las voluntades, mientras no se animan a los mejores con un gran ideal, mientras que no se llegan a suprimir o al menos a atenuar las opresiones y las injusticias, mientras no se asocian a los humildes a la conquista progresiva de su felicidad.

14. En una palabra, no son argumentos, sino puro amor a Jesucristo, el que hace al santo desear el sufrimiento por Cristo y juntamente con Él. Entrará con Cristo en su agonía, sentirá quebrársele el corazón ante el gran pecado del mundo: ante la injusticia, la crueldad, la codicia y el orgullo, formas todas en que se expresa el culto de sí mismo.

15. Si nosotros no lo rehusamos, Dios se arregla para hacernos soportar cada día más un poco más de incomprensión, un poco más de dificultades, un poco más de soledad, un poco más de dolor.

16. El auténtico católico sufre por su dolor y por el de sus hermanos, hace cuanto puede por remediar los males, pero sabe que el dolor es un misterio, contra el cual no se rebela.

17. El dolor del alma humana Jesús lo ha conocido como nadie. El que sabe lo que hay en el hombre, como dice el Evangelio, ha venido a sanar el inmenso dolor de los hombres de todos los tiempos.

18. En la escuela del dolor el hombre se afirma o se anula.

 

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Pobreza

1. Viajamos por el mundo con demasiado bagaje: todo exige nuestra atención y nos quita tiempo. ¿No es el camino del cielo angosto y escarpado y su entrada comparada al ojo de una aguja? ¿Cómo queremos pasar esta puerta cargados con tanta cosa?

2. Los pobres, los preferidos de Cristo. Su primer equipo: los pobres. La primera comunidad cristiana, comunidad modelo: comunidad de pobres.

3. Las monedas se multiplican cuando desaparecen en las manos de los pobres.

4. Bajo los harapos de pobre y bajo esa capa de suciedad que los desfigura por completo, se esconden cuerpos que pueden llegar a ser robustos y se esconden almas tan hermosas como el diamante.

5. Hay en el corazón de los niños vagos un hambre inmensa de cariño. Quien llegue a ellos por la puerta del corazón puede adueñarse de sus almas.

6. No descansen mientras haya un dolor que mitigar.

7. Los que hayamos dado a Cristo en el pobre, estará colocado en la eternidad.

8. Que los detalles para dignificar al pobre sean lo más importante. Que Cristo tenga menos sed, que esté más cubierto gracias a ustedes. ¡Sí, que Cristo ande menos “pililo”, puesto que el pobre es Cristo”!

9. El pobre suplementero, el lustrabotas… la mujercita de tuberculosis, piojosa, es Cristo. El borracho… ¡No nos escandalicemos! ¡Es Cristo!

10. …¿Es cristiano derrochar sumas enormes cuando otros mueren de hambre? -Es que todos los de mi situación lo hacen… -¿Pero no sería tiempo de comenzar a hacerlo de otra manera?… ¿Nos hemos dado cuenta de lo que tenemos nosotros… y de lo que carecen otros?

11. Al partir, volviendo a mi Padre Dios, me permito confiarles un último anhelo: el que se trabaje por crear un clima de verdadero amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo. “Lo que hiciereis al más pequeñito, a mí me lo hacéis” (Mt. 25, 40).

12. No soy yo el que vive en mí, es Cristo quien vive en mí (Gal 2,20). Él es la cabeza, yo y mis hermanos los hombres, los miembros de ese cuerpo. Entre Él y nosotros hay una comunidad de vida: la vida de la cabeza es la vida de los miembros; su espíritu circula en nosotros. Con toda verdad podemos repetir como un mártir mexicano segundos antes de ser fusilado: Cristo vive en mí y yo vivo en Cristo.

13. Pasó por el mundo haciendo el bien, un bien que no es una altiva caridad tirada al pobre, sino una efusión de un amor que no humilla, sino que comprende, compadece fraternalmente, eleva. El gesto de Cristo es gesto de respeto, de comprensión, de compenetración afectiva con la masa doliente, de sentirse uno de ellos y de cargarse con todo su ser del lado de los que sufren, y de poner toda su palabra, su poder, su influencia del lado de ellos.

14. Cristo vaga por nuestras calles en la persona de tantos pobres dolientes, enfermos, desalojados de su mísero conventillo. Cristo, acurrucado bajo los puentes en la persona de tantos niños. ¡Cristo no tiene hogar! ¿No queremos dárselo nosotros? “Lo que hagan al menor de los pequeños, a Mí lo hacen”, ha dicho Jesús.

15. El prójimo, el pobre en especial es Cristo en persona. Lo que hagan al menor de mis pequeños a Mí lo hacen. El pobre suplementero, el lustrabotas, la mujercita de tuberculosis piojosa es Cristo. El borracho… no nos escandalicemos: es Cristo. Insultarlo. Burlarse de él. Despreciarlo es despreciar a Cristo.

16. Por eso, hay que tener “devoción por el pobre”. Tenerles devoción cariñosa, confieso que es bien difícil. Y uno sabe tantas veces que le están tomando el pelo, pidiéndole (dinero) para ir a tomar (alcohol)… Pero “lo que hacéis por el último de éstos mis hermanos, por Mí lo hacen”. Ese pobre es Cristo, ese niño, ese borracho. Amarlos, no avergonzarnos de ellos.

17. La Iglesia es la sociedad de los pobres, la ciudad para ellos construida. La Iglesia (es una) ciudad edificada para los pobres; es la ciudad de los pobres. Los ricos (son) sólo tolerados. La Iglesia es Iglesia de pobres y en sus comienzos los ricos al ser recibidos en ella se despojaban de sus bienes y los ponían a los pies de los apóstoles para entrar en la Iglesia de los pobres. Grandes de esta tierra, revístanse con sentimientos cristianos y miren con respeto a los pobres.

18. Hay entre los directores de esta obra el firme propósito de no contentarse con el mero acto de caridad de dar alojamiento al pobre, sino también de hacer cuanto se pueda por irlo readaptando en la vida humana. Una de las primeras cualidades que hay que devolver a nuestros indigentes es la conciencia de su valor de personas, de su dignidad de ciudadanos, más aún, de hijos de Dios.

19. Que los detalles para dignificar al pobre sean lo más importante; que Cristo tenga menos hambre, menos sed, que esté más cubierto gracias a ustedes. Sí, que Cristo ande menos ‘pililo’, puesto que el pobre es Cristo.

20. Este es mi último anhelo: que se haga una cruzada de amor y respeto al pobre, porque el pobre es Cristo, Cristo desnudo, Cristo con hambre, Cristo sucio, Cristo enfermo, Cristo abandonado. ¿Podemos quedarnos indiferentes? ¿Podemos quedarnos tranquilos?

21. La miseria no es problema político. Es un problema de fraternidad. La malicia ha sido hacerla problema político: en ese plan no tiene más solución que la fuerza.

22. Miremos el Calvario y pensemos que queremos ser pobres no de nombre, sino de realidad; que le prometemos a Cristo dejarlo todo para seguirlo. Es el precio que pagamos para hallarlo.

23. Cristo desnudo, Cristo con hambre, Cristo sucio, Cristo enfermo, Cristo abandonado. ¿Podemos quedar indiferentes? ¿Podemos quedar tranquilos?

 

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Trabajo

1. La palabra “trabajo” debería sugerirnos a todos no solo un medio para ganar la vida sino una colaboración social.

2. Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría.

3. La sociedad debería vivir en un acto continuo de acción de gracias a todos los que laboran su grandeza espiritual, intelectual, manual y consiguientemente de respeto a todo trabajador.

4. Es necesario que cada uno ocupe el sitio que le corresponde conforme a su naturaleza humana, que participe de los trabajos, pero también de las satisfacciones, como conviene a hermanos, hijo de un mismo Padre.

5. Es horrible el contraste entre quienes nadan en la abundancia y quienes se ahogan en la desesperación de la indigencia.

6. Es imposible predicar a estómagos vacíos.

7. Nada puede hacer tanto daño a nuestra religión como ese horrendo contraste entre la predicación oral de una doctrina que pone como corona de virtudes y distintivo de su fe a la caridad, y el egoísmo práctico, la vida encerrada en sí misma de quienes dicen profesar esa doctrina… Los hombres que son testigos de tal contraste no solo condenan a los hombres, sino que desprecian su fe.

8. Para el progreso humano en la época de paz el trabajo es tan necesario como ganar la guerra.

9. Los más altos escalones de la pirámide social se levantan sobre la base creada por el trabajo.

10. Descubrir el sentido social de cada trabajo debería ser una aspiración fundamental de quien aspira a dar educación social, y luego inculcar ese sentido, creando una mística del trabajo escolar, manual, profesional.

11. Cada profesión ha de ser concebida no solo como un medio de ganarse la vida, de mejorar su situación económica, de labrar un porvenir a sus hijos, sino también como el ejercicio de una misión social y una colaboración al bien común de la sociedad.

12. ¿Qué sentido social tiene mi profesión? ¿Qué posibilidad de servir a los demás encuentro en mi vida de trabajo? ¿Cómo puedo realizarlas?

13. Que el salario venga envuelto en el gesto de respeto y agradecimiento de quien comprende que jamás trabajo humano alguno puede ser suficientemente compensado con dinero.

14. En mi trabajo de cada día era a Él a quién yo buscaba.

15. Hacer comprender la dignidad del trabajo humano es tarea fundamental de la educación social. Durante siglos se despreció el trabajo, sobre todo el trabajo manual.

16. La palabra “trabajo” debería sugerirnos a todos no solo un medio para ganar la vida, sino una colaboración social. Según esta concepción del trabajo podría ser definido: “El esfuerzo que se pone al servicio de la humanidad; esfuerzo personal en su origen, fraternal en sus fines, santificador en sus efectos”.

17. La dignidad del hombre es atacada cada vez que un hombre, sin que sea responsable, es reducido a cesación del trabajo. La dignidad del hombre es atacada cada vez que tiene que vender su trabajo por un salario menor de lo justo.

18. Por el trabajo el hombre da lo mejor que tiene: su actividad personal, algo suyo, lo más suyo; no su dinero, sus bienes, sino su esfuerzo, su vida misma. Con razón los trabajadores se ofenden ante la benévola condescendencia de quienes consideran su tarea como algo sin valor. Trabajar en condiciones humanas es bello y produce alegría, pero esta alegría es echada a perder por los que altaneramente desprecian el esfuerzo del obrero, no obstante que se aprovechan de sus resultados.

19. Otros hay que ofenden al obrero haciéndole sentir que él vive porque la sociedad bondadosamente le procura empleo. Más cierto sería decir que la sociedad vive por el trabajo de sus ciudadanos: sin trabajo no habría riqueza ni sociedad. Esta idea podría ser mejor comprendida en una asociación vocacional en la que el trabajador, dejando de ser un simple asalariado, participara de la propiedad y aún de la dirección de la obra en que trabaja para bien y servicio de la sociedad.

20. Así como hay condecoraciones para los que realizan hazañas bélicas o llevan adelante con éxito gestiones diplomáticas debería haber condecoraciones para los “héroes del trabajo”, héroes ocultos sin los cuales no progresa la humanidad… Un nuevo humanismo debe reemplazar a esta concepción decadente de la historia, un humanismo del trabajo, que encuentra la mayor grandeza en el Dios obrero.

21. La sociedad debería vivir en un acto continuo de acción de gracias a todos los que laboran su grandeza espiritual, intelectual, manual y consiguientemente de respeto a todo trabajador, de gratitud por sus esfuerzos que no se pagan con dinero. Siempre el que recibe el esfuerzo de un hombre recibe más que lo que le da al entregarle en cambio billetes de banco o monedas, aunque fuesen de oro legítimo. Es misión del educador hacer caer en la cuenta a sus alumnos de los beneficios inmensos que nos proporciona cada día el trabajo de los demás.

22. Nada más desalentador que un esfuerzo cuya finalidad no aparece… Cuando el obrero, en cambio, descubre que su trabajo tiene valor para la comunidad, que es una contribución fraternal en bien de todos, su espíritu se ilumina con nueva luz, y sus músculos cobran nuevas energías. Esfuerzo sin sentido conocido, es esfuerzo perdido.

23. Estos grupos de luchadores obreros han logrado comprender que no puede haber escisión entre su vida religiosa y su vida profesional. El trabajo no es una tarea que han de soportar durante algunas penosas horas del día, las menos posibles, para escapar luego a su vida espiritual y cultural. No; el trabajo es para ellos su grandeza, su vida. En su trabajo cotidiano se santifican y tienen conciencia que mediante él están construyendo la ciudad terrestre, y colaborando con Dios el plan de redención sobrenatural.

24. El trabajo es un esfuerzo personal pues por él que el hombre da lo mejor que tiene: su propia actividad, que vale más que su dinero. Con razón los trabajadores se ofenden ante quienes consideran su tarea como algo sin valor.

25. El trabajo es un esfuerzo fraternal, es la mejor manera de probar el amor por los hermanos, responde a las exigencias de la justicia social y de la caridad. Una parte importante de la educación debería consistir en descubrir el sentido social de cada trabajo, pues el conocimiento de la finalidad del esfuerzo hará más interesante el trabajo mismo.

26. El trabajo es santificador en sus resultados, pues, por el trabajo el hombre colabora al, plan de Dios, humaniza la tierra, la penetra de pensamiento, de amor, la espiritualiza y diviniza. Por el trabajo el hombre contribuye al bien común temporal y espiritual de las familias, de la nación, de la humanidad entera. Por el trabajo descubre el hombre los vínculos que lo unen a todos los demás hombres, siente la alegría de darles algo y de recibir mucho en cambio.

27. Durante siglos se despreció el trabajo, sobre todo el trabajo manual, propio de los esclavos. Los filósofos llegaron a alabar el trabajo del espíritu, pero no así el corporal. El cristianismo dio al mundo la gran lección del valor del trabajo: Cristo, el Hijo de Dios, se hizo obrero manual, escogió para sus colaboradores a simples pescadores, Pablo se gloría de no abandonar el trabajo de sus manos para no ser gravoso a nadie, los monjes han hecho del trabajo intelectual y aun del manual una razón de ser de su existencia religiosa. Todo trabajo, tanto el intelectual como el manual aparece reivindicado en el cristianismo. El trabajo intelectual y el manual valen más o menos no por ser tales, sino por la intención más o menos pura con que cada uno cumple con su deber.

28. La doctrina católica es esencialmente anti-individualista: ella considera a los hombres, no como individuos aislados, sino como seres viviendo en sociedad y, por lo tanto, constituyendo un cuerpo, en el que un estrecho lazo de solidaridad une a todos sus miembros, de tal manera que no hay fenómeno humano que no tenga su repercusión en la sociedad.

29. De ahí que el salario no deba reputarse tan solo como una manifestación circunscrita al contrato de trabajo entre empleador y trabajador, sino que ha de ser considerado también en sus más amplias proyecciones sociales.

30. El sentido de responsabilidad y conciencia profesional elevarán al trabajador y lo harán digno de mayor respeto. La conciencia profesional excluye el trabajo hecho con negligencia, las ausencias injustificables, las falsas enfermedades y falsos accidentes, el trabajo lento, el honorario abusivo, el fraude de materiales, etc. Excluye también la “coima”, el favoritismo injusto, las sustracciones aunque sean pequeñas de los bienes de la empresa y el cerrar los ojos sobre las injusticias de los que uno tiene a su cargo.

31. El trabajo de la mujer: no puede erigirse en principio que una mujer no puede trabajar como obrera. El salario que se debe a una mujer por un trabajo debe ser igual al que se pagaría a un hombre por igual tarea: “a trabajo igual, salario igual”. Todos los principios establecidos al determinar el salario mínimo valen también para la mujer, y deberían ser los obreros los primeros en protestar por esta competencia inhumana que se les hace ocupando mujeres que son pagadas en forma miserable. No podemos, pues, en nuestros días repetir simplemente el slogan: la mujer en el hogar. Muchas necesitan trabajar, y muchas desean porque desean cubrir sus propias necesidades, ayudar a sus familias o bien por el ambiente de acción social apostólica, cívica que desearían realizar. Testimonios concordantes de obreras demuestran que han encontrado un trabajo que les satisface.

32. El trabajo de los menores: Al comienzo del maquinismo el trabajo de los niños fue una de las lacras más vergonzosas del régimen. Niños aun menores de doce años sometidos a trabajos pesados y a prolongadas faenas agotaban su salud y comprometían definitivamente su porvenir. Las legislaciones de muchos países han reglamentado el trabajo de los menores para prevenir estos inconvenientes. Sin embargo todavía, debido a la escasez de los salarios, los padres se ven obligados a servirse del trabajo de sus hijos, lo que debe ser combatido poniendo ante todo remedio a la causa del mal. Todo niño debe recibir su educación primaria completa, y luego debería seguirse una educación preprofesional, que completara los estudios generales y preparara técnicamente al niño para una profesión. Sin ella no alcanzará nunca un nivel de vida verdaderamente humano. El obrero no especializado está condenado a salarios que estarán por debajo del nivel vital.

33. La mejor manera de levantar a un pueblo reside en la educación apropiada de los menores. Con las personas de cierta edad es difícil actuar para hacerlas adquirir nuevos hábitos de pensar, de trabajo, de vida, pero todas las posibilidades están abiertas en la niñez.

34. Si la empresa no llega a pagar el salario vital familiar, tienen derecho los obreros a pedir que el empresario capitalista sacrifique previamente los intereses del capital y los beneficios de empresario. Si esta situación perdura llegará el momento de deliberar acerca del cierre de la empresa.

35. Elemento esencial de esta mística del trabajo es comprender que cada profesión no es solo un medio de ganar la vida sino también el ejercicio de una misión social.

 

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