08. In aeternum vivere

El hombre quiere vivir

Anhelo profundo de nuestro espíritu, el más profundo: vivir. Si uno ha conocido alguna belleza anhela seguir poseyéndola. Sólo los desgraciados, muy desgraciados, que temen lo peor se resignan a morir. El suicidio o es signo de locura, de consciente deformación moral que puede darse en algún pueblo como en el japonés, por motivos religiosos, o de una inmensa desesperación, acompañada de una profunda depresión nerviosa… Y los que se suicidan no es que odien la vida, sino la triste vida.

Por eso es que la naturaleza se resiste a morir. Cuesta morir, el hombre se defiende -«no pierde la esperanza»-. Y quienes creen que el hombre muere lloran la muerte. Llevan luto por la muerte. Porque el hombre no quiere morir, sino vivir.

Y sin embargo ante nuestros ojos todo es muerte, separación, dolor!

Una de las oraciones más inspiradas, más llenas de honda emoción humana es la Salve, que habla de esta vida como un «valle de lágrimas».

Dolores! Hay que ser muy joven o muy santo para no conocer el dolor!. Parirás con dolor. Comerás el pan con el sudor de tu frente. Cultivarás la tierra que te dará abrojos. Tendrás enfermedades y miserias. Morirás.

La historia de la humanidad. El Sultán que deseaba conocerla… ofrece premio… enferma y no quiere dejar entrar a nadie. Insiste uno, interesado en el premio: Majestad: los hombres nacen, sufren, mueren. Lo demás son accidentes!!.

El niño nace llorando… se muere el hombre con gesto de supremo dolor: la última mueca; está desencajado.

Enfermedades ¿quién se escapa de alguna?. En Chile 400.000 tuberculosos… Los reyes enferman, los Presidentes…

La muerte ¿quién se escapa? Y en plena juventud, o edad madura: siempre se es puer centum aunorum!!
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07. Rumbo de vida

Rumbo de la vida

Un regalo de mi Padre Dios ha sido un viaje de 30 días en barco de Nueva York a Valparaíso y mayor regalo porque en buque chileno. Por generosidad del bondadoso Capitán tenía una mesa en el puente de mando al lado del timonel donde me iba a trabajar tranquilo con luz, aire, vista hermosa… La única distracción eran las voces de orden con relación al rumbo del viaje, y allí aprendí que el timonel, como me decía el Capitán, lleva nuestras vidas en sus manos porque lleva el rumbo del buque. El rumbo en la navegación es lo más importante.

Un piloto lo constata permanentemente, lo sigue paso a paso por sobre la carta, lo controla tomando el ángulo de sol y horizonte, se inquieta en los días nublados porque no ha podido verificarlo, se escribe en una pizarra frente al timonel, se le dan órdenes que para cerciorarse que las ha entendido debe repetirlas cada una. A babor, a estribor, un poquito a babor, así como va… Son voces de orden que aprendí y no olvidaré. Algunas veces al día el piloto sube al púlpito de la cabina del timonel a verificar el rumbo por otro procedimiento: tiene también allí otro instrumento de verificación: la rosa en el compás magistral que verifica el rumbo de la nave en compás de gobierno. Cuando un timonel entrega el timón al que lo reemplaza tiene obligación de indicarle el rumbo, además de tenerlo escrito en la pizarra: 178, 178″ llevamos la altura de Antofagasta… La corredera: otro instrumento preciso para medir lo recorrido y poder así

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06. Un disparo a la eternidad

¿Y yo? Ante mí la eternidad. Yo un disparo en la eternidad. Después de mí, la eternidad. Mi existir un suspiro entre dos eternidades.

Bondad infinita de Dios conmigo. Él pensó en mí hace más de cientos de miles de años. Comenzó (si pudiera) a pensar en mí y ha continuado pensando, sin poderme apartar de su mente, como si yo no más existiera. Si un amigo me dijera: los once años que estuviste ausente, cada día pensé en ti ¡cómo agradeceríamos tal fidelidad! Y Dios ¡toda una eternidad!

Mi vida pues, un disparo a la eternidad! No pegarme aquí, sino a través de todo mirar a la vida venidera.

Que todas las criaturas sean transparentes y me dejen siempre ver a Dios y la eternidad. A la hora que se hagan opacas me vuelvo terreno y estoy perdido.

Después de mí la eternidad. Allá voy y muy pronto. En el teatro (señoras) Alberto, Astrid, Arturito Tocornal, en un barco, un bombardeo, la guerra, en plena salud… Cuando uno piensa que tan pronto terminará lo presente saca uno la conclusión: ser ciudadanos del cielo, no del suelo.
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